Lectura del comunicado de La Caja de Pandora en Madrid
Lectura del comunicado de La Caja de Pandora en Madrid - ABC
ARTE

La Caja de Pandora, el #MeToo del arte español, hace sus presentaciones en Madrid, Lugo y Londres

La explanada del Museo Reina Sofía –y también la Tate– ha sido el escenario elegido por representantes de un colectivo de 3.000 mujeres nacido en redes sociales para dar voz y denunciar casos de violencia machista y abuso de poder en el arte

MADRIDActualizado:

Resulta curioso que antes de que el movimiento #MeToo acogiera en Twitter las denuncias de mujeres conocidas y anónimas que alertaban de los abusos y acosos que habían sufrido en todos los estamentos sociales (provocados a su vez por las denuncias llevadas a cabo en octubre por publicaciones como «The New York Times» o «The New Yorker» de este tipo de agresiones en el ámbito cinematográfico, con la figura de Harvey Weinstein como diana de todos los dardos), en España, un movimiento similar ya había tomado forma muchos meses antes desde el ámbito de las artes visuales en Facebook.

El grupo en cuestión se hizo llamar «La Caja de Pandora», y lo que desencadenó su puesta en marcha fue una denuncia de un supuesto caso de abuso sexual (el sistema, y aunque no nos guste, siempre es garantista con aquel que comete un crimen) sufrido por la creadora Carmen Tomé por parte del comisario Javier Duero, entonces uno de sus tutores en el programa de residencias A Quemarropa que tenía lugar a finales del mes de julio en el Centro Cultural Las Cigarreras, en Alicante.

Un reguero imparable de pólvora

Este caso se convirtió pronto en un reguero de pólvora que se «encendió» con las acusaciones de muchas otras mujeres que, en la intimidad que les permitía la conocida red social, daban a conocer a puerta cerrada situaciones similares de abusos, intimidaciones, agresiones o actitudes machistas, algunas con los mismos nombres propios como «manos ejecutoras», lo que permitió que poco a poco se estableciera como una herramienta válida para compartir información sobre los abusos de poder en el mundo del arte y los, en su opinión, numerosos casos de agresión sexual que tienen siempre a la mujer como víctima, promovidos por un sistema que los ampara e invisibiliza.

El comunicado es tajante: «Estamos aquí para abrir La Caja de Pandora públicamente y mostrar nuestro apoyo a Carmen Tomé y a todas las Carmen Tomé que ha habido y que desgraciadamente hay. Nosotras sí os creemos»

En la actualidad, La Caja de Pandora es un grupo exclusivamente de mujeres («y otras identidades de género no hegemónicas», como les gusta puntualizar) que reúne a más de 3.000 profesionales vinculadas al arte, el teatro y otros ámbitos de la cultura en España. Un conjunto heterogéneo que se define como «feminista, antirracista, anticapacitista e inclusivo con todas las diversidades», organizado y «en lucha por un contexto libre de violencias machistas y abusos de poder». Esta mañana, algunas de sus integrantes se presentaban por primera vez de forma pública ante la sede del Museo Reina Sofía en Madrid, mientras otro pequeño grupo hacía lo propio delante de la fachada de la Tate en Londres, y, en Lugo, el comunicado era leído en gallego. Una forma de demostrar que sus redes están por todas partes.

«Nos organizamos de forma asamblearia, y así es como se toman todas las decisiones –explica la comisaria, y una de las nuevas directoras de JustMad, Semíramis González, también una las caras más visibles de La Caja de Pandora–. Los tiempos en estos casos son otros, y queríamos darnos a conocer de manera calmada, con las intenciones ya muy definidas, a finales de febrero, aprovechando que Madrid se convierte en capital del arte gracias a todas las ferias; pero todo se precipitó la semana pasada». Entonces, un periódico de tirada nacional daba a conocer lo que ya era un secreto a voces en el mundo del arte, pero algo desconocido para el gran público, lo que generó que muchos otros medios se interesaran por el asunto, desbordando la capacidad de respuesta de las integrantes del colectivo, que, como hoy han demostrado ante las puertas del Museo Reina Sofía, no están dispuestas a responder a ninguna pregunta si antes la respuesta no ha sido consensuada por todas ellas.

