cada-VER exquisito de ABC Cultural
cada-VER exquisito de ABC Cultural - IGNACIO GIL
ABC CULTURAL EN ARCOmadrid 2017

Un cadáver exquisito frente a Donald Trump

El estand de ABC Cultural de ARCO es un «microcosmos» dentro de la feria, donde varios artistas difuminan las fronteras y las líneas que separan las obras de uno y de otro, con pasos fronterizos entre ellos

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Son las doce y diez del miércoles 22. La feria ARCO ha empezado. Todos los estands presentan lo mejor que tienen, salvo uno, que está en blanco. O casi. El de ABC Cultural aparece con tan solo los trazos azules de un artista subido a una escalera, en la esquina.

Son varios los autores que parirán el cadáver exquisito, el juego ideado por los dadaístas que consiste en comenzar un dibujo o un texto en un papel y doblarlo de forma que el siguiente solo vea el final. Por un lado,José Antonio Vallejo, que pega en la pared sus dibujos y fotografías de sí mismo disfrazado y representado con una cabeza de peluche: en uno aparecen sus contornos desnudos en calzoncillos blancos, en otro totalmente vestido a la última y a la derecha con la cabeza de un peluche, que es el único que tiene ojos en forma de botones. Están el desnudo y sensual, y el inseguro pendiente de los que le observan apostados ante lo que serán troncos negros. Todavía son solo folios pegados en la pared, con un OK en boli y siluetas de puntos en plena metamorfosis.

Brazos y piernas de estrellas de Looney Tunes se abren paso en el otro extremo del cubículo, donde Miguel Ángel Fúnez, el más joven del estand con 28 años, descompone la atlética figura del Correcaminos, en plena huída del coyote, troceado pero sin sangre. Un descuartizamiento limpio y aseado. «Hablo de la transgénesis y de la manipulación genética con acrílicos sobre lienzo», apunta. No tiene fronteras definidas con lo que hacen sus compañeros. «No quiero que mi obra se quede aquí aislada del resto», señala. Desde antes sabía que quería la «esquinita». Si puede, dice, trufará los trabajos de sus colegas con plumitas repartidas. La deconstrucción de Fúnez bordea con titulares y últimas horas de los periódicos de la mente de Javier Conde(Mr. Simplemente): «EXTRA» «ÚLTIMA HORA» en lo alto para ir componiendo su portada con sus temas del día: Argentina y ARCO. A Conde le gustan los juegos de palabras: «escaño» «escoña». Es el más politizado de los perpetradores del cadáver y también el más veterano: «Podemos más que un cadáver exquisito son cuerpos separándose cada vez más», señala.

El cadáver coge forma a su manera. «No hay que tener ninguna expectativa, te sorprende. Luego me pasaré», afirma una de las trashumantes de la feria. En la esquina, donde solo había azules ahora hay un SuperMario, un Mickey Mouse, una calavera, una pistola que apunta a una abeja y Bender, el robot de Futurama, desde lo alto. Fran Ramírez, graffitero vocacional, venía preparado con el «grueso de su infantería desde casa». A la pregunta de con qué graffitis empezó, la única chica del estand hasta ese momento, Ana Barriga, se entromete en el diálogo.

—Pues tetas, dibujaba tetas —se ríe ella.

—Pues yo prefiero penes —incide Vallejo.

—Ah, pues como yo —exclama Ana.

No está de acuerdo con que hay pocas mujeres representadas en el arte contemporáneo: «Quiero que cuenten conmigo por mi trabajo, no por mi sexo». Sigue a lo suyo dibujando ángeles que terminarán siendo calaveras. Su cadáver exquisito lo marcan la incertidumbre del tiempo y del lugar: crear en tiempo real y en directo. Ella descontextualiza objetos y les da un nuevo significado. «Me gusta preguntarle a mis amigos y mi familia, ajenos al mundillo del arte y con otra mirada a la que puedo tener yo, lo que ven en mis obras. Lo que yo entiendo de una forma mi madre puede verlo como la Feria de Jerez».

