Tras dedicarse al arte, Medearis entra en la novela negra
Tras dedicarse al arte, Medearis entra en la novela negra
LIBROS

«Callejones de Brooklyn», otra vuelta de tuerca

La ópera prima del norteamericano Wil Medearis tiene resonancias de Raymond Chandler y Baldwin

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Es invierno en Nueva York y Hannah, prometida con un joven y popular heredero de Manhattan, ha desaparecido. Este tradicional planteamiento bastaría para desarrollar una buena novela de suspense, sin embargo «Callejones de Brooklyn» no es solo la historia de una desaparición y su mayor virtud no reside en la capacidad de Wil Medearis para despertar el interés del lector a partir de una trama clásica, sino en el riesgo que este novelista primerizo corre al concentrar el peso de la acción en las circunstancias del personaje encargado de resolver el misterio; un reto que supera con éxito.

En 1981, Christopher Priest, autor de la aclamada «El prestigio», publicó «La afirmación», una interesante propuesta narrativa que buceaba en la posibilidad de poner en duda algo que, ya de por sí, sabemos que es mentira y aún así permitimos que nos afecte como lo que es cierto: la propia ficción. Y eso es exactamente lo que hace Medearis en su ópera prima con una destreza notable: dar al género otra vuelta de tuerca a través de Reddick, su protagonista, un pintor treintañero y sin obra, que subsiste montando instalaciones artísticas en las casas imponentes de viejos y nuevos ricos, y cuya vida cambia por completo cuando, de una manera un tanto surrealista, recibe el encargo de seguir el rastro de Hannah.

Retrato social

Ambientada sobre todo en los escenarios suburbanos de un Brooklyn acosado por la gentrificación, la búsqueda de Hannah no tarda en desplazarse a un plano casi secundario para cederle el brillo a una incógnita que, poco a poco, infecta el perfil de Reddick y nos genera una desagradable inquietud. No tardaremos en intuir -y descubrir si estamos o no en lo cierto se convertirá en el aliciente principal de nuestra lectura- que el punto de vista de Reddick quizás no sea fiable y altere la descripción de unos hechos que, a pesar de haber sido inventados, merecemos conocer tal y como sucedieron «de verdad».

Con este desafío de corte literario y cargado de magia, Wil Medearis convierte en única una investigación que, de otro modo, resultaría manida y construye su universo neoyorquino, influido sin duda por Chandler y Baldwin, pero también por su propia experiencia vital, muy cercana a las vivencias que atribuye a quienes habitan «Callejones de Brooklyn» componiendo un inteligente retrato social de una de las ciudades más carismáticas e inspiradoras de todos los tiempos.