Un detalle de la edición de la feria en 2016
Un detalle de la edición de la feria en 2016
ARTE

Estampa: veinticinco años en perspectiva

Cuando este jueves Estampa abra sus puertas en Matadero, estará celebrando dos décadas y media de vida. Repasamos la trayectoria de la segunda feria más longeva en España

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Cuando nació hace 25 años, Estampa era una cosa bien distinta: entonces se pensó con una idea bien definida de feria dedicada a la obra gráfica, un sector que se iba quedando relegado a medida que ARCO, su por entonces única y gran hermana, diez años mayor, se consolidaba. De modo que en Estampa se recogió un producto y un coleccionismo de discreto volumen -con los tiempos fue ocupando mucha menos importancia-, pero muy estable, que, como nos recuerda su actual director, Chema de Francisco, en ocasiones se concretaba en compradores tan especializados que, por ejemplo, adquirían exclusivamente grabados de José Hernández.

Pero el signo de los tiempos forzó la evolución desde dentro y desde fuera, y, en la actualidad, la feria conserva el nombre que la ligaba al mundo de la estampación, pero dedicada ya, como el resto de la proliferante competencia de pequeñas ferias nacionales que desde la crisis no han dejado de aparecer y desaparecer, a la obra original, más allá de la preocupación por las disciplinas.

Así, Estampa optó por la vía generalista. La ventaja de ello es que sintonizó con los modos propios de la creación actual, donde la compartimentación disciplinar se han desdibujado por completo, así como con las preferencias del coleccionismo, que, en consonancia, hoy ni se guía ya, ni atiende a tales fronteras. La clara desventaja, sin embargo, está en el inevitable parecido resultante de buena parte de los experimentos feriales de los que hablamos. La queja generalizada del medio es que todas las ferias acaban pareciéndose demasiado.

El salto cualitativo

De Francisco, que entró en contacto con Estampa a través de un programa de comisariado en 2010, ocupó al año siguiente la dirección de la feria. Es el responsable de los cambios decisivos que transformaron aquel modelo primigenio en el actual. En su opinión, frente a todas las mudanzas, algo se mantiene inalterado en su espíritu: la ambición por expandir el consumo de arte contemporáneo en nuestra sociedad. Donde antes se entendía la obra gráfica como el producto ideal para conseguir que un pequeño comprador se transformara en coleccionista, ahora es una oferta de arte español, o internacional pero representado por galerías nacionales el punto de partida para conseguirlo.

Y esto es fundamentalmente lo que ofrece un salón como Estampa. Obras que, a partir de 500 o 600 euros, pueden ser compradas por cualquier aficionado que disponga de esas pequeñas -para el mundo del mercadeo artístico- cantidades. Mientras que el grueso de la feria se concentra en operaciones que rondan entre los 3.000 y los 30.000 euros, poniéndose en consonancia con el panorama más realista que ofrece nuestro coleccionismo nacional hoy.

Como retos de futuro, a esta decana de entre las pequeñas ferias le queda sobrevivir a la competencia. Posiblemente es algo a lo que no le ayudará siempre la oportunidad de sus fechas, que tras la Apertura madrileña la lleva a ser recibida por el mundillo artístico con el entusiasmo posvacacionales. Estampa, como el resto, deberá avanzar hacia una mayor definición de su identidad, hacia una mayor personalidad.