«La llamada» (1944), de Paul Delvaux
«La llamada» (1944), de Paul Delvaux
ARQUITECTURA

Construir sexo: utopías, cartografías y refugios libertinos

El CCCB se llena «1000 m2 de deseo» y sexo, con una exposición que explora los espacios dedicados a la sensualidad en el arte y la arquitectura, desde los libertinos franceses de siglo XVIII hasta el erotismo moderno

BarcelonaActualizado:

« 1.000 m2 de deseo» nos parece un proyecto fascinante, fascinación que deviene no sólo de su magnitud, casi más de 1.000 m2 para explorar las no siempre bien estudiadas relaciones entre arquitectura y sexualidad, del siglo XVIII a nuestros días, sino de las constantes sorpresas de una cita a mitad de camino entre el «gabinete de curiosidades» y el efecto «túnel del tiempo».

Todo es aquí transversal, desde los saltos no lineales ni previsibles, hasta los encuentros furtivos entre piezas y objetos de disciplinas tan distintas como el cine, la literatura, la arquitectura, la pintura, el dibujo o el vídeo. Tienen cabida las pruebas de imprenta del «Panóptico» de Jeremy Bentham, el óleo de Paul Delvaux «La llamada» (1944), el audiovisual «Casa para Josephine Baker» (1927), de Adolf Loos, o la vídeo-instalación de W. Kentridge «Right into her Arms» (2016). A lo que habría que sumar libros, portadas de revistas («Playboy»), pequeños marfiles o producciones como la sorprendente Orgón, del sexólogo austríaco Wilhem Reich, una máquina con la que pretendía activar la fuerza motora del orgasmo.

Estereotipos de género

En total, más de 250 obras bajo el común denominador de explorar los espacios para el sexo, o cómo estos espacios ejercen de motor del deseo, con el objetivo de analizar cómo la arquitectura ha contribuido a la creación de estereotipos de género. Las comisarias han dividido la muestra en tres bloques: «Utopías sexuales», «Refugios libertinos» (que plantea la pregunta «¿qué papel juega la arquitectura en las estrategias de seducción?») y «Sexografías» (que deja constancia de los riesgos que comportan los espacios de encuentro sexual públicos o semipúblicos). La recreación de «Oikema», una maqueta monumental de 1775 de Ledoux, abre la primera sección, al lado de referencias al panóptico de J. Bentham, con una prueba de imprenta de un edificio para la vigilancia («Panóptico», 1787-1791), o la literatura de Charles Fourier, junto a dibujos o croquis de sus falansterios: comunidades en las que cada individuo trabajaría según sus pasiones. Referencias al París del XVIII como capital del libertinaje las encontramos en Nicolas Restif, en los prototipos del Marqués de Sade sobre casas de prostitución, para, en un salto en el tiempo, enlazar con otra construcción entre sexual y utópica, en este caso del cinético N. Schöffer. Nos referimos al «Centro de entretenimientos sexuales» (1957), un verdadero laboratorio de placeres sexuales.

En «Refugios libertinos» se crea una ósmosis entre arquitectura y narración a partir de dos novelas emblemáticas: « La Petite Maison» (1758), de Bastide, y « Point de lendemain» (1777), de Vivant Denon. Bajo esta doble referencia se recrean desde «petites maisons» de la aristocracia francesa del XVIII, hasta proyectos de los sesenta y setenta como Villa Rosa, de Coop Himmelb(l)au, o la futurista House of the Century, del colectivo Ant Farm. Lo más singular de este apartado es el sector dedicado a la revista «Playboy».

La exposición cierra con la Sala XXXB, un cine porno como los de los setenta en los que se vivió una progresiva asunción legal de la pornografía. Pero lo más remarcable son las fotos (Kohei Yoshiyuki y Larry Sultan), los vídeos (U. Biemann), los dibujos (A. Sioliman) y las «performances» de Joan Morey, en las que, tras la senda de Guy Debord (del que se presenta su «The Naked City»), se apuntan cartografías de espacios de encuentro del sexo hoy.