Detalle del mapa de «La guerra de las galaxias»
Detalle del mapa de «La guerra de las galaxias»
LIBROS

Cartografía de los clásicos del cine

Este atlas traza la ruta de los personajes de «Star Wars», «Alien», «King Kong», «Tiburón», «El resplandor», «El Señor de los Anillos», «Pulp Fiction» y otras grandes películas

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King Kong vive en el ático de la isla Calavera, en un escarpado monte con cavidades oculares donde es el eslabón superior de la cadena alimenticia -ni siquiera las bestias prehistóricas pueden con él-, pero los avatares de la vida le conducen a la cima del mundo, el Empire State, donde acaba acorralado junto a su chica, Ann Darrow, por aviones de caza biplanos que le disparan. «Tanto Nueva York como la isla Calavera están enfermas», señala el ilustrador estadounidense Andrew DeGraff. «La primera debido a la Gran Depresión y la segunda a una fe puesta en el dios equivocado. King Kong es una película muy pesimista y quería que el color lo reflejara».

DeGraff no es nuevo en estas lides. Sus trabajos dan brillo al New York Times y el New York Observer y hace un par de años publicó Trazado (Impedimenta), un atlas inspirado en clásicos de la literatura. «Parte de la alegría de la ilustración es que su contenido procede de fuentes externas. Nos corresponde moldearlas y presentarlas al espectador», nos decía entonces. De la literatura ha dado el salto al séptimo arte en Cinemaps. Atlas de 35 grandes películas (GeoPlaneta), y su peculiar cartografía se apoya en los ensayos de A. D. Jameson, crítico de cine y profesor de escritura y cinematografía en la Universidad de Illinois, que adopta un tono didáctico.

Vidas cruzadas

De modo que podemos seguir la ruta de Luke Skywalker, Han Solo, la princesa Leia y Darth Vader a través de los diferentes planetas, naves y, por supuesto, las tripas de la Estrella de la Muerte de La guerra de las galaxias y sus secuelas; del desquiciado Jack Torrance (Jack Nicholson) mientras persigue a su hijo Danny en el laberinto de setos de El resplandor; del letal xenomorfo desde la nave abandonada en un planetoide hasta los pasillos del Nostromo en Alien, el octavo pasajero; del gigantesco escualo que siembra el pánico en las playas de Amity Island y del cochambroso barco que trata de darle caza en Tiburón; del Rubio (Clint Eastwood), Sentencia (Lee Van Cleef) y Tuco (Eli Wallach) por los decorados del salvaje Oeste -en realidad, de Burgos, Almería y otros parajes españoles que se consagraron con el spaghetti western- hasta confluir en el duelo final de El bueno, el feo y el malo; o de Jules Winnfield, Vincent Vega, Marcellus y Mia Wallace, Butch Coolidge, el Señor Lobo, el Tarado y demás frikis de vidas cruzadas en Pulp Fiction. Aguadas sobre papel para hacer las delicias de los aficionados al cine, la ilustración, la cartografía e, incluso, los viajes, aunque sean imaginarios. «Para el mapeo, los viajes funcionan mejor», confiesa DeGraff.

Influencias

El autor reconoce, de forma honesta, que «se arrodilla ante el altar del cine popular», así que el lector no hallará en este libro cartografías de películas de arte y ensayo, aunque sí de «obras de artesanía creadas por extraordinarios talentos», como H. R. Giger (el «padre» del extraterrestre y de algunos de los decorados de Alien) o Ron Cobb, artista y diseñador de producción que puso su imaginación al servicio de Star Wars o En busca del arca perdida, entre otros títulos. «Esos creadores fueron mis primeras influencias, incluso antes de conocer sus nombres», añade DeGraff.

El índice apuesta por un orden cronológico y así encontramos, en primer lugar, el mapa de Metrópolis (1927), la distopía operística de Fritz Lang, y en último, Mad Max: furia en la carretera (2015), la secuela del clásico de 1979 que George Miller convirtió en un desparrame postapocalíptico. El atlas funciona mejor cuando el ilustrador traza los pasos de uno o pocos protagonistas, preferentemente en espacios urbanos (o abiertos, pero no abigarrados), como en el caso de Roger Thornhill (Cary Grant) en Con la muerte en los talones, y se hace confuso en ambientes selváticos (Depredador, Parque Jurásico) o espaciales (la sagas de Star Wars y Star Trek).

DeGraff no ha podido resistir la tentación de dibujar la Tierra Media de Tolkien. Los mapas siempre fueron esenciales en El Señor de los Anillos y el propio escritor hizo los primeros esbozos: se trataba de crear un mundo secundario «verosímil», que pudiera cartografiarse como el nuestro. Dar un barniz de realidad es uno de los mandamientos de la literatura fantástica. El original tiene 133 centímetros de largo y es el mapa más grande del libro. «Tardé mil horas en pintarlo», confiesa DeGraff, que bebió en la fuente literaria y en las películas de Peter Jackson. Porque esto va de cine.