La escritora brasileña Clarice Lispector
La escritora brasileña Clarice Lispector
LIBROS

Clarice Lispector para niños

La autora de «La pasión según G. H.» también escribió cuentos. Historias que creó pensando en sus propios hijos y que la editorial Sabina recupera en la «Colección Clarice Lispector»

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En los cuentos que Clarice Lispector escribió para sus propios hijos, y que ahora se publican por primera vez juntos en España en la editorial Sabina, no suceden demasiadas cosas ni tampoco demasiado rápido. Hay en el fondo un estatismo liberador e interesante. Una quietud. La autora nació en 1920 en la ciudad de Chechenik, Ucrania, y partió pronto a Brasil, y allí murió (1970), y de allí se sentía. En estos relatos infantiles encontramos a una narradora lo suficientemente serena como para pararse a pensar en la pobre vida de las cucarachas, rechazadas por todos y perseguidas a menudo con la zapatilla en la mano, o en por qué las gallinas perdieron sus dientes, o en cómo al coger a un pollito para calentarle «sientes su minúsculo corazón latiendo dentro de su cuerpecillo blando y tibio».

Un beso en la frente

Ella decide escribir lo extraño y misterioso que es el mundo desde el lado de lo doméstico. Sus páginas se convierten en un lugar confortable y digno de confianza en el que instalarse para empezar a comprender la vida. La escritora invita al lector expresamente en uno de los cuentos, «La mujer que mató a los peces»: «Yo solo invito a los bichos que me gustan. Y, claro, también invito a niños, a niñas y a personas mayores. ¿Sabéis una cosa? Acabo de decidir que invitaré a algunos niños y niñas para que me vengan a visitar. Estaré tan contenta que le daré a cada cual una porción de pastel, una bebida muy sabrosa y un beso en la frente». Ni en su sencillez hay simplicidad, ni en su calidez cursilería. La calidez es muy importante en estos cuentos. Y también la sinceridad.

Ahora convivimos tan frecuentemente con lo falso, en todos los sentidos y también en lo literario, que la sinceridad se convierte en un motivo de asombro. En muchas novedades contemporáneas hay un profundo fingimiento y una doble afectación que pueden presentarse envueltos en sutilidad y provenir de cualquier frente: del tema, del estilo o del espíritu forzado de la obra. Los cuentos de Lispector no son muy lineales, la narradora interrumpe el relato varias veces para preguntarle cosas al lector, hace digresiones con una libertad muy descarada, el estilo es diáfano pero mezcla la reflexión y el juego a través del lenguaje con las peripecias de los animales protagonistas… se diría incluso que son a veces raros. Pero en ningún caso mentirosos. Por eso conectan con el lector y resultan hermosos.

Tanta fama

En un artículo de Francho Barón que apareció en el diario «El País» en 2013, cuando Siruela publicó la Nueva Biblioteca Lispector (títulos como «La pasión según G. H.», el título que le dio tanta fama a la escritora, o «Queridas», que recoge la correspondencia con su hija), el hijo de Clarice, Paulo Gurgel, recuerda a su madre «con una máquina de escribir en su regazo, tecleando absorta en medio del salón principal de la casa entre los ruidos de los niños, el teléfono o la empleada. Por tanto, no tenía nada de escritora maldita que necesitaba aislarse del mundo para encontrar la inspiración». Creo que esta imagen de Lispector escribiendo adherida al transcurrir de la vida traslada un sentir parecido al de sus cuentos: la proximidad con lo íntimo y una atractiva naturalidad que hace del mundo un lugar comprensible y habitable sin necesidad de negarle su complejidad.

La editorial Sabina la fundaron en el año 2007 tres mujeres: Mª Milagros Montoya Ramos, Carmen Oliart y Ana Mañeru. Casi diez años después su catálogo es razonable y lo bastante breve y alejado de los excesos, parece nacido de amores o afinidades literarias un poco al margen de la moda. En literatura infantil y juvenil ha creado dos colecciones, una llamada «Una historia verdadera», que publica biografías bilingües ilustradas (la última novedad «María Zambrano», de Juana Castro) y esta «Colección Clarice Lispector» que reúne «Casi de verdad», «Cómo nacieron las estrellas», «La vida íntima de Laura», «El misterio del conejo que sabía pensar» y «La mujer que mató a los peces». En mi opinión los más interesantes son los dos últimos, y también «Cómo nacieron las estrellas», que recoge doce leyendas brasileñas. Están ilustrados además con coherencia por Susana Miranda, Sandra Aguilar e Inés Burgos. En otros, como en «La vida íntima de Laura», el argumento queda más confuso.

Ni en la sencillez de los cuentos de lispector hay simplicidad, ni en su calidez hay cursilería

El conejo de «El misterio del conejo que sabía pensar» se llamaba Juanito, y pensaba sus ideas con la nariz, moviéndola muy deprisa. Eso sí, «para conseguir oler una sola idea tenía que fruncir quince mil veces la nariz». Olfateando descubrió que la Tierra es redonda y que las nubes se mueven lento, y la importancia del placer. El libro está escrito para un niño, y así se dice en la primera página, que esta historia «solo sirve para los niños a los que les gustan los conejos. Fue escrita a petición-orden de Pablo, cuando era pequeño y todavía no había descubierto simpatías más fuertes». Pablo le pide a su madre que descubra el misterio de la fuga del conejo. Ella no consigue resolverlo, porque verdaderamente es un gran misterio, pero la vinculación entre la escritora y el lector primero que es su hijo y que representa a todos los demás es muy fuerte. Se crea la intimidad.

Remanso subterráneo

También sucede así en «La mujer que mató a los peces», donde Clarice Lispector le pide a su hijo y al lector que le perdonen porque se le olvidó dar de comer a dos peces coloraditos y se le murieron. Ella defiende que es una persona de fiar, y que siempre ha cuidado a los animales invitados o no a su casa, y que lamenta más que nadie tan horroroso despiste. Pero que, claro, también escribe historias para personas mayores y anda muy ocupada.

Que la calidez es muy importante en estos cuentos, ya lo hemos dicho. Está presente, como un remanso subterráneo, en todos ellos, a pesar o a causa de su realismo. Y tal vez se deba a que cada personaje que camina por estas páginas, el conejo Juanito y el perro Dilermando, la gallina Laura, la monita Lisete y el pájaro de la suerte, todos ellos son acogidos por la autora. Y con eso basta.