L. Zhivkova, Ministra de Cultura de Bulgaria en los 70 y 80
L. Zhivkova, Ministra de Cultura de Bulgaria en los 70 y 80
LIBROS

Donde la KGB, la Stasi y los represores veraneaban

A orillas del Mar Negro, en sus playas salvajes, la cúpula del comunismo pasaba sus días estivales. «Frontera» recoge estas historias del lado oscuro

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La autora de este magnífico libro de viajes, narrativo, ensayístico, histórico y político, la escritora búlgara, afincada en Escocia, Kapka Kassabova, nos conduce por una de las últimas fronteras de Europa. Aquella en la que convergen tres países no siempre muy bien avenidos: Bulgaria, Grecia y Turquía. Lugar de conflicto permanente, hoy aminorado por la entrada en la UE de los dos primeros países citados. Aquí estuvo enfrentado el Pacto de Varsovia con la OTAN y la Guerra Fría dejó muchos muertos y desaparecidos. Guerras locales, europeas, mundiales, de nada se han privado, en este sentido, los Balcanes de arriba abajo. Pero además de todo esto, este territorio es uno de los espacios naturales más grandes de Europa. Aquí confluyen Europa y Asia. Hoy las fronteras turco-búlgaras y turco-griegas están llenas de alambradas para frenar el ingente flujo de la inmigración de Oriente a Occidente. El viaje comienza en el Mar Negro.

El Mar Negro era muy peligroso y temido durante la antigüedad. En la orilla comunista, en Bulgaria, estaba la Orilla Roja. Playas salvajes, al sur de este país, donde se montó el gran turismo de los países comunistas. Los servicios de seguridad búlgaros, la KGB, la Stasi, y los cuerpos represores del resto de los países del este, veraneaban allí. Desde la playa hasta la frontera turca están las colinas boscosas del Stradja, una cordillera en el sureste de Europa donde comienza el Mar Negro y acaba la llanura de Tracia hacia el oeste junto al estrecho del Bósforo. Lugar repleto de leyendas y ritos ancestrales. Durante el comunismo no se podía visitar sin permiso y estaba tomado por soldados y muros electrificados. Entre los años 1961 y 1989 se han contabilizado más de mil desaparecidos: polacos, checos, húngaros, rumanos…todos huyendo de la dictadura comunista. Por Bulgaria, supuestamente, era más fácil de cruzar.

Narra, entre otras, las tropelías de la mujer más poderosa de Bulgaria: Lyudmila zhivkova

Los tracios eran extranjeros para los griegos. Por estas llanuras hubo una gran cultura megalítica. Gran parte de estos terrenos son campos arqueológicos. El Departamento de Búsqueda de Tesoros estaba dentro de la Academia de las Ciencias búlgara, durante el comunismo. Muchas excavaciones fueron saqueadas por parte del Comité Central del PC, y vendidas en el mercado negro a través de las valijas diplomáticas. El capítulo titulado «La tumba de Bastet» es extraordinario porque se cuentan las tropelías de Lyudmila Zhivkova, la mujer por aquellos años setenta y ochenta, más poderosa de Bulgaria. Era la Ministra de Cultura y estaba protegida nada menos que por su padre que era el Jefe del Estado y Secretario General del PC, Todor Zhivkova. Supuesta heredera de una dinastía totalitaria, fue asesinada. Lyudmila removió miles de hectáreas, reabrió minas, e implicó a los campesinos en la búsqueda de tesoros de oro y plata. Tanto lío armó, que a la KGB le pareció que se estaba pasando y la hizo desaparecer en un accidente de coche. Su equipo también se fue volatilizando debido a una enfermedad contagiosa. Espartaco era tracio.

El caso es que hoy todo este vasto territorio es una de las grandes fronteras de Europa, donde laten conflictos todavía sin resolver.