Javier Montes
Javier Montes - Adolfo Serra
ARTE

Cuando se impone la coherencia

El paciente –esto es, el mundo del arte en España– salió de la UCI en 2014 y mostró síntomas de mejora. En ello ha tenido mucho que ver en estos meses el reconocimiento del talento

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Si en 2014 al mundillo del arte se le veía algo más estable (dentro de la gravedad), el pronóstico ha ido mejorando a lo largo de este 2015 en España: instituciones como el Museo Reina Sofía han alcanzado una excelente velocidad de crucero en su programación, que este año estuvo llena de propuestas interesantes y diversas. Casi cualquiera que viaje por esos mundos de Dios acaba oyendo a algún colega extranjero, artista, gestor o teórico, cantar las alabanzas y proclamar las envidias que provoca un museo nacional así, lo que da gusto y desconcierta: estamos poco acostumbrados a no ir abochornados. Se ha sumado además un IVAM que por fin deja de dar vergüenza ajena y vuelve a ser un centro serio de primera fila europea, un CAAC en Sevilla que, 25 años despúes, da ritmo y nervio a la escena por allá y el MACBA, que ha tenido un vigésimo aniversario muy espinoso, empieza una nueva etapa que promete, si el espeso contexto catalán deja trabajar tranquilo a su nuevo director.

La necesidad del filtro

Porque los canales de distribución cultural siguen siendo importantes. Este año parece que el furor del converso por las nuevas tecnologías de la información, con las supersticiones de acceso y difusión ilimitadas y automáticamente universales, van dejando paso a la recapitulación: ni la Prensa en papel se va a morir mañana, ni todos nos autoeditaremos de aquí a tres años, ni los libros se han vuelto obsoletos: apuntan aquí y allá revistas, editoriales y librerías nuevas para recoger el relevo y renovar una red de intercambio, debate y canalización de «contenidos» que lo son, en parte, sólo si encuentran el continente apropiado. Es la cuestión de los filtros, los catálogos, los fondos editoriales, los criterios: en el «tótum revolútum» de la Nube, una buena dirección de museo, un editor con discernimiento y un mapa personal de voces de las que uno se fía siguen siendo necesarias. Más que nunca.

El ambiente durante ARCO fue de relativo optimismo, con propuestas «off» interesantes como «Casa Leibniz», y el tándem de ferias JustMad y SUMMA, que animan el mercado. La segunda pauta el inicio de temporada en Madrid, donde parece que se concentra, sobre todo y de momento, la recuperación del tono vital en galerías y espacios comerciales: también en eso urge la descentralización.

Han surgido revistas, editoriales y librerías nuevas para recoger el relevo y renovar una red de debate y canalización de «contenidos»

Entre los artistas veteranos, 2015 ha sido el año que dio al irreductible Valcárcel Medina un flamante Premio Velázquez y a Concha Jerez el Nacional de Artes Plásticas: dos trayectorias coherentes y sólidas sobre las que siempre es ocasión de volver. Y también, a última hora, el de la muerte de otra figura de referencia en su generación, Elena Asins: una creadora «difícil» en el buen sentido de la palabra (que lo tiene).

Y en cuanto a la sección más joven, 2015 ha sido ambivalente: en primavera moría Pablo Angulo sin cumplir los cuarenta, uno de los pintores-pintores más talentosos de su generación. Y a lo largo del año hemos visto afianzarse el trabajo interesantísimo de Elena Alonso, que ahora mismo expone en el Museo ABC y va, como quien dice, lanzada. También se renuevan los equipos gestores, con Lucía Casani al frente de La Casa Encendida y Manuel Segade como sustituto de Ferrán Barenblit en el CA2M, que afianzará seguramente así su papel de centro «cantera».