Martha C. Nussbaum ganó el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2012
Martha C. Nussbaum ganó el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2012
LIBROS

La envidia, un peligro para la democracia

La pensadora norteamericana Martha C. Nussbaum analiza en este lúcido ensayo el miedo y otros sentimientos y cómo actúan en la sociedad y la política actuales

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Martha Nussbaum ocupa la cátedra Freud en la Universidad de Chicago. Sus ensayos son claros, didácticos y útiles. El miedo es el eje fundamental de este libro. Y alrededor de él giran otros sentimientos, también irracionales, como la ira, la culpa, la envidia, el sexismo o la misoginia. El miedo bloquea la deliberación racional, envenena la esperanza, impide la cooperación constructiva y lleva a actuar de una forma egoísta, imprudente y antisocial.

El miedo va por delante del pensamiento y la razón. El miedo actual viene producido por la sensación de sentirse sin control sobre nuestras propias vidas. Las gentes temen por su futuro, temen porque sus hijos no alcancen su prosperidad, temen por el estancamiento de los sueldos, la salud, la longevidad, la educación cada vez peor y más costosa (también en Estados Unidos), así como por la globalización. De todos estos temores surge la culpabilización del mal a la inmigración, las razas, las mujeres y otros chivos expiatorios. Y todos estos asuntos inquietan tanto a personas de derechas como de izquierdas. Y así, cada vez más, la democracia está al borde del colapso. Martha C. Nussbaum acusa, por ejemplo, a Trump, de azuzar el racismo, la misoginia, la homofobia, la censura… a través del desencadenamiento de estos miedos.

Emoción primaria

El miedo es una emoción primaria compartida con el mundo animal. Aristóteles hablaba del dolor producido por la aparente presencia inminente de algo malo o negativo, acompañado de una sensación de impotencia para repelerlo. El miedo, escribe Nussbaum, es una amenaza para la democracia pues es algo muy primario. La democracia se construye con el amor al bien, a la esperanza de un futuro mejor, como un muro contra el odio, el asco, la rabia, la envidia. El descontrol de las emociones puede desestabilizar una comunidad, fragmentarla, imponer los sentimientos y las emociones por encima de la ley. Las emociones no vienen predeterminadas de forma innata, sino que se van moldeando de innumerables maneras. De ahí aquello que dijo Barack Obama: «Nadie nace odiando. Y si aprende a odiar, también a amar». Enseñanza de la virtud, de la ciudadanía, de las leyes, de la paz y la convivencia. La enseñanza como única manera natural de mejorar las condiciones de las personas.

La educación y la cultura permiten combatir la tendencia del ser humano a hacer daño

El miedo es algo primario que se bifurca en ira, culpa, asco y envidia. A estas emociones la autora dedica los dos primeros capítulos. El tercero habla del sexismo y la misoginia, mientras el cuarto y último se refiere a los sentimientos constructivos: la esperanza, el amor, el trabajo, la educación. Para Aristóteles, los políticos no eran muy fiables pues convocaban al miedo. En la «Orestíada» de Esquilo, la ira destruye la casa de Atreo. La ira es un veneno para la democracia. Contra ella la ley, así se pone fin a la espiral de venganzas.

En la obra se hace un elogio del derecho. Aristóteles hablaba de ira dolorosa pero placentera por la expectativa de venganza y castigo que entrañaba. Grave error pensar que el dolor se cura con el dolor. Lucrecio afirmaba que el miedo era el origen de las guerras: como nos sentimos inseguros, todo lo que nos amenaza nos enfurece y tratamos de erradicarlo.

Deseos destructivos

La envidia es un peligro para la democracia. Nace de la inseguridad, del miedo de no tener lo que uno desesperadamente necesita tener. Es una inseguridad, un desvalimiento. Envidia a los otros por sus éxitos o logros como competidores. En el absolutismo no existía porque el poder emanaba de Dios, pero en las democracias sí existe al fomentar la igualdad, la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

La envidia grita que solo algunos disfrutan de los beneficios de la existencia. Los envidiosos odian a esos algunos y quieren destruir su felicidad. Y también la envidia es de derechas e izquierdas. La envidia no solamente es un ejercicio de crítica (siempre valioso) sino y sobre todo también de animadversión y deseos destructivos.

Del temor hacia el futuro surge culpabilizar a los inmigrantes y otros chivos expiatorios

Es un problema incluso cuando la causa que la impulsa es justa. No se puede desear el mal a nadie. La envidia está muy próxima a los celos: perder el amor y la atención del otro y así encadenarlo. La envidia nunca se calma porque los bienes en los que se centra (clase social, riqueza, fama) están distribuidos desigualmente en todas las sociedades, y ninguna persona puede realmente fiarse de que vaya a tener más que las demás. La envidia es un estatus ultrajado. Kant escribió que la naturaleza humana contenía un mal radical: una tendencia a hacer daño. Y la educación y la cultura son una forma de revertirlo en bien.

El sexismo es un conjunto de creencias en las cuales se considera a las mujeres inferiores a los hombres. La misoginia es, directamente, el odio a las mujeres. Y tampoco esto es de derechas o de izquierdas. Martha C. Nussbaum recoge todos los adjetivos que el actual presidente de su nación les ha dedicado a sus compatriotas femeninas: patéticas, repugnantes, golfas, prostitutas, débiles, feas, asquerosas (referidas a los líquidos que ellas reciben o los que emanan), y un sinfín más.

El último capítulo nos devuelve cierto optimismo. Habla de la esperanza. La esperanza de que todo cambie y el bien se imponga sobre el mal de una manera pacífica. La educación un elemento fundamental para conseguirlo.