J. M. Coetzee, autor de «Los días de Jesús en la escuela»
J. M. Coetzee, autor de «Los días de Jesús en la escuela»
LIBROS

«Los días de Jesús en la escuela», el Nuevo Nuevo Testamento

El Premio Nobel J. M. Coetzee escribe otro libro admirable: «Los días de Jesús en la escuela»

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«La infancia de Jesús», antecedente directo de «Los días de Jesús en la escuela», era un libro tan extraño que dejó perplejo a todo el mundo. El propio Coetzee se ha dedicado a lo largo de su carrera como novelista a plantear todo tipo de contratos posibles con eso que llamamos «la realidad». Tiene novelas «realistas» como «Desgracia»; novelas que parecen reportajes, como «Elizabeth Costello» (mi favorita); novelas simbólicas como «Esperando a los bárbaros»; reescrituras de los clásicos como «Foe»; constructos donde se mezclan realidad y ficción, como «Hombre lento»; libros de memorias... Sin embargo, en todas estas obras las reglas del juego estaban claras, así como el tipo de realidad que se describía en ellas. El problema de las novelas de Jesús (si es que es realmente un problema) es que no sabemos cuál es el juego que nos propone Coetzee.

Vemos a Coetzee divirtiéndose con su narración, improvisando, dejándose llevar

Si «La infancia de Jesús» era un libro admirable, «Los días de Jesús en la escuela» es todavía mejor. Es una novela apasionante que se lee de un tirón. Yo la leí en un solo domingo, intenso y feliz. Leemos y deseamos seguir leyendo porque deseamos saber qué pasa a continuación, pero también porque deseamos comprender el juego de Coetzee, como si entender el juego del Diosautor nos fuera a permitir comprender algo del mundo. Porque no puede leerse con interés la literatura, sospecho yo, si no estamos convencidos de que comprender la obra que tenemos entre manos nos ayudará a comprender algo de la realidad. Todo es extraño en estos libros. En la ciudad de Estrella, adonde Inés y Simón han huido con el joven David, perseguidos por la rigidez del sistema burocrático de la ciudad de Novilla, sólo hay dos academias donde pueda estudiar el niño, una de danza y otra de canto. Deciden matricularle en la escuela de danza, llevada por un músico, el señor Arroyo, y su esposa, la bellísima Ana Magdalena. Una de las muchas cosas extrañas de esta novela es que casi todos los nombres propios o geográficos son españoles, que el único libro que se menciona es el «Quijote» y que Simón, en un momento de la novela, se pone a estudiar español. Pero pensemos que el señor Arroyo se llama Juan Sebastián, y que «arroyo» en alemán se dice, claro está, «Bach». Frente al misticismo de la Escuela de Danza de los Arroyo nos encontramos con la figura de un filósofo llamado Javier Moreno, que defiende un racionalismo a ultranza y la necesidad de medirlo todo.

Crimen pasional

Vemos a Coetzee divirtiéndose con su narración, explorando los límites de su mundo, improvisando, dejándose llevar. Le vemos sorprenderse a sí mismo con su inventiva. La historia de un crimen pasional amenaza con apoderarse de la novela, pero Coetzee retoma las riendas y nos conduce de nuevo al tema que le interesa, que es el de la educación del joven David. ¿Un Nuevo Nuevo Testamento, como aquel que proponía Jaco Van Dormael en una película brillante? Porque si David, el niño, es en realidad Jesús, entonces ya saben ustedes quién es su padrastro, Simón. Y ¿qué vendrá a continuación? David, un niño con rasgos geniales y rasgos autistas, odioso hasta la desesperación (y ya que estamos, ¿por qué es tan horriblemente odioso?), parece encontrar por fin algo que le gusta: la música y la danza. En las «Actas de Juan», uno de los evangelios no canónicos, Cristo baila con sus discípulos en círculo al final de la Última Cena... ¿Qué irá a contarnos Coetzee? ¿Está de verdad escribiendo un Nuevo Nuevo Testamento que se basa en Cervantes, es decir, en la literatura, en Bach y en la danza?