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Crónica de asesinatos políticos, por Pedro González-Trevijano

La lista de grandes personajes asesinados es muy larga. Pedro González-Trevijano demuestra su talento para la divulgación histórica al escribir sobre ellos en «Magnicidios de la Historia» (Galaxia Gutenberg / Círculo de lectores)

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Una de las razones por las que la Historia es tan apasionante es porque, como sentenció Hegel, no tiene guión. Frente a los intentos de grandes teóricos de simplificarla y explicarla en términos de corrientes económicas y movimientos sociales, siempre se han impuesto los individuos que han logrado cambiar su rumbo y hacer que avance por caminos insospechados. Pero la Historia no solo la hacen los grandes hombres, los poderosos y los ricos, sino también los pobres y los ciudadanos anónimos; e incluso, por desgracia, los asesinos.

La lista de grandes personajes asesinados es muy larga. Escribir sobre magnicidios y su impacto es un tema apasionante, como muestra esta interesante versión que aporta Pedro González-Trevijano.

El autor selecciona algunos de los mayores magnicidios de la Historia, comenzando por el de Julio César. Sintetiza con maestría una de las vidas más legendarias de todos los tiempos y describe la fascinación que el gran Julio César ha ejercito sobre tantos personajes, desde Shakespeare hasta Napoleón.

La senda imperial

El de Julio César fue un magnicidio atípico: víctima de una conspiración en las que estaban involucrados numerosos senadores. Con respecto a sus consecuencias, los responsables del mismo no lograron cambiar el curso de la Historia de Roma, pues poco después la senda imperial iba a continuar bajo Augusto.

Otro magnicidio que no puede faltar en un libro de estas características es el de Abraham Lincoln. Como bien describe el autor en su semblanza del estadista americano, «Lincoln encarna dos de las mejores cualidades del hombre público, la decencia y la entereza de carácter». Su asesinato fue un acto de venganza más que el fruto de un plan político, pues los logros por los que iba a pasar a la Historia este presidente eran ya irreversibles.

Este ensayo, escrito con prosa elegante, atrapa desde la primera página

Pero si hay un magnicidio que cambia la Historia, ese es, sin duda, el del heredero de la corona austrohúngara, Francisco Fernando de Austria. González-Trevijano argumenta, al igual que muchos historiadores, que este atentado precipitó, más que desencadenó, la Primera Guerra Mundial, que se habría producido de todas formas. Pero, en cualquier caso, Gavrilo Princip tuvo éxito, pues no solo logró matar al archiduque, sino provocar una contienda armada que acabó con la monarquía de los Habsburgo y el Imperio Austro-Húngaro.

Con respecto al asesinato del zar Nicolás II y su familia, no fue causa, sino consecuencia, de una revolución y de uno de los regímenes más sanguinarios de la Historia: el soviético. No obstante, como bien describe el autor de Magnicidios de la Historia, la incapacidad de Nicolás IIpara remediar injusticias y sus constantes errores hacían presagiar un trágico final. Otra víctima de la revolución fue, paradójicamente, uno de sus progenitores, León Trotski. No pudo escapar de las garras del líder del terror, Stalin.

Eminencia gris

González-Trevijano incluye también dos de los magnicidios de mayor impacto mediático y que más conmovieron al mundo: los de Mahatma Gandhi y John Fitzgerald Kennedy. El primero venía a corroborar que el pacifismo que él defendió a lo largo de su vida no iba a predominar en la India poscolonial. El de Kennedy, como explica Trevijano, puso un drástico final a una época de ilusión en Estados Unidos y su verdadera autoría iba convertirse en uno de los grandes enigmas del siglo XX.

El asesinato de Lincoln fue una venganza más que el fruto de un plan político

González-Trevijano dedica un capítulo de su libro a Carrero Blanco. Con el asesinato de la eminencia gris del régimen de Franco, los terroristas de ETA aspiraban, entre otras cosas, a precipitar el fin de la dictadura. Sin embargo, la interpretación histórica más aceptada es que la transición a la democracia hubiera sido muy similar con Carrero vivo y, como bien indica el autor, «el atentado de ETA no logró sino complicar las cosas y fortalecer a la banda terrorista. No convirtamos a los verdugos de la libertad en valedores de ella».

Este ensayo, escrito con prosa elegante a base de semblanzas eruditas sobre las víctimas de los magnicidios y el tiempo que les tocó vivir, atrapa desde la primera página. Con él, el constitucionalista Pedro González-Trevijano aporta al gran público lector pruebas evidentes de su talento para la divulgación histórica.