El neurólogo Oliver Sacks fue un gran divulgador científico
El neurólogo Oliver Sacks fue un gran divulgador científico
LIBROS

«El río de la conciencia», Oliver Sacks no tiene fin

Responder a los enigmas de la mente y a los suyos propios es lo que hizo toda su vida Oliver Sacks. He aquí su último trabajo

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Oliver Sacks (Londres, 1933-Nueva York, 2015) murió a los 82 años. Todo se precipitó en cuestión de meses. Un cáncer que había afectado a uno de sus ojos -aparentemente superado desde hacía años a pesar de haberse quedado con la visión reducida- pasó al hígado y de ahí a una metástasis fulgurante y fulminante. Fallecía un 30 de agosto de 2015. Recuerdo que ABC Cultural publicaba pocos días más tarde en exclusiva el que había sido su último artículo, «Sabbat»: directo al corazón de sus lectores, que eran y son muchos. Ahora nos lleva a la mesa el último libro que dejó preparado dos meses antes de morir, bajo el título de «El río de la conciencia».

Si aquel texto aparecido en estas páginas suponía un repaso a su vida -un examen de conciencia sobre sus raíces judías, su religión, su vocación médica, su homosexualidad y tantas otras cosas que tuvo que conciliar con el paso, y el peso, de la madurez- este breve ensayo, compuesto a su vez por microensayos, nos acerca a la infinita sabiduría, a las mil y una curiosidades por las que solía navegar la despierta mente de Oliver Sacks, desde su pasión por la botánica a Darwin o Freud

Hombre sabio

A Oliver Sacks se le tiene por uno de los grandes divulgadores médicos (científicos) de las últimas décadas y también por una de las personas más sabias -en el sentido elemental y filosófico de la palabra- que ha contado sus días y sus noches, luces y sombras, para que los demás aprendamos a vivir con sinceridad, fieles a nosotros mismos -no sin crisis, caídas y recaídas-, pero siempre con una pasmosa integridad, con un paso al frente. En resumen, un grandísimo escritor, capaz de echarse a sus anchas espaldas literarias lo mismo las historias clínicas de veinte pacientes afectados por una epidemia de encefalitis letárgica en los años sesenta (el libro «Despertares» que inspiró documentales y hasta una película protagonizada por Robin Williams) que su propia existencia y experiencia («En movimiento. Una vida y «El tío Tugsteno»).

En estas páginas póstumas, vaga, y no divaga, sobre el origen de la vida y de la conciencia

De hecho, a Sacks se le puede atacar primero por este flanco más personal en el que entramos en su infancia en el barrio judío de Cricklewook en Londres, sus padres médicos, sus primeros pasos en la profesión, su homosexualidad que es rechazada radicalmente por su familia y su religión y él mismo hasta que se reconoce tal y como es, su paso por un kibutz, su llegada a la musculosa California, su pasión por las motos, su adicción a las anfetaminas para olvidarse en la vorágine del trabajo… Muchos puntos suspensivos porque su experiencia vital es infinita, estimulante y ejemplarizante.

Decía que se puede atacar a Sacks por este flanco biográfico para proseguir picoteando por sus ensayos que relatan distintos casos y patologías reales que trató a lo largo de su carrera («El hombre que confundió a su mujer con un sombrero», «Un antropólogo en Marte», «Alucinaciones», «Veo una voz»…) y concluir en este río de la conciencia, en cuyas páginas vaga, y no divaga, sobre el origen de la vida, el significado de la evolución y la naturaleza de la conciencia.

¡Qué pena que no quede más de Oliver Sacks perdido por los cajones de sus editores o amigos! ¿O tal vez sí?