Merino posa junto a una de sus instalaciones en el DA2 salmantino
Merino posa junto a una de sus instalaciones en el DA2 salmantino - DAVID ARRANZ
ESCULTURA

Eugenio Merino: «El sistema lo engulle todo. Hagámosle más difícil la digestión»

El DA2 de Salamanca se convierte en un oasis desde el que el artista madrileño denuncia los grandes paraísos fiscales

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Están Andorra, las Islas Caimán, Panamá o Suiza como reconocidos paraísos fiscales... Y ahora también el DA2 de Salamanca. Con su proyecto homónimo -Paraíso- Eugenio Merino (1975) transforma el centro castellano en caja de resonancia desde la que denunciar evasiones de impuestos, blanqueos de dinero, tráficos de influencias que copan nuestros medios de comunicación. El madrileño lo visibiliza a través del arte.

Defíname qué «Paraíso» es el que propone en Salamanca.

Esta muestra es casi una segunda parte de la que en 2016 pudo verse en el Espai Rambleta de Valencia. Añade alguna pieza más y mezcla lo que presenté en la última exposición que celebré en ADN, mi galería en Barcelona. El «Paraíso» del título es una referencia directa a los «fiscales», pero tiene también esa connotación casi religiosa de que los ricos viven en el paraíso mientras los pobres lo hacen en el infierno.

Para el comisario, la muestra es un punto de inflexión en sus más de 20 años de carrera. ¿Así lo ve usted?

No sé si punto de inflexión. Quizás la realización de las obras es más seria y sobria que otras veces, pero lo importante es que para mí se abren temas que parece no tener un fin claro, que evolucionan, que arrojan nuevos datos, y que pueden dar pie a una nueva línea de trabajo.

Le acompaña la etiqueta de provocador. El problema es que la palabra lleva aparejada una lectura negativa y superficial. ¿Es usted un provocador?

El tema de la provocación da para un libro y es algo que me ha perseguido. Pero para contrarrestarlo, he realizado otro tipo de piezas más sobrias. Sin embargo, cuando tocas un tema que importa es inevitable que salte porque rompes cierto statu quo. No hacerlo significa formar parte de un sistema, perpetuarlo. No creo que, a priori, esté mal provocar. Lo que sí que es cierto es que hay ciertas provocaciones que están vacías. La provocación fácil acaba siendo parte del sistema y un objeto más de consumo.

Pero, ¿uno, cuando parte de cero, asume la provocación como un material más?

No sé si las piezas del DA2 son provocadoras. Deberían. Deberían despertarte de tu letargo al increparte sobre cómo hay un grupo de personas que está robando a otros, a todos. Para mí eso es muy provocador. Si te soy sincero, no es lo que busco con cada pieza, pero en función de los contextos, de los momentos, de las ideas, surge sola.

«La provocación fácil acaba siendo parte del sistema y un objeto más de consumo»

Lo cierto es que al hacer lecturas tan inmediatas de la actualidad, cierto espectador podría pensar que el suyo es un arte de consumo rápido.

Todo artista representa siempre el momento en que vive. A uno le afecta lo que ocurre en su entorno, lo que ve en los medios... Mis piezas intentan transformar el mundo en la medida que pueden, que es francamente poco, pero al menos lo ponen en evidencia. Pero eso solo se consigue cuando hablas de algo que te llega de verdad. Tu trabajo será más honesto cuanto más se cumpla esta premisa.

El humor, la ironía, son recursos de muchos artistas. ¿Han jugado en su contra? ¿Se han traducido a mero chiste?

En realidad, un chiste tampoco es algo malo. En un libro de Zizek le sirven para terminar remitiendo a la filosofía. También la sátira política ha estado siempre perseguida cuando ha sido una fórmula efectiva para atacar al poder. Creo que el artista se tiene siempre que arriesgar. Lo que sí que te afecta es el acabar en un juicio. Pero me tendría que preguntar si me apetece estar en un lugar cómodo. Sé pintar, sé dibujar... Podría ganarme la vida con eso.

«Lo peor no es que te amenacen o critiquen. Lo peor es que te censuren». Es de los pocos que, cada vez que tuvo la sensación de haber vivido la censura, la ha denunciado. ¿Qué le ha supuesto eso?

El problema de la censura es que nunca puedes acabar de demostrar que la sufres. Forma parte del sistema. Muchos artistas han sido censurados. Y si eres un creador muy político tienes menos recorrido en ciertas instituciones. Eso es así.

No me censure la pregunta: ¿En qué ha notado usted la censura?

Prefiero darte una lectura positiva y decir que me ha permitido trabajar con gente que realmente lucha por la libertad de expresión. He participado en exposiciones en las que directamente se aludía a eso. La censura me ha llevado a ser más radical en mis posturas.

«Mis piezas intentan transformar el mundo en la medida que pueden, que es poco, pero al menos lo ponen en evidencia»

¿Y por qué no es ésta la tónica en un sector, el del arte, que se rasga las vestiduras cada vez que sucede algo en otros ámbitos, a unos titiriteros, a un rapero, pero no visibiliza las malas prácticas en el suyo?

Es muy buena pregunta. Y me recuerda a cuando todos éramos Charlie Hebdo. La sociedad está cambiando y criminalizando determinadas conductas, lo que nos está haciendo pasar de la realidad a la ficción: No pienses, no opines. Vive la ficción. Estamos poniendo el foco en lo que no es.

En su opinión, en España, el sector está en mano de los políticos. ¿No hay «paraísos» para eso?

Por suerte, hay comisarios que están haciendo un buen trabajo, intentando que determinados contenidos lleguen a las instituciones y así, por ejemplo, se está sintiendo el empuje del feminismo. Que la política está en las instituciones es obvio. Lo que vemos no es lo que hay si no lo que tiene que ser. Y hacernos creer así que somos libres.

Pero hay arte político en museos, en galerías...

No podemos obviar -me puede pasar a mí- que hay determinado arte político que encaja en el sistema, que se compra, se vende, y del que se vive como si se hiciera otra cosa. Pero es que la transformación social desde el arte es complicada. No pasará que se haga una pieza que levante a la gente hacia una revolución. Pero la actitud con respecto a lo que uno quiere co- municar tiene que ser cuanto menos combativa. Al final, todo se lo come el mercado. Hagámosle más difícil la digestión.