El dramaturgo Borja Ortiz de Gondra fotografiado en el Retiro madrileño
El dramaturgo Borja Ortiz de Gondra fotografiado en el Retiro madrileño - Óscar del Pozo
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Borja Ortiz de Gondra: «Del caudal del maestro Juan Goytisolo siempre sigo bebiendo»

El dramaturgo vasco -galardonado con el Max de Mejor Autoría Teatral 2018 por «Los Gondra»-, nos revela sus preferencias y hábitos lectores

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Acaba de recibir el Premio Max de Mejor Autoría Teatral 2018 por «Los Gondra (una historia vasca)», impactante pieza que aborda cien años de la trayectoria de una familia vasca, incluidos los años de plomo con los asesinatos cometidos por ETA a la orden del día, y donde plantea cuestiones de gran calado como la culpa y la posibilidad -o no- de perdón. La pieza cosechó un gran éxito tanto en Madrid -donde subió a las tablas del Teatro Valle-Inclán- como en su gira por distintas plazas de nuestra geografía.

Próximamente, del 10 de enero al 10 de febrero de 2019, la Sala Margarita Xirgu del madrileño Teatro Español acogerá «Los otros Gondra», sobre la que su autor ha señalado: «En "Los Gondra" exploré 100 años de historia de una familia vasca para averiguar cómo habíamos llegado hasta aquí. En "Los otros Gondra", miro desconcertado a mi alrededor hoy y trato de contar hacia dónde vamos. ¿Qué haremos con 120 años de restos de Gondras cuando dentro de unos meses venza la concesión de la tumba familiar? ¿Qué peso pueden tener el apellido y la sangre para las nuevas generaciones? ¿Quién heredará la casa del padre y todo su pasado? Quizás haya llegado el momento de hacerse esas preguntas en voz alta y encontrar motivos para la esperanza».

Borja Ortiz de Gondra (Bilbao, 1965) es licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto y en Dirección Escénica por la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid (RESAD). Ha residido en París, donde trabajó como ayudante de dirección en la Comédie Française o el Théâtre de l´Odéon, entre otros, y Nueva York. Su obra, en la que se encuentran piezas como «Memento mori», «Duda razonable» o «El barbero de Picasso», le ha valido numerosos reconocimientos - el Marqués de Bradomín, el Calderón de la Barca...-, y convertirse en uno de los mejores dramaturgosde nuestra escena actual.

¿Qué libro/libros tiene entre manos, o ha leído recientemente?

«El eco de los disparos» (Galaxia Gutenberg), de Edurne Portela.

¿Qué le llevó a elegirlo? ¿Qué le está pareciendo?

Sabía que era un ensayo sobre la representación de la violencia vasca en la literatura y el cine y me llamó la atención esta frase del prólogo: «Mi invitación es a consumir relatos que desvelen la complejidad de nuestra historia y que actúen de contrapeso a versiones unívocas del pasado». Su lectura está siendo absolutamente reveladora sobre cómo construir relatos plurales y complejos desde la ficción.

¿Habitualmente se inclina por el libro en papel o electrónico?

En papel, siempre: nada sustituye su tacto, su olor y el placer de subrayar con un lápiz sobre una hoja. Me regalaron un libro electrónico y un día, sin más, dejó de funcionar; ni me he planteado comprar otro.

¿Lee más narrativa, ensayo, poesía...? ¿Tiene algún género preferido?

Lo que más leo es teatro contemporáneo, gracias a editoriales como Antígona o Ñaque, que publican obras de dramaturgos vivos. Pero los veranos siempre me escapo con alguna novela rusa del XIX (este año, «Almas muertas», de Gogol) o algún ensayo de Tzvetan Todorov, uno de mis pensadores de referencia.

¿Autor/es de cabecera?

En teatro, sin duda, Bernard Marie Koltès, Tony Kushner, Wajdi Mouawad y Caryl Churchill. En narrativa, Tolstói, Dostoyevski, Proust, Flaubert, Stendhal y el maestro Juan Goytisolo, de cuyo caudal siempre sigo bebiendo.

¿Cuenta con algún rincón de lectura?

Acabo de cambiarme de casa, y es la primera decisión que tomé: una butaca y una lámpara siempre reservados para la lectura en el mirador. Y durante el día, leer con la luz natural que entra a raudales.

¿Dedica a la lectura un tiempo específico?

Como sé que eso es imposible, hace muchos años que he descubierto un truco: siempre salgo de casa con un libro en la mochila y voy leyendo allá donde vaya. Si en el metro se me pasa la parada, ya sé que en ese libro habitaré por largo tiempo.