Detalle de las estancias del nuevo Palais de Tokyo
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ARQUITECTURA

«Cambio de clima». La arquitectura y los nuevos Encuentros de Pamplona

El IV congreso de Arquitectura y Sociedad en Pamplona lleva por título «Cambio de clima». Sus ponentes de primer nivel han creado un estado general de ánimo basado en el compromiso social similar al de los Encuentros en la ciudad de 1972

PamplonaActualizado:

Cuando conozco a alguien que vivió los Encuentros de Pamplona de 1972 siempre intento indagar sobre cómo fue ver a John Cage tocando en el famoso frontón de mi ciudad, el Labrit, o qué se experimentaba al entrar en las cúpulas neumáticas de Prada Poole situadas en el segundo ensanche. Despierta mi curiosidad imaginarme Pamplona, que durante estos días celebra el cuarto congreso de la Fundación Arquitectura y Sociedad, lleno de artistas precursores de movimientos que entendieron el arte de una forma que vino para quedarse. Aunque nunca más se repitieran aquellos encuentros, sirvieron para abrir al país a algo nuevo: el arte como participación y la conversión de la ciudad en fiesta del arte.

Pienso en todo esto mientras escucho en el Baluarte de Pamplona, obra de Pachi Mangado y que se sitúa precisamente en el mismo solar en el que Prada Poole instaló aquellas cúpulas inflables; a Rem Koolhas, a Pierre de Meuron, a Jean-Philippe Vassal o a Iñaki Ábalos, grandes figuras de la arquitectura contemporánea hablando sobre meta-arquitectura, pensando desde la arquitectura en arquitectura y en su impacto político en la sociedad. Porque la arquitectura es política en realidad, pero en ese sentido griego de polis como orden. Y eso exige responsabilidad en la visión y en la ejecución.

El clima social

El título del cuarto congreso de Arquitectura y Sociedad, inaugurado por los Reyes, lleva por título «Cambio de clima». Durante estos días, los ponentes venidos de todo el mundo, y con proyectos por todo el mundo, han ido definiendo lo que significa para ellos ser arquitecto en una sociedad posindustrial, una sociedad con migraciones, compleja y llena de encrucijadas. Entre ellas, la del clima. Pero el congreso ha dejado claro que el clima aquí no significa sólo lo meteorológico y los retos que conlleva, que no son pocos; aquí clima es clima social, y cómo un arquitecto puede construir para cambiar una sociedad que necesitará estar abierta como nunca.

Desde ese título del congreso, los ponentes que han intervenido han terminado haciendo un «statement», una declaración de principios, que nos habla del arquitecto como aquel que es capaz de entender a la sociedad, detectar movimientos, y prever para establecer soluciones como ha defendido Kjetil Trædal Thorsen. La arquitectura siempre refleja los modos de entender la sociedad y sus relaciones, y enfatiza esos modos, de ahí que Ábalos haya hablado de cómo las calles estrechas y con patios en Sevilla predefinen, y responden, a una forma de relación social, muy diferente como el mismo ha recordado a la que uno se encuentra en Boston.

La arquitectura es política en realidad, pero en ese sentido griego de «polis» como orden. Y eso exige responsabilidad en la visión y en la ejecución

Todos han puesto la palabra «People» (gente) en el centro de sus discusiones, donde la empatía con las necesidades se establece desde un campo de creatividad que se distingue por ser «disctintive» (peculiar o nueva). Y ahí han salido muchas referencias a la poesía y al arte en las conferencias. Desde la genial reflexión arquitectónica a partir de un retablo icónico de Grunewald de principios del siglo XVI sobre el que los Herzog & De Meuron cimentaron el nuevo Museo Unterlinden de Colmar, Francia, que también acoge lo contemporáneo y la «performance»; a las referencias de Ábalos al paso del autorretrato como género artístico ensimismado, con sus derivas en arquitectura, a la naturaleza muerta como manera de pensar el paisaje y la disposición de objetos.

O la referencia a Robert Smithson y su «Land Art» realizada por Rem Koolhas para hablar de las nuevas arquitecturas de lugares que se establecen como almacenes en Nevada para las nuevas industrias de Sillicon Valley; llegando a las fotografías de Ola Kohlamainen, citado por la arquitecta Louisa Hutton al hablar del efecto de las fachada de su proyecto para el Museo Brandhorst de Múnich. Y dejo para el final la fenomenal visión de Vassal sobre la poesía y la arquitectura: hablando de construcción desde lo básico en su estancia en Níger y sus efectos en su narrativa de no destruir y aprovechar viviendas en Francia en vez de ser demolidas, o la fantástica rehabilitación del Palais de Tokyo de París, quizás uno de los mejores espacios de arte, o esa referencia a un concurso de una plaza de Burdeos cuya solución consistió en hablar con los vecinos y detectar que lo único que había que hacer era limpiar con más frecuencia la plaza. Empatía de nuevo.

Expandir los límites de la experiencia

Si en los Encuentros de Pamplona del 72 los artistas prefijaron un rumbo del arte experimental, audiovisual, posmoderno, inclusivo, en busca de la entrada del espectador, estos nuevos encuentros de Pamplona en los que de manera natural se han erigido los congresos de la Fundación Arquitectura y Sociedad, nos han acercado en esta edición a la figura del arquitecto como el configurador de nuevos espacios de convivencia humana en una sociedad en constante cambio, un arquitecto que, como Ábalos, defiende una arquitectura análoga con el arte en su capacidad de expandir los límites de la experiencia y el establecimiento de las bases para una buena vida.

Y en unos años podré responder yo cuando me pregunten por cómo fue ver a Rem Koolhas en estos Encuentros de Pamplona. Diré que defendió una visión de la arquitectura como construcción de polis, y cómo su conferencia se centró en una defensa de Europa como necesidad, precisamente por ser un proyecto cultural y en el cual el arquitecto debe de posicionarse para desde la arquitectura construirlo.

Encuentros en Pamplona para narrar, de nuevo, el futuro.