«Abutilon» (1928) y «Polystichum munitum» (1928), ambas de K. Blossfeldt
«Abutilon» (1928) y «Polystichum munitum» (1928), ambas de K. Blossfeldt
FOTOGRAFÍA

Blossfeldt y la vida secreta de las plantas

Exposición -casi de gabinete- en el Museo Thyssen de las fotos de flores y plantas de Karl Blossfeldt, pionero de la Nueva Objetividad

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A veces hay exposiciones que, por su pequeño formato, casi de gabinete, parecen menores, pero que, al mismo tiempo, también son grandes en aliento y en potencia. No creo equivocarme si les digo que Karl Blossfeldt: Urformen der Kunst pertenece a ese selecto linaje. Organizada por el Museo Thyssen y Loewe Perfumes, presenta un cuidado conjunto de 40 fotos de este artista.

Karl Blossfeldt (Alemania, 1865-1932) es una de las figuras de referencia dentro del ámbito de la fotografía de vanguardia. Formado inicialmente como escultor en la Escuela de Artes Aplicadas de Berlín, comenzó a interesarse pronto por el mundo de las plantas, recogiendo un gran número de diferentes especies en sus paseos y excursiones por el campo, material que después clasificaba, disecaba y fotografiaba, y que inicialmente le servía como fuente de inspiración formal para sus dibujos y su tarea docente. Poco a poco este primer interés iría derivando hasta convertirse en el sentido y contenido de una fascinante experiencia fotográfica.

Un referente de primer nivel

En 1928, Blossfeldt publica su libro Urformen der Kunst (Formas originarias del arte), una selección de ese personal herbarium fotográfico, que construyó durante más de tres décadas y que resulta difícil no vincularlo como referencia, entre otros, al primer proyecto del mismo nombre de Fontcuberta. La publicación, uno de los fotolibros más reverenciados y reeditados del siglo XX, sería un enorme éxito de público y, lo que es más importante, hizo que su obra traspasara la mera dimensión de lo documental para situarlo activamente dentro de la esfera artística como uno de los máximos representantes de la llamada Nueva Objetividad.

Podemos asimismo considerarle, casi con toda certeza, el primer fotógrafo que logró reflejar la belleza del entorno natural y su interconexión con la práctica artística, siguiendo procesos propiamente científicos. Sus imágenes, aumentadas hasta treinta veces (lo que las convierte en auténticos macros) nos muestran un mundo vegetal en estado puro, despojado de sus rasgos esenciales de color, olor o tacto. Quedan así reducidas a puras formas geométricas y estructuras, únicamente sostenidas por una rica y sutil gama de grises, que nos permiten contemplar diversas características gráficas y plásticas que hasta entonces no habían sido percibidas, y que a la vez consiguen despertar, pese a su aparente frialdad, un amplio registro de emociones en el espectador.

En esta voluntad formal rigurosa y volumétrica, desnuda de matices cromáticos, existe una clara influencia de su inicial formación escultórica; de hecho, sus fotografías se llegarían a relacionar con la estatuaria primitiva africana, sirviendo incluso de modelo a diseñadores industriales y miembros de la Bauhaus. La sabiduría de sus composiciones y encuadres y la adecuada iluminación utilizada por Blossfeldt refuerzan, por otro lado, el valor gráfico y plástico de estas admirables piezas.

Junto a esa selección de huecograbados de época, que potencia los valores plásticos de las imágenes, la muestra presenta igualmente un ejemplar de ese seminal fotolibro, así como un par de perfumes de Loewe (de cuya colección forman parte la gran mayoría de las obras), que emplean en su diseño de packaging fotografías de Blossfeldt. Y un último, sutil y acertado detalle: la sala expositiva ha sido aromatizada con uno de esos perfumes, lo que añade a los valores visuales y formales una sugerente dimensión olfativa y sensual, que sin duda enriquece este proyecto.