Lectura del comunicado en Lugo
Lectura del comunicado en Lugo - La Caja de Pandora (Facebook)

Lo que se ha escenificado hoy ante las puertas del principal centro de arte contemporáneo del país ha sido la lectura de un escueto manifiesto –que ha suscitado el interés de muchos medios, algunos extranjeros– con el que la plataforma se da a conocer y muestra su total apoyo a la creadora cuya denuncia propició su nacimiento: la denuncia por abuso sexual que Carmen Tomé interpuso e hizo pública contra Javier Duero, cuyos contenidos, además, fueron grabados en vídeo y distribuidos por redes sociales como parte del «proyecto final» de la artista para las residencias A Quemarropa.

«A raíz de este caso –reza el comunicado en su arranque, leído por una portavoz que no quiso dar su nombre y a la que acompañaban un grupo de unas cincuenta personas, todas miembros del colectivo– se empezaron a compartir las situaciones de agresión, opresión, coacción e invisibilización que dibujan la forma de funcionar sistémica y estructural que existe tanto en nuestra sociedad heteropatriarcal como en nuestro sector en particular»: «Estamos aquí para abrir La Caja de Pandora públicamente y mostrar nuestro apoyo a Carmen Tomé y a todas las Carmen Tomé que ha habido y que desgraciadamente hay. Nosotras sí os creemos».

Espacio de hermanamiento

Las pandoras, como se hacen llamar a sí mismas, han conseguido organizarse de forma interna para facilitar labores de asesoramiento y acompañamiento, más allá del ámbito digital. Tal y cómo explicaban hoy desde su discurso cerrado, La Caja funciona «como espacio de sororidad, de hermanamiento entre mujeres, para darnos el calor y la cercanía que nos han querido arrebatar». «En realidad lo que el grupo está haciendo sobre todo es llevar a cabo un seguimiento del caso de Carmen Tomé –apunta González, que también participó ayer en la elaboración del manifiesto–. Estamos intentando generar un fondo común entre todas para asumir las costas de un juicio que parece que al final no va a resolverse a nuestro favor».

González confiesa que se sorprende con muchos de los testimonios, «aunque sepas desde hace tiempo que estas cosas pasan. Sobre todo con los que tienen que ver con el ámbito universitario. También cuando se descubre que hay nombres que las denunciantes repiten constantemente»

Tal y como su portavoz ha desgranado hoy ante las puertas del Museo Reina Sofía (habital escenario para otras reivindicaciones feministas anteriores), la acción de Javier Duero contra Tomé dio pie a una triple agresión: En primer lugar, por ser él un hombre y ella una mujer, «en una sociedad marcada por la desigualdad». Seguidamente, porque, en su opinión, «él ejercía una figura de autoridad al estar contratado para ofrecer formación en la residencia artística en la que ella había sido seleccionada». Finalmente, «por tener él una posición privilegiada, puesto que representa una figura de poder dentro del mundo del arte»: «Una vez más, se pone de manifiesto cómo las estructuras se aprovechan de los privilegios que los hombres ostentan».

Si algo ha dejado claro el movimiento #MeToo en Estados Unidos después de que fuera abanderado por Oprah Winfrey en la ceremonia de entrega de los Globos de Oro es que esta revolución feminista en ciernes no puede basarse solo en las lamentaciones, sino que es tiempo de actuar; y que en ningún caso llegará a buen puerto si no es en compañía de hombres que también empaticen con la causa. Curiosamente, y cronológicamente, el movimiento de La Caja de Pandora es anterior al americano, pero deja a los compañeros masculinos de profesión de lado: «Es una decisión que se tomó desde el principio –relata González–, por el miedo de muchas de las integrantes, al estar contando sus casos de forma abierta. En cualquier caso, pronto se habilitó una página en la misma red social a cuyos contenidos puede acceder cualquiera». No han faltado quienes tan poco se han sentido a gusto al descubrir que sus confesiones abandonaban el grupo y se filtraban en la red.