Manuel Antonio Domínguezdibuja cartografías de los muros que dividen el mundo, desde México a Gaza sobre larguísimos filamentos, alambradas que tejen la telaraña que separa las naciones. «Las fronteras no es que estén de moda, es que ahora solo se habla de eso. Yo lo veo así. Hace dos días 300 inmigrantes saltaron la valla de Ceuta y Donald Trump va a mandar más funcionarios para las deportaciones», apunta. Criado en un pueblo fronterizo de Huelva con Portugal, Manuel ve el cadáver exquisito como un microcosmos donde se difuminan los bordes y las líneas que separan la obra de uno y de otro, con pasos fronterizos entre ellos. Saldrá un Frankestein, bromea, «¿no ves ya los tornillos y las tuercas por el suelo?». En solo cuatro horas el cadáver exquisito ha devorado la pared blanca y uniforme.

Trashumantes

«Vengo a hacer la trashumancia», mascullaba uno de los tantos periodistas apostados en la puerta del pabellón, a cinco minutos de las doce y de que las compuertas abran, las vallas se aparten y entre a ARCO la primera oleada de mochileros, plumillas, fotógrafos y curiosos del mundillo, que se unen a compradores y artistas.

En los pasillos de IFEMA se descubren obras totalmente opuestas, unas al lado de las otras, sin mirarse a través de los tabiques, pero que no dejan de contemplarte a ti, visitante curioso, como un extraño y con un grito sordo de «¡No me rompas!». Una vez atravesados los tornos, de repente aparece un señor arrugado, enjuto como consumido por los años, que otea su horizonte sumergido en una piscina y avisando con su cabeza en alto que está orgulloso de estar como está. «Eh, ¿tú que miras?», oyes, aunque no deje de ser una foto en un marco. De unos setenta años y engominado como Dios manda, el señor viste camiseta blanca, sin mangas, de esas de la marca Abanderado que se ponían los abuelos en verano para ver Curro Jiménez en la tele. Con un neumático flotador, el hombre, llamémosle Joao, porque es de un estand portugués (Filomena Soares), sostiene la bandera de la Unión Europea en una piscina desértica, en la que solo están él, con unas botas y un bañador negro, y lo que queda de la UE.

Del solitario europeísta al pasillo argentino, país invitado a esta feria. El topicazo de que pueden venderte un frigorífico aunque seas un pingüino en el polo norte se hiperboliza en esta feria. Son argentinos y para algunos tienen lo mejor de españoles e italianos. Te venden al nuevo Messi como lo pueden hacer de un collage de fotos compuesto por una mujer en cueros en el centro, desnudada por la sonrisa de Bill Clinton, la seriedad bigotuda de Sadam Hussein, por un atento George Bush padre que avisa estar vigilándote con sus dedos y arriba del todo por Jorge Videla, que mira hacia otro lado.

Al final del corredor, antes de girar y entrar en el pasadizo al pabellón nueve, una azafata, uniformada con colores oscuros y serios te detiene con «Hola, te dejo un manifiesto». El arte Madí se lee en la pared blanca con recortes de folios: «ARMA tu propio MANIFIESTO»; «angustia INTERVENCIONISTA buscar artes», «INVENTAR RIURTSNOC CIUDAD», etc. ARCO son pequeñas composiciones de distintas formas de ver la vida. Para uno de los expositores, el peruano José Carlos Martinat, «el arte no es un suplemento al mundo real», palabras que se proyectan en una especie de psicodélica rueda de aristas que se extiende y se encoge, que da vueltas como una la noria de un caleidoscopio y entre neones. A pocos pasos, se ve una pareja que camina mirando y tecleando su móvil, ajena por un momento en este mundo de simulaciones y solo detenidos por los flashes de los fotógrafos.