«Toreros», fotografía de Juana Biarnés
«Toreros», fotografía de Juana Biarnés
ARTE

Ellas y la fotografía

Quédense con estos nombres: Juana Biarnés, Cristina de Middel y Linarejos Moreno. Son el pasado y el presente de la foto en nuestro país. Lógico que cuenten con protagonismo en PHotoEspaña

MadridActualizado:

Tres de las apuestas más sólidas con firma femenina en PHotoEspaña este año se concentran en espacios institucionales, dentro de la Sección Oficial. Tres trayectorias y maneras muy distintas tanto en el tratamiento de la imagen como en el modo de entender la disciplina fotográfica. De ellas, quizá la más sorprendente para el público sea la de Juana Biarnés (Tarrasa, 1935), prácticamente desconocida incluso dentro del medio, a pesar de adjudicársele en la actualidad el puesto de primera fotoperiodista de nuestro país. Chema Conesa, comisario de la exposición, ha trabado en torno a este redescubrimiento de manera magistral un acercamiento ameno y didáctico, sin renunciar al rigor, en el que merece la pena destacar el refinado diseño del montaje; la selección de la obra, amplia pero no agotadora, y muy representativa; o el ritmo del recorrido, perfectamente pautado. Este arranca con un documental donde la propia fotógrafa nos relata, con desarmante sencillez, su periplo vital y profesional. Desde los comienzos al lado de su padre, fotógrafo deportivo, cuando la presencia femenina chocaba en ese contexto provocando hostilidad o desprecio, hasta su posterior inmersión en el mundo de los personajes señeros que marcaron la crónica social de la España de los sesenta y setenta: de Jackie Kennedy, Orson Wells, los Beatles o Nureyev a Marisol, Dalí, la Duquesa de Alba o nuestras folclóricas y toreros. Más allá, tras abandonar el periodismo a causa del sensacionalismo que inundó la profesión, queda su regencia de una de las casas de comidas míticas de los 80 y 90, Cana Joana, en Ibiza, por donde seguirían pasando antiguos y nuevos famosos.

En las salas de al lado asistimos a una propuesta completamente diferente: Cristina de Middel (Alicante, 1975), una de las firmas más relevantes de nuestro panorama actual, despliega en un montaje un tanto abrumador el intento por escapar de las limitaciones del lenguaje documental en aras de una narración casi alucinada. Sin embargo, en el fondo, lo que vemos no es sino el relato que nos ofrecen todas esas copias, diferentes positivados a un tamaño u otro, y fotos suyas con enmarcados de variada naturaleza, que, a lo largo de los últimos años, la lógica expositiva y comercial le ha ido exigiendo para distintas muestras por parte de comisarios, instituciones, ferias... En el recorrido, el espectador se ve desbordado para atender semejante saturación de imágenes, donde las repeticiones y las series se mezclan en abigarrada mezcla con distintos modelos de exhibición, documentos y textos, planos, fichas… Para ver su última serie, hay que dirigirse a La Fábrica.

Como levitando

Muy distinto es el planteamiento ligero, hasta parecer casi despojado, por el que Linarejos Moreno (Madrid, 1976) ha optado para su exposición en el Jardín Botánico. Un aire casi clínico domina la ambientación, a medio camino entre el invernadero y el laboratorio, realzado por la peculiar luz de este espacio ya de por sí cercano a un lugar de tránsito. Los restos del pasado, aislados y descontextualizados, adquieren significaciones y un alcance ambiguos.

Aquí, la artista ha tomado como motivo de su reflexión sobre el carácter epistemológico de esos restos algunos de aquellos modelos botánicos, realizados de manera artesanal y a un tamaño bastante mayor que el natural, que servían como material didáctico en las escuelas de hace tiempo. Las fotos de las flores de papel maché, fabricadas en Francia, pintadas a mano, articuladas y desmontables, que en su instalación del Botánico son sólo una parte –quizá la más vistosa– del montaje, se convierten ya en la individual que en paralelo tiene en la galería Pilar Serra en protagonistas absolutas. Con sólo cinco de ellas, Linarejos logra concentrar nuestra atención sobre esos límites imprecisos donde lo vivo y lo muerto son ya indistinguibles, donde la Naturaleza y el artificio, la ciencia y el arte, lo objetivo y lo subjetivo no se pueden separar.