El escritor y exministro de Cultura César Antonio Molina
El escritor y exministro de Cultura César Antonio Molina - Maya Balanya
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César Antonio Molina retrata una sociedad anestesiada

En «Las democracias suicidas y otros escritos de política» se reúnen los artículos donde César Antonio Molina advierte del resurgir de viejos fantasmas

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En 1953 la editorial Hamish Hamilton publicó en Londres «El largo adiós», de Raymond Chandler, una de las más brillantes novelas protagonizadas por ese personaje tan cínico como melancólico, inteligente y solitario que es Philip Marlowe, quien le comenta al policía Bernie: «Si un tipo pierde su salario es una mesa de juego, hay que prohibir el juego. Si se emborracha hay que prohibir el alcohol. Si matan a alguien en un accidente automovilístico, hay que dejar de fabricar coches. Si lo pescan con una muchacha en la pieza de un hotel, hay que terminar el intercambio sexual. Si se cae de la escalera, hay que dejar de construir casas.» Entonces, lo que parecía mera especulación de un tipo extraño, exagerado, irónico y un tanto asocial se ha convertido en la moneda de cambio habitual. Vivimos, menuda paradoja, en el apogeo de las prohibiciones y los protocolos. Una sociedad anestesiada por ella misma, que crea y elige a quienes deben aplicar la anestesia. Círculo perfecto.

César Antonio Molina (La Coruña, 1952) publica «Las democracias suicidas», cerca de una treintena de artículos, algunos inéditos y otros, buena parte de ellos, aparecidos en las páginas de ABC Cultural, y el resto en «Revista de Occidente», «El País» y «El Mundo». El título es sugestivo y provocador. El volumen está ordenado en dos grandes bloques: «Nuestra democracia suicida» y «Las democracias suicidas». En el primero, se tratan los asuntos que componen los grandes temas de nuestro tiempo referidos a España: las trampas de la memoria histórica, el nacional populismo, la nueva leyenda negra, el fin de los moderados, el cadáver de la educación, entre otros; en el segundo, la cuestión se deriva hacia: los esclavos de la libertad, la enfermedad cultural, la obsesión por aniquilar las ideas contrarias, la nostalgia de las revoluciones fracasadas o el nacionalismo patológico.

Prima el espectáculo, y hoy la barbarie ya ni siquiera muestra un rostro humano, sino digital

Escrito con una prosa ensayística ágil y cercana para el lector, es la confirmación, documentada y sugestiva, de un estado de la cuestión sobre lo que se nos viene encima: «Los viejos fantasmas están resucitando y, si cabe, con más fuerza y con nuevas máscaras equívocas. Al descartar las humanidades en los planes de enseñanza, algo fundamental para comprender el mundo, el corazón humano, la sociedad y la civilización democrática, nos hemos entregado a una nueva barbarie

Papanatismo

Barbarie que ya ni siquiera muestra un rostro humano, sino digital. Una sociedad que prima el espectáculo frente a la inteligencia; el morbo frente al rigor; los instintos frente a la razón; la sanción televisiva frente a la libertad individual; el fetichismo de la tribu frente a la idea de un proyecto común; la consigna frente al conocimiento; la ocurrencia frente a la investigación; el papanatismo frente a la instrucción; el fundamentalismo frente a la Ilustración... y así hasta el atorrante escenario de la banalidad más rotunda y peligrosa.

En palabras de Nietzsche bien podría concluir con una inquietante pregunta: «¿Qué ha sido de todo eso?». Cuando «todo eso» era la inteligencia, la sensibilidad, el respeto y, por encima de cualquier otra cosa, la libertad. La misma con la que está escrito este espléndido ensayo.