Un momento de la serie «45 revoluciones»
Un momento de la serie «45 revoluciones»
EPISODIOS PERDIDOS

«Cuéntame», «45 revoluciones», «The widow»: lo nuevo, lo viejo y lo clásico

Ha vuelto «Cuéntame cómo pasó» la misma semana que se estrenaba «45 revoluciones», un repaso más moderno a una época anterior a los Alcántara

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Hace poco, «Cuéntame» estrenó en TVE su temporada número 20, con el reto de seguir gustando a más gente de la debida y con varios de sus protagonistas fugados o muertos. Cada año toca celebrar la habilidad de su equipo de guionistas para seguir alimentando al dinosaurio. Casi a la vez, se ha estrenado en Antena 3, de momento sin demasiado éxito, el último modelo de la factoría Bambú, « 45 revoluciones», una mirada muy actual a una época anterior a la que nos empezaron a contar hace tanto los Alcántara. La forma de narrar es tan moderna que remite a los clásicos. Ramón Campos y Gema R. Neira cabalgan sobre unos diálogos veloces, que recuerdan al cine clásico de Howard Hawks y otros viejos maestros, que en este siglo solo Aaron Sorkin y algún otro valiente se han atrevido a imitar.

La duda es si el público, que tanto ha madurado en muchas cosas, no se habrá quedado mayor para estos esfuerzos de atención y hasta de orina, porque no es una historia que se pueda seguir en segundo plano. «Cuéntame» y «45 revoluciones» comparten al actor Carlos Cuevas, por cierto, que también protagonizará la esperada sucesora de «Merlí». Triunfará más o menos, pero si el lector se dedica a la actuación, debería hablar con el agente del muchacho. Este quedaría perfecto, ahí lo dejo, en una biografía de Rafa Nadal.

Pequeño fracaso

«45 revoluciones» fue vista en su estreno por un millón y medio de personas, poco más del 10 por ciento de la audiencia, probablemente insuficiente para una cadena que vive de la publicidad. Es más gente de la que ve habitualmente el fútbol o el mejor capítulo de «Juego de tronos» y más sin duda de la que leerá este artículo o cualquier otra crítica, buena o mala, de los programas citados. Para las leyes del mercado, sin embargo, es un pequeño fracaso.

Campanella me contó una vez que su «gran fiasco» en televisión, la maravillosa «Vientos de agua», todavía clavada en el corazón de Paolo Vasile, la veían semanalmente muchas más personas que espectadores tuvo en España su película más popular, «El hijo de la novia», con la que además ganó el Oscar. Mi gran fracaso, recordaba casi divertido, fue mucho más visto que mi gran éxito. Ahora tenemos también un consumo en diferido cada vez mayor; los rezagados se suman a los que prefieren pagar con dinero y no con el tiempo a veces abusivo de los anuncios. A efectos contables aún no es suficiente este público tardío. Lo padeció en sus carnes «El Ministerio del Tiempo», pese a todo renovada para una cuarta temporada en TVE, como contó en exclusiva Helena Cortés en las páginas de ABC.

Historia entretenida

A todo esto, «Cuéntame» ha empezado el curso con boda (la de Toni y Devorah), un enlace judío exótico y bien rodado, y con un sutil homenaje al viejo periodismo de calle, que vivió un momento cumbre el día que liberaron a Emiliano Revilla. Los guionistas resuelven con astucia y por turnos la marcha de su narrador, rematan el enlace con un drama y siguen pendientes de su época, esos años en los que estaban a punto de llegar a España el Gobierno de Aznar y las cadenas de televisión privadas. A la serie luego puede que le falte algo de ritmo, esclavizada por su duración, lo que por otro lado quizá sea una ventaja. A su favor tiene la nostalgia y un factor, el efecto exposición, con el que Derek Thompson explica en el libro «Creadores de hits» por qué triunfan algunos productos y otros no.

De todos los estrenos recientes en las plataformas, sobresale la llegada a Amazon de esta serie de la cadena británica ITV en la que Kate Beckinsale empieza a sospechar que quien puso título a la historia se apresuró un poco y que su marido, en realidad, estaba de parranda congoleña y no entre las víctimas de un accidente aéreo. «The widow» («La viuda») es un producto empaquetado con pericia a partir de una historia siempre entretenida, aunque de vez en cuando se descuelgue por alguna liana inverosímil. Juega además con los conocimientos y prejuicios del espectador occidental, con lo que no necesita recurrir al manoseado tono de denuncia y se centra en unos personajes bien perfilados y en su comprensible drama, inmerso en una realidad demasiado compleja para intentar algo más que un esbozo. No se puede decir que sea adictiva, pero el espectador la terminará antes que otras con más renombre.