Una vista de la exposición, con el famoso cerdo volador de «Animals»
Una vista de la exposición, con el famoso cerdo volador de «Animals»
MÚSICA

De cómo Pink Floyd derribó el muro

«The Pink Floyd Exhibition» supone un alucinante encuentro con cuatro décadas de nuestra Historia a través de una banda innovadora y genial, un icono cultural que creó un sonido único

MadridActualizado:

El recorrido por las diferentes salas de la exposición, desde la turbina de sonido con la que arranca, dedicada a los inicios con Syd Barrett, hasta la despedida final que fue « Endless River», especie de paso de la laguna Estigia, supone un alucinante encuentro con al menos cuatro décadas de nuestra historia, en aspectos que abarcan mucho más que lo estrictamente musical. The Pink Floyd Exhibition (en Espacio 5.1, Ifema, Madrid) plantea un viaje por las vicisitudes del grupo mostrando el ingente trabajo conjunto no ya de sus miembros, Barrett, Mason, Wright, Waters y Gilmour, sino de los otros Pink Floyd: diseñadores, cartelistas, prensa alternativa, fotógrafos, técnicos de estudio, ingenieros de sonido, creadores de nuevos amplificadores, sintetizadores, pedales de guitarra, un sinfín de pequeñas revoluciones que es imposible deslindar del surgir de, como sentencia David Gilmour acariciando su mítica Fender Strato de color negra en uno de los excelentes vídeos que van salpicando el paseo del oyente, «un sonido, el nuestro, que siempre será único».

Pero hay mucho más, porque como reconoce en otro de los vídeos Roger Waters, «fuimos los creadores del “rock & roll theatre” gracias a Mark Fisher y Jonathan Park». Y ofrece claves para comprender el riesgo y la innovación de la banda, como cuando Mason descubre el trabajo del artista de animación Gerald Scarfe, capaz de transformar a Mickey Mouse, icono de la inocencia, en un auténtico porreta, y deciden contratarlo para dar vida al documental que se visualizaría en los conciertos de la gira de « The Wall».

Falos y cerdos volando

Los muñecos hinchables gigantes, otro de los símbolos de la puesta en escena del grupo desde la aparición de « Animals» (1977), recreación musical inspirada en «Rebelión en la Granja» de Orwell gracias al talento de Waters, es narrada en vídeo e imágenes al detalle: «Elegimos para la portada la Central Eléctrica de Battersea, en la orilla sur del Támesis, por sus cuatro imponentes chimeneas, como los cuatro falos del grupo, e incorporar en mitad del cielo un evento: un cerdo volando». Esta es una de las partes más vistosas, donde pueden observarse algunos de los hinchables, en los que la imaginación se puso al servicio de la crítica social y política, como cuando inflaron una familia tradicional, un sofá y sus dos niños (y medio), con ovejas incluidas (que para Waters era lo mejor, porque en realidad eran paracaídas).

La riqueza de anécdotas es tan amplia que solo cabe hablar aquí de algunas muestras, como cuando en el Festival de Knebworth, en julio de 1975, hicieron que atravesaran el cielo por encima de sus cabezas dos auténticos Spitfire de la Segunda Guerra Mundial. O la creación de « Wish You Were Here»: cuenta David Gilmour que en uno de los ensayos andaba jugando con la guitarra y salió un arpegio. «Eh, toca eso de nuevo, es bueno», dijo Waters. Entonces, se pusieron a trabajar en la letra, dedicada a Syd Barrett. Fue Roger quien la trajo terminada, reconoce Gilmour, y al tocarla y cantarla se dieron cuenta de que habían dado a luz una gran canción.

Pink Floyd son tanto sus discos como sus conciertos, como los celebrados en Pompeya o el Gran Canal de Venecia

Habían conseguido tiempo ilimitado en el estudio, de manera que podían experimentar y probar ideas sin descanso. Porque, como en la cita atribuida a Picasso, la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando, y de trabajo estos cuatro británicos saben un rato. La moderna tecnología estaba revolucionando la música contemporánea, ya Syd Barrett experimenta con la guitarra y con el amplificador Selmer Stereomaster. Fueron los primeros tiempos en que Richard Wright genera ese particular sonido desde su órgano Compact Duo que tocó desde 1966 hasta 2006, unido al Gold Binson Echorec, de Farfisa, que producía el característico sonido de eco retardado de la banda.

En 1967 es tiempo de la psicodelia, el club UFO, el Alexandra Palace hasta el amanecer todos puestos de ácido en la fiesta del periódico «underground» «International Times» y «Oz», esta última revista acusada de «corromper a la juventud». El propio Gilmour tuvo que escribir una carta a sus padres en 1968 para que no se preocuparan de lo que leyeran en la prensa, ni de que escribieran su apellido como «Gilmur».

Espectáculo único

Pink Floyd son sus grabaciones tanto como sus giras y conciertos. Desde el directo grabado en las ruinas de Pompeya, hasta el celebrado en el Gran Canal de Venecia, retransmitido vía satélite en 1989. Hay que señalar el aprovechamiento del espacio gracias a dos genios, Mark Fisher y Jonathan Park, que entendieron al instante las necesidades de la banda en directo. Con ideas a veces descabelladas que no llevaron a la práctica, como el gusano gigante ideado como gran carpa donde albergar a público y grupo en su gira americana.

Fue una inagotable búsqueda del espectáculo único, cuando la audiencia se disparó más allá de las 90.000 personas y el rock pasó a los grandes estadios. Tras la salida de Waters con « The Final Cut» (1983), Gilmour y Mason continuaron con el grupo, con el apoyo de Wright en « A Momentary Lapse of Reason» (1987) hasta publicar « The Division Bell» (1994), un álbum dedicado a la comunicación, o más bien a la falta de ella.

El más reciente «The Endless River» (2014) enmarca esta bonita historia, que es en realidad mucho más que música. Al final de la exposición, se despiden con dos vídeos en una sala de «performance» de pantalla gigante que es una gran experiencia. Vayan a verla, pero háganse a la idea de que, para sacarle todo el jugo, se requiere más de dos horas y la billetera puesta al día: el tenderete con todo tipo de material es tentador.