El escritor norteamericano James Ellroy
El escritor norteamericano James Ellroy
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«Esta tormenta», un huracán llamado James Ellroy

El autor norteamericano ha vuelto a firmar una obra maestra del género negro que lo trasciende para convertirse en un clásico

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Vaya por delante y mientras abren los paraguas la advertencia de que James «Demon Dog» Ellroy (nacido en Los Ángeles en 1948, hijo de una asesinada que se ha convertido en su fantasmal musa) es un gusto adquirido y una pasión para fanáticos. Al igual que sucede con Jackson Pollock o William S. Burroughs o Bob Dylan o David Lynch, a Ellroy se lo entiende (y se lo adora) sin hacer preguntas. O te quedas fuera. Ellroy -como los otros aquí recién invocados- es, sí, un estilista. O mejor y más preciso aún: Ellroy escribe en su propio idioma que, por momentos, recuerda al jazz más desenfrenado: «bebang» en lugar de «bebop». Y -muy lejos de Hammet y de Chandler y de Macdonald- Ellroy trasciende al género y empieza y termina en sí mismo, aunque su influencia sea más que evidente en esas versiones más domesticadas de lo suyo, como lo son las de David Peace y Don Winslow.

Y Ellroy vuelve a hacer de las suyas -vuelve a morder y a ladrar- en «Esta tormenta»: título soplando desde un verso de Auden y segunda entrega que sucede a «Perfidia» en su segundo cuarteto (aunque precuela cronológica de su muy celebrado «L.A. Quartet», recién incluido en la muy prestigiosa y prestigiante Everyman’s Library junto a la posterior y también muy rabiosa «Underworld USA Trilogy» (a la que Ellroy tiene en sus planes complementar con una segunda trilogía).

Macho alfa

Así que aquí volvemos a estar dos semanas después de donde nos habíamos quedado: es el conspiranoide y demencial año de 1941 en el que estalla Pearl Harbour (año al que Spielberg tradujo a comedia loca y destructiva y en su momento poco exitosa pero hoy disfrutando de justo culto) y por ahí andan sueltos y sin bozal varios de los ya conocidos por el lector. Tantos cachorros feroces y rabiosas cachorras -y, sí, en Ellroy hay mucho macho alfa pero también abunda la hembra omega- y el más que gratificante efecto experimentado por el seguidor es similar al provocado por «The Avengers: Endgame»). En especial en lo que hace las bestiales intervenciones de un joven Dudley Smith -definido muy bien por alguien como «el equivalente al Juez Holden en "Meridiano de sangre" de Cormac McCarthy»- trabajando para la inteligencia del ejército (y aprovechando su posición para hacer negocios turbios en la frontera con México). Smith obsesionado con Bette Davis y asistiendo, junto a Orson Welles, a una orgía nazi y, aunque ustedes no lo crean, «padre» de Elizabeth «La Dalia Negra» Short.

Y aquí están de nuevo las muy inteligentes curvas de Kay Lake. Y el heroico y muy sabio y japonés forense gay Hideo Ashida. Y esa Joan Conville que no es otra que el fantasma resucitado y reescrito de Mamá Ellroy. Y sumar a todos ellos y ellas decenas de nombres propios y verídicos con los que Ellroy hace -y les hace hacer- lo que se le antoja.

A la caza de la Gran Novela Americana

Y digámoslo porque Ellroy mismo es el primero en admitirlo y aullarlo: de lo que aquí se trata es de -ni más ni menos y con similar dedicación en cuanto a cómo reprocesar lo histórico en lo en su momento practicado por gente como Bellow, Mailer, Updike, DeLillo, Pynchon y Roth- volver a salir a la caza de la histórica Gran Novela Americana. Está claro que Ellroy muerde con diferentes modales. Pero la intención y el resultado son similares en su alcance. Y, probablemente, Ellroy supere a sus supuestos mayores por mucho en lo que hace a alcance y monumentalidad siendo -formalmente- mucho más audaz: llevar y elevar el «pulp noir» a la categoría de magnífico fresco decimonónico -«La Novela con L y N mayúsculas», según sus palabras- y posicionarse él mismo junto a Tolstoi y Balzac y Hugo y Dickens con arrebatos sinfónicos de su favorito Beethoven como música de fondo.

«Seré recordado como uno de los grandes escritores de mi país», mostró los dientes y colmillos en más de una ocasión Ellroy. Sería justo que así fuera, pero vivimos en mundo injusto. Mientras tanto -truenos y rayos, una lluvia pesada va a caer- disfrutemos del hecho de que, seguro, lo de James Ellroy ya es algo inolvidable.