Guardacostas canadiense en la región de Nunavut, en el Ártico
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La codicia mira al Gran Norte

«Ártico», de Marzio G. Mian, describe con estilo de gran reportaje los planes para saquear el confín septentrional de Europa

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El Ártico, ese confín misterioso para los europeos, escenario de epopeya y tragedia, de una belleza tan deslumbrante que es capaz de provocar un síndrome de Stendhal relativo a la naturaleza, se ha convertido en el tablero de operaciones de una geopolítica codiciosa, animada por la configuración de una nueva cartografía: el Gran Norte ya no es una región helada resistente a los exploradores, un vacío, un mar que separa en vez de unir sus bordes costeros, un anti-Mediterráneo desde el punto de vista de la historia de las relaciones humanas, como lo describe el geógrafo Martínez de Pisón.

En septiembre de 2012 la NASA anunció que la superficie del océano helado era de 3,4 millones de kilómetros cuadrados frente a los 8 millones de 1970. Desde 2011 desaparecen en Groenlandia 375.000 millones de toneladas de hielo al año, el equivalente a 400 millones de piscinas olímpicas. Este derretimiento facilita el acceso a un botín asombroso: el 40 por 100 de las reservas mundiales de combustible fósil (el 30 por 100 de todos los recursos naturales) se encuentra ahora al alcance de Estados Unidos, Rusia (la remota Tierra de Francisco José ya es conocida como «archipiélago Putin»), Noruega... y, por supuesto, China. No hace tanto, Groenlandia era la Luna. Y, de repente, sus yacimientos de uranio y tierras raras -elementos químicos esenciales para los teléfonos móviles, la fibra óptica y la tecnología militar- podrían convertirla en un Congo boreal.

El deshielo ha abierto nuevas rutas comerciales y turísticas -el temible paso del Noroeste ya no es lo que era- y dejado al descubierto caladeros de pesca que excitan la codicia. «El Ártico», señala el periodista italiano Marzio G. Mian en este libro necesario, un demoledor reportaje de doscientas páginas que es difícil que deje indiferente a alguien, «desvela la hipocresía y la arrogancia de nuestra civilización».

Sobre el terreno

En Ártico. La batalla por el Gran Norte (Ariel, 2019), el autor parte de su experiencia sobre el terreno, con pasajes de una poética belleza, como cuando describe el desprendimiento de icebergs desde un casquete glacial («Estallidos y rugidos desgarran el silencio y anuncian el colapso de paredes enteras, farallones que se abisman provocando pequeños tsunamis y la excitación de miles de aves»). Al tiempo, da voz a científicos, refugiados climáticos, políticos que no ven (o no quieren ver) que Groenlandia pasará de depender del subsidio danés a hacerlo de poderosas corporaciones extranjeras, y gerentes de empresas mineras que opinan, cínicamente, que si la isla quiere la independencia «no tiene más remedio que abrir esta caja fuerte de los cojones».