Detalle de «El Poney Pisador», de Tomás Hijo
Detalle de «El Poney Pisador», de Tomás Hijo
ILUSTRACIÓN

¿Cómo dibujaría un hobbit su mundo?

El ilustrador salmantino Tomás Hijo recrea escenas de la obra de Tolkien con influencias del cómic y los grabados de madera medievales

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La escena, a simple vista, es abigarrada, pero cuando se explora con detalle nos damos cuenta de que nada sobra (ni nada falta). Bajo la enseña del Poney Pisador, la posada más famosa de la aldea de Bree, el posadero, Cebadilla Mantecona, atiende a los parroquianos, algunos cejijuntos y malencarados, mientras en un reservado un montaraz fuma en pipa al tiempo que observa cómo un hobbit cae al suelo con la mano en el bolsillo, palpando un secreto… Hay sirvientas llevando jarras de cerveza, gatos ocultos bajo el mostrador, niños escuchando a un flautista y un misterioso personaje oculto tras la cortina. Cualquier fan de El Señor de los Anillos sabe qué se representa en ese delicioso dibujo que estimula al niño que todos llevamos dentro y que queda lejos del realismo de John Howe, Alan Lee o Ted Nasmith, los grandes ilustradores de los libros de J. R. R. Tolkien.

«El ataque de los huargos»
«El ataque de los huargos»

Este dibujo que describimos obtuvo el premio de la Tolkien Society. El autor, Tomás Hijo, profesor en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca, quería una obra «que no fuera de nuestro mundo, sino del mundo de Tolkien. ¿Cómo dibujaría un hobbit o un enano una posada en la Comarca? Probablemente con humor y costumbrismo, fijándose en las actitudes de los personajes y en los objetos más variopintos. Me baso en la descripción documental que encuentro en la propia literatura, tengo influencias del cómic y de los grabados en madera medievales. Me gusta que la gente se quede un rato mirando mis composiciones».

Ha ilustrado libros infantiles y de texto. «Pero quería hacer algo mío, por puro capricho», confiesa. Las redes sociales le sirvieron de altavoz y ahora vende su trabajo en una tienda online. Ha realizado 25 grabados en madera o linóleo basados en la obra de Tolkien y otros tantos de otros temas, por ejemplo del inquietante universo de Lovecraft. Primero talla con gubias y elimina las partes que no van a salir, dejando en relieve el dibujo. La madera se entinta con un rodillo, se pone el papel encima y se prensa con un tórculo a gran presión. El papel va adaptándose a la madera, cogiendo su relieve (gofrado). Finalmente se seca. A veces, colorea el grabado con acuarelas.

«La furia de Smaug»
«La furia de Smaug»

«Es una técnica complicada», explica el artista. «Si cometes un error tienes que incorporarlo o volver a empezar. Es un proceso entre escultórico y pictórico». Y de una complicación mayúscula cuando los grabados son como el de Las Puertas de Minas Morgul o La Batalla de los Campos del Pelennor, llenos de orcos, hombres y otras criaturas con sus propios rasgos y afanes. Así, como los pintaría un hobbit.