ARQUITECTURA

Diez edificios imprescindibles del siglo XX

Hasta medio centenar de arquitectos de la talla de Tadao Ando, Richard Rogers, Toyo Ito o Rafael Moneo seleccionaron para la editorial Gustavo Gili los cien mejores inmuebles del siglo XX. La publicación, que acaba de ser traducida al español, da pie para, depurada, confeccionar la lista de diez imprescindibles

Incendio en Notre Dame en París

El Incendio de Notre Dame en París, en directo

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  1. Capilla de Notre-Dame-du-Haut (Le Corbusier)

    Capilla de Notre-Dame-du-Haut. Le Corbusier. Ronchamp (1950-1955).

    «Una escultura para ser vista alrededor», escribe W. J. R. Curtis de la que es una de las obras capitales de la arquitectura del siglo XX. Suscitó indignación entre la crítica: Pevsner la tildó de irracional y Stirling cuestionó que fuera a influir en la Historia. Una cubierta oscura rematada en ángulo agudo y curvada descansa sobre unos muros blancos de cemento encalado, cóncavos y convexos, perforados por huecos irregulares, en los que se elevan unas torres de luz. El interior está excavado como una cueva, siguiendo la incli-nación natural del terreno. Le Corbusier quiso crear un espacio que, sin aludir a ninguna tipo- logía sacra, pudiera suscitar emociones religiosas a través del tratamiento de las formas, el espacio y la luz.

  2. Biblioteca de la Phillips Exeter Academy

    Biblioteca de la Phillips Exeter Academy. Louis Kahn. New Hampshire (1965-1971).

    En su monumentalidad, Kahn se distingue por su sensibilidad: elude la grandilocuencia, aúna tradición y modernidad, y atiende al ser humano. «Se trata de crear espacios que evoquen una sensación de uso; que se formen a sí mismos en una buena armonía para el uso al que el edificio ha de ser destinado», afirmaba. En este introdujo dos temas: la luz, primordial en su arquitectura, y el silencio. Ámbito protagónico es el atrio interior, en torno al cual se disponen las estanterías. Está iluminado con luz natural indirecta. Su estructura está hecha de pantallas de hormigón con huecos circulares a través de los que son visibles los libros.

  3. Museo Guggenheim N. Y.

    Museo Guggenheim. Frank L. Wright. Nueva York (1943-1959).

    En su proyecto para el Templo de la Unidad, Wright ya planteaba el deseo de lograr un edificio donde el espacio no fuese delimitado. La imagen del jarrón como metáfora de contención espacial y una cita de Lao-Tse, que planteaba que la realidad del edificio no lo constituían cuatro paredes y un techo sino el espacio interior, palpitan en la concepción de este edificio: un volumen cónico que, exteriormente, parecía querer desafiar la típica estructura de la manzana neoyorquina y trasluce la naturaleza de la circulación en espiral de su interior. Una síntesis del ideal de «arquitectura orgánica» de Wright, fundiendo forma, estructura y espacio. El museo de arte se convertía en sí mismo en elemento con entidad artística.

  4. Filarmónica de Berlín, de Hans Scharoun

    Filarmónica de Berlín. Hans Scharoun. (1956-1963).

    La trayectoria de Hans Scharoun recorre todo el siglo XX. Procedente del Expresionismo y contrario a las restricciones del Estilo Internacional, este alemán desarrolló unos rasgos estilísticos muy personales que hallaron su madurez en este edificio, donde ubicó literal y metafóricamente la música en el centro procurando que los espectadores, acomodados en un graderío a varios niveles en cascada, la experimentasen con cercanía. Constituye uno de los primeros ejemplos de auditorio con este tipo de disposición. La planificación interior fue concebida con el estricto objetivo de garantizar una buena acústica. El exterior proponía una heterodoxa monumentalidad, fruto de la forma del volumen interior y las cubiertas acristaladas y marquesinas de hormigón de los espacios auxiliares.

  5. Edificio de Ingeniería de la Universidad de Leicester

    Edificio de Ingeniería de la Univ. de Leicester. J. Stirling y J. Gowan. Leicester (1959-1963).

    Stirling y Gowan -que habían fundado un estudio en 1956- lograron imbuir de una dimensión cuasi-escultórica a este edificio. Una torre esbelta se eleva por encima de unas formas en voladizo, al que se unen los lucernarios en diente de sierra, con un acristalamiento de aspecto fabril de los talleres en la parte inferior. Hay referencias a momentos emblemáticos, como la propuesta de Hannes Meyer para la Sociedad de Naciones, o el constructivismo de Melnikov, junto a alusiones Le Corbusier o Wright. Con ironía, un crítico lo etiquetó como Futurist Revival, aunque, en realidad, este edificio puede considerarse una lectura crítica de la tradición moderna.

