El novelista irlandés Colum McCann en su estudio
El novelista irlandés Colum McCann en su estudio
LIBROS

Cómo elegir tu propia aventura de leer y escribir

Brian Kiteley y Colum McCann se desmarcan con dos tratados para construir historias que son una historia en sí mismos

Actualizado:

Tarde o temprano -más temprano que tarde- casi no hay quien no fantasee con la idea de ser escritor, de escribir. Y, de un tiempo a esta parte, el desbocado tecleo en redes sociales y afines no ha hecho más que potenciar la ilusión y fortalecer el espejismo. Y detalle más que atendible: la práctica de la escritura es la más democrática y económica de todas las artes. Enseguida, claro, se descubre y comprende que la cosa es un tanto más compleja que la correcta combinación de unas pocas decenas de letras y signos y que hay que leer mucho. En cualquier caso, crecen decálogos broncíneos y en ocasiones adictivos talleres literarios y gurúes surtidos que, aunque no lo digan, son conscientes de que no se puede enseñar a escribir bien pero que sí se puede orientar para leer muy bien.

Fue san Juan de la Cruz quien primero patentó eso de «la noche oscura del alma». Siglos después, Fitzgerald le añadió durante el insomnio de su «crack-up» que «en la noche oscura del alma son siempre las tres de la mañana». Y el novelista y profesor Brian Kiteley (Mineápolis, 1965) honra a la memoria de ambos titulando su tratado «La epifanía de las 3 A:M» (Pálido Fuego) porque sabe muy bien que un escritor continúa escribiendo aún con la luz apagada, horizontal, y con los ojos bien abiertos. Y que la idea salvadora -si se mantiene el músculo bien ejercitado- puede aparecer en el momento menos esperado. Si no llega, claro, hay que ponerse a levantar pesas. Y la disciplina gimnástica que propone Kiteley es más para solitarios corredores de fondo y con cierta experiencia.

Lo de McCann parece patrocinado por Ikea. Lo de Kiteley es como una mecedora que restauramos

Es un tratado con recomendaciones y pruebas a acometer que -en más de una ocasión- se leen como perfectos relatos breves. Lo de Kiteley es, sí, algo que (aunque muy bien trufado con ejemplos célebres y citas a citar con copa en mano en alguna fiesta) está más cerca de la ficción que del cómo acercarse a la ficción y propone ejercicios casi barthelmeianos como «Construye un personaje que no esté presente». Es un placer leerlo. Resulta tanto más movilizante e inspirador.

Plácido y seguro

Lo de Colum McCann (Dublín, 1965) es como la plácida y segura versión Dr. Jekyll del arriesgado e imprevisible Mr. Hyde al que nos enfrenta Kiteley. El título original de «50 consejos para ser escritor» (Seix Barral) es el menos engañoso/seductor, y más rilkeano -y posteriormente vargasllosiano- «Cartas para un joven escritor». Desde ahí lo de McCann tiene un cierto aire acaso involuntariamente paternalista y algo condescendiente. Es un libro escrito desde la línea de llegada o ya en las duchas o incluso en casa y en el merecidamente relajado -es un muy buen escritor, últimamente un poco demasiado politically correct y, digámoslo, más conocido y premiado que Kiteley- estudio de un consagrado.

Es, también, un libro cómodo. Capítulos breves ideales para el grado de concentración al que Twitter ha reducido a buena parte de la humanidad y -a diferencia de las dificultades que propone Kiteley- no demasiado inquietante incluso en el mini-capítulo titulado «Fracasa, fracasa, fracasa». Allí se alude a aquel célebre pronunciamiento de Beckett y lo que sigue es una invitación a regocijarte con Joyce y así. Lo de McCann podría venir patrocinado por IKEA. Mientras que lo de Kiteley es como una de esas mecedoras que rescatamos y restauramos con cariño y dedicación irracional. Ejercicio: resumir en una frase los manuales. Resultado: «50 consejos para ser un escritor» piensa por uno; «La epifanía de las 3 A:M» hace pensar. Elijan el tipo de escritor en que les gustaría convertirse decidiendo antes la clase de lector que ya pueden ser.