Jonathan Notario junto a algunas de sus obras almacenadas en casa - Guillermo Navarro
De Puertas Adentro

La fábrica de simulacros de Jonathan Notario

Basten dos habitaciones para convertir un piso en Madrid, el de Jonathan Notario, en un auténtico parque de atracciones. O, al menos, dar pie al germen de una pequeña factoría de ilusiones generadas buscándole las cosquillas al arte

MadridActualizado:

«Para mí, el arte es mi forma de materializar cosas, de desarrollar proyectos que no podría llevar a cabo en el mundo real. Te pondré un ejemplo: si tú en el mundo real montas una empresa, corres el riesgo de fracasar con ella. El arte es lo que me permite lograrlo minimizando los riesgos. Es un gran juego de simulación. Toda mi obra es como un gran simulacro». El que así habla es Jonathan Notario (León, 1981), cuyo trabajo todo la abarca: la pintura, el dibujo, el vídeo, la fotografía... «Esto es así, no porque quiera arramplar con todo, sino porque mis referentes se encuentran en la cultura popular, y la cultura popular tiene mucho de todo eso. Yo lo asumo y lo remasterizo. No me queda otra».

Su vivienda, entre Abrantes y Oporto, en Madrid, es un pequeño gabinete de curiosidades, muy doméstico. El entorno es el de una casa normal y corriente de barrio, con sus techos no muy altos y su gotelé en las paredes como el dios de los años setenta u ochenta mandaba; con sus más alcobas que habitaciones y su terraza mirando al tendido de lo cotidiano. Sin embargo, este artista, una mezcla de mago y alquimista, la ha ido invadiendo, desparramando por sus estancias sus materiales, sus obras desmontables, sus libros y los objetos kitsch más inimaginables, dando lugar a todo un escenario por el que él pulula como un gato, sin rozar nada, sin hacer caer nada... No como nosotros...

Un set de rodaje en el salón

Y no es fácil. Les pongo en sitación: Hoy el salón –en realidad desde hace unas semanas– es un set de rodaje. Jonathan Notario prepara una película, una pieza de videoarte que en breve se presentará en el Centro Niemeyer de Avilés como resultado de la Beca AlNorte que le concedieron recientemente. De esta manera, la habitación está literalmente tomada por un escenario construido con cartones, papeles y cordeles (como el atrezo de las producciones de cine y televisión, pero en su versión de andar por casa), iluminado con dos grandes focos que en reaidad son dos cajas tuneadas por el artista después de aprender cómo hacerlo a partir de los tutoriales de Youtube. Y pegado en una pared, el falso «storyboard» que le sirve a su autor para saber en qué punto de su historia, con mucho de pulp y más de serie B, se encuentra, mientras en la mesa central, la que dialoga con la del ordenador, aún se conservan recortes de revistas y cabezas de papel maché de los personajes que Notario está metiendo en su guión y que luego registra con la cámara de fotos, secuencia a secuencia.

Detalle de la habitación dedicada a la pintura en el estudio de Notario
Detalle de la habitación dedicada a la pintura en el estudio de Notario - G. Navarro

«Llevo muchos años luchando contra el desorden –confiesa– y lo veis ahora es la mejor versión de mí mismo, así que os podéis imaginar cómo ha llegado a estar todo esto. Llegó un momento en el que me di cuenta de lo importante que era ser ordenado, porque incluso la obra mejoraba. Además, yo soy una persona muy impaciente: siempre he querido hacerlo todo muy rápido; si me ponía a pintar, que el cuadro estuviera acabado en el día. Pero en mi desorden existe cierto orden. Cuando todo me sobrepasa, limpio de nuevo y parto de cero».

«El arte es lo que me permite materializar realidades minimizando los riesgos. Es un gran juego de simulación. Toda mi obra es como un gran simulacro»

En la habitación contigua, la que utiliza para pintar, es lo más parecido al almacén de un plató. Algunas de sus obras antiguas, como un ejemplar de sus «Reality Toys» (o muñecos a tamaño natural, conservados en su embalaje de plástico), junto con otros trabajos anteriores, desensamblados, por partes, permanecen apilados, cuando no sobre alguno de los muebles, luciendo como el que tiene en ellos un retrato o un flexo. Todo es mágico en esa casa. Todo es juego y fantasía: «Me interesa el cine –explica Notario– y yo hago cine sobre cine, igual que hago pintura sobre pintura. Por eso esa caja de muñecos no lo es realmente, sino que es un cuadro. Todo es ilusión. Me gusta topar con un espectador que sabe que todo lo que le propongo es mentira, pero que comparte conmigo el secreto».

El artista recortando una de las fotosque usará en su set
El artista recortando una de las fotosque usará en su set - Guillermo Navarro

A Jonathan Notario le ha movido siempre reírse de forma más que sana del mundo del arte. Y por eso, en algunos de sus proyectos, los que ahora descansan ante nuestros ojos, nos ha invitado a generar cuadros abstractos («Vomit-Art») después de que imágenes figurativas fueran deglutidas por un personaje muy de la revista «MAD» de William M. Gaines. En otros, generó «Realidades aumentadas» con lo localizado en los almacenes de un museo... Da gusto escucharle hablar del que sería su estudio ideal: «Una nave inmensa, para hacerla pequeña llenándola de cosas; un auténtico parque de atracciones, con obras en las que poder entrar y salir. Porque allí tendría una exposición permanente de mi producción, además de ser mi lugar de trabajo. Sería un lugar con miles y miles de metros cuadrados».

