Soldados españoles construyendo un parapeto en el Monte Arruit, poco después de su ocupación
Soldados españoles construyendo un parapeto en el Monte Arruit, poco después de su ocupación - ABC
LIBROS

«La cruz de Monte Arruit»: la guerra del Rif, oprobio de España

El periodista Enrique Meneses Puerta dio testimonio de su alistamiento en los Regulares de Melilla que se enfrentaron a Abd-el-Krim

Actualizado:

Asegura Milan Kundera en «El arte de la novela» que es improcedente que los diversos caracteres que aparecen en una narración carezcan de una historia previa que explique su presencia. «Ningún personaje sin pasado», dice el checo. Esa norma no es respetada en el libro «La cruz de Monte Arruit», escrito en 1922 por el periodista español Enrique Meneses Puertas (1894-1987), una interesantísima obra sobre sus peripecias personales en la Guerra del Rif (1920-1926) entre el Ejército español y las cabilas lideradas por Abd el-Krim. Una conflagración desequilibrada, debido a que se enfrentaban un ejército convencional y un grupo de guerrilleros indígenas. Y pese a semejante desequilibrio inicial, que debía ser favorable a los españoles, resultó ese enfrentamiento una catástrofe, marcial, desde luego, pero también política, social y material.

El punto de inflexión del mal fario español en el Rif fue el Desastre de Annual (1921), una retirada caótica de los soldados hispanos en la que fueron perseguidos por tres mil moros que lograron asesinar a doce mil militares ibéricos. Varios de los soldados que huían de Annual, al menos tres mil, se atrincheraron precariamente en una posición, Monte Arruit, que resultó asediada. Los mandos solicitaron al Alto Comisario que les socorriera. Meneses, un «niño pijo» heredero de una fortuna, se encontraba, en el momento del Desastre, en París, dedicado a la vida nocturna, rodeado de aristócratas, capitanes de industria, actrices de moda y «cocottes» variopintas.

Voluntario

Entregado al consumo de «champagne» y al coqueteo con jóvenes de la gran burguesía parisina, asegura en estas páginas, escritas con indudable talento y en ocasiones con gran altura literaria, que en ese ambiente se sentía «idiota» e «inútil». Ante las noticias sobre Annual, optó, repentinamente, por presentarse voluntario como soldado raso en Marruecos. El patriotismo es una emoción tan oscura como real. Procede de un conglomerado de sentimientos que resulta difícil de descifrar. Yo hubiera estado interesado en que Meneses explicara las razones que le motivaron a abandonar su vida muelle de París para acudir al gran cementerio que para entonces suponía el conflicto armado en Marruecos sin otro interés que combatir por España. Pero no lo explica.Ya habíamos señalado que tampoco describe el pasado de los numerosísimos caracteres que aparecen.

Circunstancia que debe ser soslayada porque este libro, aunque en algunos lugares es definido como «novela», tenía como subtítulo original «Memorias de un voluntario de Regulares». Y es que Meneses, no creyendo suficiente acudir al Rif a guerrear, y observando que la mayor parte de los soldados españoles allí destinados no combatía, cosa que hacían los Regulares y la Policía Indígena (cuerpos en su mayor parte compuestos por moros afines a España) y algo más tarde los integrantes de la Legión, fundada en 1920 -estos sí, en su mayoría españoles-, decidió presentarse voluntario, otra vez, y precisamente, en los Regulares, regimiento que soportaba el mayor peso de la guerra.

«Los más varoniles»

Así lo justifica: «Eran los más varoniles». Y, de hecho, cuando retrocedieron en Annual, estalló la «cobardía general», iniciando los soldados españoles una huida sin rumbo en la que corrieron arrojando sus equipos para que los indígenas que les perseguían se entretuvieran en recogerlos. Este libro de memorias está repleto de relatos similares. Algunos resultan espeluznantes. Linchamientos de moros tomados prisioneros. Torturas consistentes en la amputación de los dedos. Y, sobre todo, la tendencia a cortar las cabezas de los enemigos, que en el lado español se vendían a «cinco duros» cada una, señala Meneses. Si bien no aparecen tampoco en estas páginas las razones enfrentadas que por entonces se esgrimían en España (Parlamento, prensa, salones, bares) por parte de los colonialistas y de los anticolonialistas sobre la guerra de África, Meneses sintetiza los defectos estructurales que presentaba el Ejército.

Así, improvisación, desorganización y escaso armamento y pertrechos de los soldados, pese a contar con un presupuesto gigantesco (derrochado en pagos a jefes y en corrupción), por un lado, y temeridad e ineficacia de los mandos, por otro, con referencias escasas a operaciones victoriosas. Meneses resultó herido en la cabeza. Fue trasladado a su casa, en Úbeda, donde redactó este terrible documento sobre uno de los más atroces episodios militares sufridos por España, contado día a día, con pormenores unas veces crueles e indignos y otras con observaciones sobre el carácter nacional, la milicia y la sociedad de la época.

El rescate de los sitiados en Arruit nunca se produjo. Se rindieron. Y los moros asesinaron a todos. Tomaron prisioneros a los oficiales, por los que pidieron un rescate, que se pagó. El libro se cierra con esta frase: «Todos somos culpables de que España no prospere».