  6. Casa del Fascio, de Giuseppe Terragni

    Casa del Fascio. Giuseppe Terragni. Como (1932-1936).

    Terragni fue fuertemente influido por Le Corbusier, con quien compartía la idea de que los valores esenciales de la arquitectura podían trasladarse al lenguaje moderno. La finalidad simbólica de este edificio, sede local del partido fascista, era la de expresar la vinculación, sin trabas ni obstáculos, entre jerarquía política y pueblo: el concepto mussoliniano de que el fascismo era «una casa de cristal». Más allá de sus implicaciones ideológicas, la obra se basaba en la planta del renacentista palacio Farnese y el reductivismo abstracto de su fachada constituía una reelaboración en clave moderna de la clásica. Una cuidadosa articulación unía fluidamente espacio interior con espacio urbano para crear esa suerte de «casa de todos», idealizando la sustancia populista del fascismo.

  7. Terminal de la TWA, obra de Eero Saarinen

    Terminal de la TWA. Eero Saarinen. Nueva York (1954-1962).

    Aunque perjudicada por el paso del tiempo, esta impresionante estructura de hormigón inspirada en la imagen de un gigantesco pájaro de alas extendidas retiene la grandeza que distinguió a una de las obras más osadamente innovadoras en lo formal y lo tecnológico del siglo, que reaccionaba contra la contención restrictiva del Estilo Internacional en EE.UU y exponía el potencial plástico del hormigón armado. El interior es una red continua y sinuosa de túneles, plataformas y escaleras, con una compleja zona central. E. Stoller, autor de un extraordinario reportaje fotográfico del edificio, evoca la intensidad dramática que poseía la composición visual articulada por la profundidad de esos túneles y las figuras humanas que transitaban por ellas.

  8. Mediateca Sendai

    Mediateca Sendai. Toyo Ito. Sendai (1995-2000).

    Es uno de los edificios puente entre el final del siglo XX y el inicio del XXI. Es asimismo un punto crucial en la trayectoria de Ito. Debía acoger cuatro funciones diferentes: galería de arte, biblioteca, centro de medios visuales y servicio para personas con discapacidades auditivas y visuales. El proyecto partió de la intención de sintetizar estos usos rompiendo con las formas convencionales de museo o biblioteca. Ito desarrolló junto al arquitecto Matsuro Sasaki una estructura innovadora, constituida por grandes losas de hormigón atravesadas verticalmente por trece columnas formadas por tuberías de acero, distribuidas en tres hileras. El resultado se distingue por su absoluta transparencia.

  9. Viviendas Gallatarese (Aldo Rossi y Carlo Aymonino)

    Viviendas Gallatarese. Aldo Rossi y Carlo Aymonino. Milán (1969-1974).

    Representante del neorracionalismo italiano -y una figura con fuerte influencia en la arquitectura española y estadounidense-, el lenguaje de Aldo Rossi se distinguió por reducirse a geometrías elementales, disponerse en planos simétricos y estar despojado de todo ornamento, generando un efecto plástico en el que resuena la iconografía de De Chirico. Este bloque lineal de viviendas tenía que redefinir un territorio urbano anodino. Rossi optó por un gesto fuerte, basado en los elementos más fundamentales de la forma arquitectónica, para proponer una «arquitectura de silencio». Que la neutralidad de las formas sirviera para alentar la individualidad de los habitantes, a la manera de un escenario brechtiano (uno de los conceptos de la filosofía rossiana).

  10. Walden 7, de Ricardo Bofill

    Walden 7. Ricardo Bofill-Taller de Arquitectura. Barcelona (1970-1975).

    Bofill definió el concepto del Walden 7 trabajando con Guy Lefevre y diversos sociólogos. El proyecto partió de un texto teórico que planteaba «una nueva forma de comunidad, de constructiva, de propiedad, de familia, basado en el reconocimiento de las libertades personales y la aceptación del otro». Se aplicó un sistema tradicional que permitía la variabilidad de la construcción en el espacio. La suya, modular, permitía toda una serie de tipologías combinables, posibilitando diferentes formas de organización doméstica. «Ofrece una gran calidad de vida comunitaria, pero no alberga el tipo de comunidad que yo había imaginado. Por lo tanto, me equivoqué», lamenta Bofill, pese a que el tiempo haya jugado a favor del reconocimiento del mérito arquitectónico de esta utopía frustrada.