«La forza del destino», de Verdi, basada en «Don Álvaro o la fuerza del sino», en montaje de Z. Mehta
«La forza del destino», de Verdi, basada en «Don Álvaro o la fuerza del sino», en montaje de Z. Mehta - Tato Baeza
TEATRO

El duque de Rivas, un liberal romántico

El duque de Rivas, uno de los grandes nombres del romanticismo español, comprime en su biografía la complejidad de nuestro siglo XIX, tanto política como literariamente. Diego Martínez Torrón edita su teatro completo

MadridActualizado:

Militar, aristócrata, historiador, diplomático, político, pintor, escritor, el duque de Rivas (1791-1865) concilia en su peripecia biográfica la frondosa complejidad del siglo XIX español llevada al extremo de tener que exiliarse en dos ocasiones, la primera, durante la Década Ominosa, por atacar a los reaccionarios, y la segunda, durante un período posterior menos prolongado, por atacar a los progresistas. Así lo subraya Diego Martínez Torrón, que si hace cuatro años publicaba la poesía completa de Ángel de Saavedra, ahora culmina en dos volúmenes la primera edición de su teatro íntegro, cúspide de una minuciosa dedicación a la figura del escritor cordobés, al que ha consagrado otros dos títulos: «"Doña Blanca de Castilla"», tragedia inédita del duque de Rivas» (2007) y «El universo literario del duque de Rivas» (2009).

Martínez Torrón, catedrático de Literatura Española en la Universidad de Córdoba, cultiva creativamente el ensayo, la poesía y la narrativa; especialista en nuestra literatura romántica y la obra de Cervantes, también ha dedicado estudios a Valle-Inclán, Azorín, Juan Ramón Jiménez, Álvaro Cunqueiro, José Bergamín, Octavio Paz y Juan Benet. Una pluralidad literaria de amplias perspectivas y saberes que nutre de eruditos matices las páginas de sus trabajos.

Tolerancia

Su edición del teatro completo del duque de Rivas, minuciosa y detallista, pone particular énfasis en aclarar el perfil ideológico del dramaturgo para desbaratar la tópica consideración, tan injusta como desinformada, según la cual sólo fue un aristócrata reaccionario que escribía cosas bonitas. Como reconoce Martínez Torrón, Ángel de Saavedra tuvo un alto concepto de clase -entendía la aristocracia como un reducto de valores- y al final de su vida, como ha ocurrido con tantos otros personajes, moderó las ideas exaltadas de su juventud. Pero también es cierto que presenta interesantes elementos heterodoxos en los que no se suele reparar.

Su edición, minuciosa y detallista, pone particular énfasis en aclarar el perfil ideológico del dramaturgo

Hay aspectos curiosos, como su aprecio por la herencia árabe en su Andalucía natal no reñido con una encendida crítica del islamismo «cuando adopta posturas radicales ajenas a la tolerancia que él defiende como forma de vida». Y está sobre todo su obsesión por el tema del destino, presente en toda su literatura y principalmente en la más valorada y conocida de sus piezas teatrales, «Don Álvaro o la fuerza del sino», cuyo estreno en 1835 fue el rataplán que entronizó el romanticismo en los escenarios españoles. Martínez Torrón ve entreverados en este concepto de destino el «fatum» griego y pagano y la ventura andaluza de las gitanas, es decir, la fortuna y el hado. Lo que, según el editor, contribuye a la «singular profundidad y personalidad» de la obra de Rivas y a aproximarlo a posiciones existenciales avant la lettre que no tienen «la deriva católica o cristiana» que aparece en Zorrilla y otros autores románticos.

Catorce son las obras, muchas de tema histórico, que componen el corpus dramático del duque de Rivas y que el editor analiza pormenorizadamente, atendiendo a referencias, argumento, contextualización, personajes y otros detalles de interés: «Ataúlfo» (1814), «Aliatar» (1814), «Doña Blanca de Castilla» (1815), «El duque de Aquitania» (1817), «Malek-Adhel» (1818), «Lanuza» (1822), «Arias Gonzalo» (1826), «Tanto vales cuanto tienes» (1827), «Don Álvaro o la fuerza del sino» (1835), «Solaces de un prisionero o Tres noches de Madrid» (1840), «La morisca de Alajuar» (1841), «El crisol de la lealtad» (1841), «El desengaño en un sueño» (1842) y «El parador de Bailén» (1842 ó 1843).

Estoico y hedonista

El estudio preliminar es un hervidero de datos, interpretaciones sugestivas y juicios razonados que huyen del estereotipo y la comodidad, aunque en ocasiones peca de cierto academicismo farragoso al citar premiosa y continuadamente obras propias y ajenas y al incurrir en excursos que se alejan en demasía de la figura estudiada, como hace al dedicar casi siete páginas a un extenso poema de Zorrilla, «Vigilia», con el propósito de resaltar la musicalidad del lenguaje del escritor vallisoletano.

Dejando aparte estos detalles menores en una iniciativa de carácter tan ciclópeo, Martínez Torrón hace hincapié en que el pensamiento más profundo de Ángel de Saavedra lo encontramos en su teatro, donde destacan los rasgos de un escritor que se rebela contra «el pensamiento cosificado de su época». Incardina su nacionalismo en la estructura conceptual propia del romanticismo a la vez que lo aleja de la mera «exaltación vacía de un pasado glorioso al que se añora», vinculándolo más apropiadamente al intento de encontrar una respuesta que pueda unir «los tiempos del pasado español con su presente histórico». Y llega a la conclusión sintética de que Rivas propone «el estoicismo ante el propio destino, y el hedonismo andaluz como forma de vida». Un autor que merece ser reconsiderado.