Creatividad incontenida

De momento, tiene que conformarse con unos pocos. Pero quizás pocas veces, una superficie tan pequeña dio pie a tanta creatividad incontenida. En la estantería, donde sus libros hablan por él mismo (una monografía sobre los Modlin; el ensayo «La estetización del mundo», de Lipovestsky y Serroy; otro de Truffaut sobre el cine de Hitchcock; un catálogo de ikea...), permanece oculta como un tesoro una revista antigua que confiesa haber adquirido por una pasta en internet, pero que le dio pie a la estética de este corto sobre fe y energía que ahora lo tiene embelesado: «Cuando me pongo con una obra, lo hago a saco. Pero me cuesta entrar. Soy incapaz de desarrollar algo en lo que no me haya metido de lleno. Por ello, hasta en eso necesito que exista cierto caos. Solo entonces empieza a emerger lo bueno. Con esta grabación llevo tres semanas pero solo hace un par de días comenzaron a surgir los hallazgos».

«Llegó un momento en el que me di cuenta de lo importante que era ser ordenado, porque incluso la obra mejoraba. Además, soy una persona impaciente: siempre he querido hacerlo todo muy rápido»

Notario ha compartido antes estudio y le ha ido bien. «Repetiría en ese sentido, pero no tanto por no estar solo, que me da igual, sino por las relaciones que se hacen cuando se trabaja así». Y nos recuerda las fiestas, los open estudios, los proyectos compartidos a los que da pie todo eso. «Me da envidia ser siempre el asistente, el invitado», afirma. Y buenos saraos se montan ahora en el barrio en el que reside desde 2013. No hace falta recordar que Carabanchel se ha convertido en la zona de moda para los artistas, por mucho que «Time Out» diga que lo cool es vivir en Lavapiés. «En 2012 yo tenía el estudio en Atocha, en la calle Fúcar, muy cerca de la galería donde entonces colaboraba. No sabía si hacía bien viniéndome aquí porque creía que me estaba suicidando socialmente. Y ya ves en lo que se ha convertido esto».

Detalle de algunas de las piezas de Notario
Detalle de algunas de las piezas de Notario - Guillermo Navarro

Pero como el artista nos recuerda, los demás producen aquí, pero luego se van a dormir a sus casas en el centro. El leonés vive donde trabaja, algo que para él es fundamental: «Yo tengo unos horarios muy extraños. No soy de levantarme a las 8 de la mañana y dejarlo todo a las seis de la tarde. Cuando he intentado llevar esa rutina no me ha salido. Puedo estar cuatro horas por la mañana metido en Facebook o sin hacer nada, y que la vena creativo-romántica aparezca después de comer. Toda mi obra pictórica anterior se gestó en horario de 20:00 a 07:00 horas», bromea. Y añade: «Me gusta la idea de estar en pijama, que surja una idea y ponerla en práctica sin tener que esperar a llegar a un estudio. Los he tenido fuera, como cuando participé del primer Utopicus, y no me han funcionado».

Porque este artista no es en absoluto sistemático: Comprar materiales lo entiende como parte de «la jornada laboral»; perder la mañana arreglando una cámara porque se ha roto también se incluye –ycon razón– en lo que considera trabajo. Puede tirarse 14 horas seguidas pintando un cuadro y aún así madrugar al día siguiente; retomarlo en esa jornada posterior y darse otro tute similar. Pero lo lógico es que luego se pase tres o cuatro días sin hacer nada más. Alterna el arte con la ilustración. Puede concentrarse con música o sin ella, porque cuando está realmente metido en faena, todo lo demás se disipa...

«No soy acaparador»

Y pese a que pueda parecer lo contrario, tampoco es un acumulador por naturaleza: «Tengo obras mías porque son de mi propiedad, pero ni siquiera se me ha ocurrido iniciar una colección de obras de otros a través de intercambios. Tengo objetos porque no me queda otra, pero no soy acaparador. A una isla desierta no me llevaría nada. Me llevaría a mí mismo y me bastaría con lo que encontrara alrededor». Y, por las mismas, nos entristece descubrir que todo aquello que ha construido y que ahora atrapa nuestra atención, esos falsos decorados, esas tramoyas de hilos y cajas, esos personajes de papel movidos con plásticos transparentes para que el efecto se note lo menos posible ante cámara, acabarán desapareciendo: «Parte de mi trabajo es muy efímero. No lo busco tampoco, pero tiene que ser así. Son solo el medio para alcanzar el fin. Por eso me gusta dejar una huella de él, grabarlo o fotografiarlo...».

«Me gusta topar con un espectador que sabe que todo lo que le propongo es mentira, pero que comparte y guarda conmigo el secreto»

Pocas veces notamos cómo un sitio influye tan poco en la obra de un creador, pero cuánto ese creador le ha insuflado de una vida distinta a un lugar. Él –que en la actualidad colabora con la galería Eldevenir de Málaga, con la que irá a JustMad en 2019– recuerda que cuando llegó a Madrid tuvo que «reaprender» a pintar, dejando el óleo por el acrílico para que aquello secara pronto, pero depurando la técnica para que lo suyo siguiera pareciendo lo anterior. Un nuevo trampantojo. El taller de Jonathan Notario, su casa, es la pequeña caja de resonancia de la cabeza de su propietario. Ojalá ese estudio ideal llegue pronto. Entonces el sector aprenderá lo que es divertirse mientras se trabaja. Aunque lo que nos cuenten sea todo de mentirijilla.

Notario en el plató improvisado en su salón
Notario en el plató improvisado en su salón - G. Navarro