Carolin Emcke, autora de «Contra el odio»
Carolin Emcke, autora de «Contra el odio» - A. Labes
LIBROS

«Contra el odio», reflexiones sobre la violencia

La periodista y ensayista alemana Carolin Emcke se adentra en su último trabajo en el laberinto del odio

Actualizado:

El libro, galardonado con el Premio de la Paz de los libreros alemanes en 2016, versa, como Carolin Emcke (Mülheim an der Ruhr, 1967) señala en su prólogo, sobre «el odio colectivo e ideológico». La periodista y ensayista alemana reflexiona sobre el odio y el fanatismo examinando asimismo las privaciones de derechos que se derivan de aquellos. Lo hace con frecuentes alusiones a la sociedad alemana, aunque con referencias a expresiones también apreciables en otros contextos. Dos de estas manifestaciones de odio le son a la autora especialmente útiles para ilustrar algunas de sus tesis. Por un lado, el detallado relato del incidente ocurrido en la localidad alemana de Clausnitz en febrero de 2016, cuando un grupo de solicitantes de asilo fue acosado por manifestantes. A partir del vídeo difundido en las redes sociales, Emcke analiza el papel de los actores implicados y de sus distintas acciones y responsabilidades ante esta manifestación de odio: los que odian, los que gritan, los que protestan y los que difaman. «El odio no surge de la nada», asevera.

«No puedo respirar»

Adopta un enfoque similar al relatar otra de las expresiones de odio sobre las que construye su ensayo: la muerte de Eric Garner en Nueva York en 2014. De nuevo la autora describe las crueles imágenes del vídeo difundido en internet. En él se observa cómo Garner, un corpulento hombre negro, discute con dos policías blancos, mientras repite que no ha hecho nada. Durante varios minutos se escuchan las voces de los tres sin que las imágenes muestren a un Garner amenazante, sino más bien frustrado reivindicando su inocencia y que, en un momento dado, cuando los policías se aproximan a detenerle, interpela: «¡No me toquéis!». En unos segundos, uno de los policías, Daniel Pantaleo, le rodea por el cuello mientras con la colaboración de su compañero inmoviliza a la víctima desplomándola sobre el asfalto. «No puedo respirar. No puedo respirar. No puedo respirar», repite Garner hasta morir de asfixia.

La autora destaca ejemplos «del odio y de los esquemas de percepción que lo alimentan y lo conforman, transformando a las personas en seres invisibles y monstruosos». Además de las muestras citadas, incluye la violencia del «Estado Islámico» y del yihadismo salafista que lleva a sus simpatizantes a «despreciar a otros y considerarlos seres carentes de valor». Dedica otro de los capítulos a la «violencia homófoba, transfóbica o bifóbica». Se refiere a quienes revisten «la vulneración de los derechos humanos con el halo de una práctica religiosa». Aboga ante ese tipo de conflictos por la intervención del Estado de derecho con el fin de «hacer valer los derechos individuales frente a las demandas de un colectivo religioso». Destaca, en relación con la ablación o los matrimonios con menores, la necesidad de esta intervención estatal, ya que «un derecho consuetudinario cultural no puede anular un derecho humano».

Identidades asesinas

Algunas de sus conclusiones sobre la estigmatización, la exclusión, la radicalización ideológica, la univocidad y pureza identitaria que persiguen diversos movimientos políticos y religiosos evocan a las que ya desarrolló Amin Maalouf en su célebre «Identidades asesinas» en 1998. Si en aquel entonces el ensayista libanés animaba a «todo ser humano a que asumiera su propia diversidad, a que entendiera su identidad como la suma de sus diversas pertenencias en vez de confundirla con una sola», ahora Emcke también apela a las múltiples pertenencias: «Los agentes políticos y sociales que hoy, en Europa, vuelven a apelar al pueblo y a la nación tienen una visión muy reduccionista de ambos términos. En su opinión, a pesar de las «diferencias abismales» entre «los movimientos secesionistas, los partidos nacionalistas o el fundamentalismo pseudorreligioso», a «todos ellos los impulsa una idea similar: la de crear una comunidad homogénea, original o pura».