Imagen del vídeo de la presentación en Londres
Imagen del vídeo de la presentación en Londres - (Facebook de Semíramis González)

La Caja de Pandora están conformada hoy por mujeres de diferentes generaciones. Semíramis González, al igual que Susana Blas, historiadora del arte, comisaria y periodista, son dos de sus cabezas más reconocibles (ausentes hoy en Madrid), aunque muchas de sus miembros reconocen que, pese a no repetir un modelo jerárquico, todo pivota en torno a Carmen Tomé. Hoy, a la entrada del Reina hemos podido ver a artistas como Marina Vargas, Clara Sánchez Sala, María Gimeno, Aurora Duque o Diana Larrea. También la propia Tomé, cuidando hasta el último detalle, con un abrigo violeta, el color de las reivindicaciones feministas. En silencio, escuchaban el discurso de su portavoz: «La coyuntura genera que en muchos casos silenciemos nuestras voces en situaciones de agresión por el temor a que nuestra palabra no sea escuchada, sea descalificada, menospreciada y tachada de falsedad, quedando nosotras personal y profesionalmente expuestas. En muchos de los casos en los que la mujer decide hacerlo público o denunciar, las presiones a las que nos vemos sometidas y las puertas que se cierran para nosotras nos obligan a retirar la denuncia. Judicialmente, las agresiones cometidas en un ámbito privado suelen archivarse por la dificultad que existe para que la víctima acredite con pruebas la agresión que ha sufrido, dejándole a ella en una situación imposible, ya que será su palabra contra la de su agresor».

Actitudes normalizadas e interiorizadas

En palabras del colectivo, este tipo de agresiones y abusos se realizan con normalidad en todas las situaciones de la vida, y en el sector del arte y la cultura, de una forma muy específica: Es la mala praxis y los acuerdos tan laxos a los que ellas se ven sometidas los que generan que las mujeres estén en este sector constantemente expuestas «a ciertas agresiones absolutamente normalizadas e interiorizadas». ¿Se han sorprendido con las confesiones que han descubierto en el grupo? «Yo, personalmente, sí –confiesa González–, aunque sepas desde hace tiempo que este tipo de cosas pasan. Sobre todo con todo lo que tiene que ver con estos abusos en el ámbito universitario. También cuando se descubre que hay nombres que las denunciantes repiten constantemente». La co-directora de Just reconoce que el de Duero con Tomé no es el único caso de este comisario.

Curiosamente, y cronológicamente, el movimiento de La Caja de Pandora es anterior al #MeToo. Y a diferencia de él deja a los compañeros masculinos de profesión de lado

Si algo ha dejado claro la presentación de esta mañana es el cierre de filas total del colectivo. «Declaramos nuestro total apoyo a Carmen, a todas las mujeres que están tratando de sobrevivir más allá de la agresión, y reclamamos que se investigue lo necesario, se estudie el contexto y lo que precede a las agresiones para que no queden en agua de borrajas. Exigimos a las instituciones que establezcan los protocolos, pactos y consensos necesarios para salvaguardar la vida y facilitar que ésta pueda desarrollarse con dignidad y libertad, haciendo frente a la violencia machista fruto del poder hegemónico». Las pandoras tienden la mano a las «cármenes tomé» del pasado, las del presente y las del futuro («las que no están, las que estamos y las que tendrán que venir»).

El fin es seguir sumando y hacer saber a todas las mujeres que no están solas: «No lo estábamos –concluye su comunicado–. Ahora lo sabemos y ya no lo vamos a volver a olvidar. Estos hombres agresores, que hacen uso de sus privilegios, tampoco deberían olvidarlo. Si tocan a una, nos tocan a todas». «Yo no sé si el grupo tendrá un largo recorrido –argumenta González–, pero sí que es importante que exista un foro como éste, que se visibilicen este tipo de cuestiones, más habituales de lo que pensamos y de lo que quisiéramos». Las pandoras han dado el primer paso. Con su primer triple acto público de esta mañana demuestran que han llegado para quedarse.