La familia Ulises, protagonista de un sello de correos
La familia Ulises, protagonista de un sello de correos
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«TBO», cien años de un juguete literario

Nació como semanario festivo infantil y acabó como pieza de nuestro patrimonio cultural. Un libro y una muestra en el Salón del Cómic de Barcelona le rinden homenaje

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Mucho antes de que las alarmas antirrobo modernas ofrecieran detección anticipada de intrusión y anti-inhibidores una publicación infantil había inventado un sistema infalible para ahuyentar a los cacos: al forzarse la puerta, un clavo colocado en su interior haría explotar un globo que sostendría un manojo de petardos; tras caer sobre una vela encendida, los petardos estallarían (¡pim!, ¡pam!, ¡pom!) provocando el pánico en el maleante.

Los grandes inventos de TBO se convirtieron, con el tiempo, en una categoría para definir las ocurrencias más disparatadas de la vida real, lo mismo que la familia Ulises fue una de las mejores series costumbristas de la historieta española de la posguerra, reflejo de las vivencias y miserias de la clase media, de sus conquistas (la compra de un televisor, de un coche o de una segunda residencia, las salidas al campo o de veraneo...). Los inventos y la familia Ulises (precursora de la saga Alcántara de Cuéntame cómo pasó), como Melitón Pérez, Angelina y Cristóbal, Eustaquio Morcillón y Babali, el profesor Franz de Copenhague, Josechu el vasco, Maribel o Altamiro de la cueva se colaron en el equipaje sentimental de generaciones de jóvenes (y no tan jóvenes) lectores de la revista que dio nombre a los tebeos.

Un «gran invento» de 1946
Un «gran invento» de 1946

Ediciones B acaba de lanzar 100 años de TBO, un magnífico volumen escrito por el historietista Antoni Guiral con la colaboración de Lluís Giralt (ambos se definen como tebeólogos), que es un homenaje no solo al mítico semanario sino a sus lectores. Por su parte, el 35 Salón del Cómic de Barcelona (del 30 de marzo al 2 de abril) ofrecerá la exposición Humor Blanco de TBO para conmemorar este centenario. La muestra, comisariada por el propio Guiral, contará con un centenar de originales, entre ellos la primera página publicada de la familia Ulises y chistes ilustrados que no pasaron el corte de la censura.

La prensa infantil tiene su primer ejemplo en el británico The Lilliputian Magazine (1751-1752), con sus textos cargados de moralina, sus fábulas, chistes y acertijos, un modelo que cuaja en toda Europa, también en España, donde en 1798 se publica La Gaceta de los Niños. Varios periódicos infantiles de corta vida surgen en el siglo XIX en paralelo a revistas satíricas para adultos. En 1904 aparece Gente Menuda como una sección de la revista Blanco y Negro (en su azarosa historia se convierte en suplemento sabatino, en magacín autónomo y, nuevamente, en parte de su revista matriz).

Primera portada de «TBO» (1917)
Primera portada de «TBO» (1917)

Dominguín (1915-1916) y Charlot (1916-1924) son los precedentes inmediatos de TBO, nacido en la litografía del impresor Arturo Suárez, a quien uno de sus colaboradores, el periodista y libretista de zarzuelas Joaquín Arques, convence para lanzar «una revista infantil con narraciones». El primer número se publica el 17 de marzo de 1917 (otras fuentes hablan del 11 del mismo mes) a un precio de 5 céntimos. Donaz es su único dibujante, desde la portada hasta la última de sus ocho páginas. Advierte su editorial que «TBO no se propone cansar las jóvenes imaginaciones con arduos problemas ni serias doctrinas... Un algo superficial, fácil, alegre y chistoso, sin traspasar los justos límites ni llegar a lo chabacano. En una palabra, el chico necesita un juguete literario. TBO es el juguete que hemos confeccionado». No faltan textos copiosos a pie de dibujo (los bocadillos asoman en los años 30 y la imagen cobra mayor protagonismo a mediados de siglo).

Hay varias teorías sobre el origen del nombre. Alberto Viña, director entre 1965 y 1983, aseguró en una carta en La Vanguardia que «no es más que una ingeniosidad que consigue con solo tres letras hacer una frase festiva (‘te veo’), con falta de ortografía incluida para lograr el efecto fonético deseado». Rosa Segura, secretaria de redacción entre 1956 y 1983 y muy zarzuelera, halló un libreto de 1909 cuyo título era T. B. O. y que versaba sobre el lanzamiento de un periódico. No hay que olvidar la vinculación de Arques con la zarzuela; quizás por eso propuso al editor este nombre.

Almanaque de 1919
Almanaque de 1919

«Los editores y autores no se consideraban artistas, sino artesanos. Para ellos este proyecto surge por su amor al dibujo, una forma de pasar el rato y ganar algo de dinero. Estaban construyendo patrimonio cultural sin saberlo», señala Antoni Guiral, autor de 100 años de TBO. Destaca la figura de Joaquim Buigas (Barcelona, 1886-1963), director de la publicación desde el décimo número hasta el día de su fallecimiento. «Era un emprendedor que había hecho las Américas antes de convertirse en factótum de TBO: escribía guiones (no firmados), diseñaba maquetas, decidía que historietas extranjeras podían ‘copiarse’, fichó a ilustradores franceses y creó a la familia Ulises». La revista alcanzó una tirada de 300.000 ejemplares a mediados de la década de 1950, en el cénit de su edad dorada.

El libro recuerda también a los autores de TBO, a Ayné, Benejam, Bernet Toledano, Blanco, Coll, Cubero, Donaz, Muntañola, Sabatés, Serra Massana, Sirvent, Urda y tantos otros. Y deja un poso de melancolía para la generación del baby-boom. «Los chavales de hoy no miran el papel, solo la pantalla», concluye Guiral.