David Mitchell, autor de «Relojes de hueso»
David Mitchell, autor de «Relojes de hueso»
LIBROS

El fantástico David Mitchell

Entre los años 1984 y 2043 se mueve el escritor David Mitchell en su sexto título, «Relojes de hueso». Novela histórica e histérica con un protagonista que se parece a Martin Amis

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Se sabe que David Mitchell (Southport, Reino Unido, 1969) es un muy buen escritor. Lo fue ya desde su muy celebrado debut con «Escritos fantasmas» (1999), hasta alcanzar renombre planetario y convertirse en una de las referencias de su generación con «El atlas de las nubes» (2004). Ambas, apuntándose dentro de lo que el escritor canadiense Douglas Coupland dio en llamar «translit»: ficciones de trama compartimentada y saltando de época, protagonistas y hasta dimensiones. Novelas históricas e histéricas a cuyo trazado se apuntaron a principios de este milenio gente como Colum McCann, Michael Cunningham, Hari Kunzru, Haruki Murakami y hasta Bolaño.

La diferencia más notoria de Mitchell era su coqueteo nunca completamente consumado con lo fantástico. Un quiero/no quiero de chica acodada en la barra de la discoteca haciendo guiños pero advirtiendo que se mira o se lee todo lo que quieras pero no se toca.

Retrato exagerado

Y, sí, además de ser un muy buen escritor, es un escritor muy inteligente y, por fin, en la página 420 de «Relojes de hueso», pone en evidencia su conflicto en cuanto a asumir o no esa perturbadora etiqueta de «escritor de género».

Allí, Crispin Hershey, un atribulado escritor en horas bajas y carrera descendente y autor de algo que se parece mucho a la novela «number9dream» (2001), del propio Mitchell. Y Hershey (Mitchell insistió en explicar en entrevistas que Hershey es el retrato exagerado de su lado oscuro, pero lo cierto es que se parece un poquito demasiado a Martin Amis) conversa con su agente, Hal «La Hiena» Grundy (obvio trasunto de Andrew «El Chacal» Wylie), y avanza que su próxima novela será algo así como «"Solaris" mezclada con Noam Chomsky, "Los hombres que no amaban a las mujeres" y un toquecito de "Twin Peaks"». El agente, inquieto, pregunta: «¿Intentas decirme que estás escribiendo una novela de fantasía?». A lo que el escritor, casi disculpándose, responde: «¿Yo? ¡En la vida! Bueno, tiene un tercio de fantasía. La mitad como mucho». El agente suspira y, oracular, sentencia: «Un libro no puede tener la mitad de fantasía, igual que una mujer no puede estar la mitad de embarazada».

El autor británico se asume plenamente como escritor fantástico en esta novela

Siguiendo estas instrucciones, «Relojes de hueso» parece guardar reposo durante sus dos terceras partes, dudando de si acabará abortando o dando a luz una criatura perfecta. Hasta entonces -como «Escritos fantasmas« y «El atlas de las nubes», ensamblada/fracturada en varias «nouvelles» interconectadas con punto de vista y geografías cambiantes, marcando las horas entre un pastoral y fértil 1984 y un «distópico» 2043 arrasado por el cambio climático-, esta sexta novela de Mitchell se conforma y se siente cómoda presentándose como artefacto realista aunque provoca ocasionales náuseas y mareos sobrenaturales. Siguiendo y persiguiendo la enrarecida existencia de Holly Sykes, a quien conocemos primero como adolescente fugitiva y luego culposa autora de «best seller new age» dotada de un «ojo invisible», atormentada por la misteriosa desaparición de un hermanito «especial» y siempre vigilada por dos grupos antagónicos de inmortales que se reencarnan. Seres que libran desde hace siglos una «guerra psicoesotérica» tachando las líneas de algo conocido como El Guión: los Anacoretas y los Horologistas.

Címax anticlimático

Poco y nada sabemos y se nos explica acerca de ellos; y yo soy de ese tipo de personas que prefiere que no se ilumine el misterio de las sombras antes que la explicación inexplicable modelo J. J. Abrams en «Lost» o Christopher Nolan en «Origen». Pero tras pasearnos como guía magistral por la campiña de Kent y un «sky-resort» en Suiza y una boda junto al mar y los campos de batalla de Irak y el Hay Festival de Cartagena, Mitchell decide -para bien o para mal- que las últimas dos secciones de la cuestión esclarecerán todo lo hasta entonces difuso. Y, sí, no solo se asume plenamente como escritor fantástico, sino que, además -por alusiones y revisiones y guiños cómplices a sus seguidores-, sobrenaturaliza retrospectivamente dos de sus libros anteriores, que hasta ahora podían ser considerados realistas a secas: «El bosque del cisne negro» (2006) y «Mil otoños» (2010).

Y lo cierto es que las explicaciones de lo inexplicable -que a muchos lectores fantasiosos seguramente resultarán fascinantes- no consiguen el efecto deseado. En resumen: pocas veces se ha escrito -tras los muchos y muy generosos dones recibidos- un clímax tan anticlimático como el de «Relojes de hueso».

280 tuits

Nadie nos quitará lo bailado hasta entonces, sí; pero es como si esa chica de discoteca antes mencionada optase, en lugar de desaparecer misteriosamente como refulgente Cenicienta, por ponerse a parir en la pista de baile lanzando fantásticos y embarazosos alaridos. Resumiendo: «Relojes de hueso» no ganó el Booker Prize al que aspiraba pero sí se llevó el World Fantasy Award.

Y, una vez comprobado el género de la criatura, Mitchell no se ha quedado conforme y quiere más y sigue dando cuerda. La reciente «Slade House» (de 2015, más breve y ensamblada y ampliada a partir de 280 sucesivos tuits del autor a lo largo de una semana) retorna al universo y mecánica de «Relojes de hueso» y ensaya una no del todo lograda variación terrorífica sobre el concepto de «casa embrujada». Y Mitchell acaba de entregar/enterrar -para el proyecto Future Library, en un bosque en las afueras de Oslo-, la novela «From Me Flows What You Call Time,» que, si todo va más o menos bien, se podrá leer en 2114.

Qué fantástico.