Benjamín Prado (Madrid, 1965)
Benjamín Prado (Madrid, 1965) - Juan Manuel Serrano Arce
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Benjamín Prado: «Reivindico el poder didáctico de la literatura»

En «Los treinta apellidos» (Alfaguara), el autor madrileño idea un nuevo caso para su personaje Juan Urbano en una trama que entrelaza pasado y presente de una ambiciosa familia

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Tras publicar varios libros de poesía como «Asuntos personales» o «Cobijo contra la tormenta», las novelas «Nunca le des la mano a un pistolero zurdo», «Alguien se acerca», y «La nieve está vacía», o los ensayos «Siete maneras de decir manzana» y «Los nombres de Antígona» -entre otros títulos-, Benjamín Prado, también letrista de cantautores como Joaquín Sabina o Coque Malla, dio a la imprenta en 2006 «Mala gente que camina», donde nació su singular personaje Juan Urbano, profesor de literatura, escritor y detective. Urbano volvió en «Operación Gladio» (2011) y en «Ajuste de cuentas» (2018), y ahora en «Los treinta apellidos», donde se pone en el ojo del huracán a una poderosa saga familiar cuya fortuna no tiene unos orígenes precisamente trasparentes. Y «Los treinta apellidos» no será la última aventura de Juan Urbano.

¿Por qué ha decidido que Juan Urbano vuelva a protagonizar su nueva novela?

El plan es que la serie tenga diez entregas, que en cada una de ellas se hable de un episodio no muy conocido, oculto o, en mi opinión, tergiversado de nuestra Historia, y del peso que ha tenido en nuestras vidas. También que cada una merodee un género distinto: «Mala gente que camina» era una novela histórica; «Operación Gladio» de espías; «Ajuste de cuentas», policiaca, aunque eso lo son un poco todas; y «Los treinta apellidos», de piratas. Habrá una de fantasmas, otra romántica y una última, de ciencia ficción, aunque sea guardando las distancias.

Juan Urbano es un personaje peculiar. ¿Cómo le surgió?

Quería que fuese un personaje menos parecido a los héroes de las novelas que a sus lectores. Es alguien que podría ser cualquiera. Es una persona culta, que cita a nuestros clásicos porque da clase sobre ellos a sus alumnos y, más allá de eso, porque considera que encierran todas las respuestas; es irónico, un punto cínico y lleno de contradicciones, que teme enamorarse -en «Los treinta apellidos» lo hace-, tiene un hondo sentido de la justicia, y nunca se rinde ante las injusticias. Cree más en las ideas que en las banderas, más en los hechos que en los discursos y más en los principios que en los fines. No soporta los misterios sin resolver, y al que, ahora, se le tienen que notar los años que han pasado desde «Mala gente que camina», que es del 2006. 

«No es una novela contra los ricos, hay mucha gente que utiliza su fortuna para crear empresas, puestos de trabajo... Pero hubo y hay otras que se formaron de manera cruel»

¿Cree que es el  mejor personaje ideado por usted?

Es difícil responder a eso. Juan Urbano me gusta, es el protagonista y además tiene muchos seguidores; pero también siento debilidad por otros personajes que, en principio, iban a ser menos relevantes y que se rebelan contra ese papel de secundarios, crecen, se abren paso... En «Los treinta apellidos» ha ocurrido con Guadalupe Espriu, con sus rasgos de personaje de novela gótica, y con el inspector Sansegundo, que se ha ganado un lugar al sol en la próxima de la serie.

En «Los treinta apellidos» reaparece también Mónica Grandes, arqueóloga e investigadora. ¿Es el complemento perfecto para Urbano?

Es la primera mujer de la que Urbano se enamora sin condiciones. Representa también un clavo ardiendo al que agarrarse tras la muerte de su madre, que ha sido un personaje muy importante en las cuatro entregas de la serie. Y simboliza también la traición.

En algunos momentos de «Los treinta apellidos» se remonta a una época pasada. Imagino que se ha documentado...

Claro, estuve cuatro años trabajando; estas novelas requieren una tarea de documentación que me divierte mucho hacer, porque en esa fase, el detective es el autor. Tal vez sea algo que no esté de moda, pero reivindico el poder didáctico de la Literatura, así que intento que mis libros les enseñen a sus lectores cosas que no sabían; y también a mí, mientras los escribo. En este caso ha sido fascinante, por ejemplo, descubrir la historia maravillosa de los almacenes cubanos El Encanto, de donde salieron los creadores de El Corte Inglés o Galerías Preciados; o reconstruir las rutas de los negreros españoles y su vida en Cuba; o contar la increíble idea del diputado Urbano Feijoo de Sotomayor de sustituir a los negros esclavizados en los ingenios azucareros por gallegos, de los que trasladó a la isla casi dos mil; o la historia de la construcción de la vía férrea en nuestro país... Cada una de ellas, podría haber merecido una novela en sí misma.

«Tal vez debiera inquietarnos que estén tan de moda las novelas negras: será que hay mucho bajo fondo que denunciar»

¿Por qué exactamente la cifra de treinta?

Es una frase de un conocido empresario, que dijo que los más poderosos al Ibex 35 lo llaman «el treinta más cinco», porque hay cinco que entran y salen, y otros treinta que son «las treinta familias que mandan en España desde hace doscientos años».

«Detrás de cada gran fortuna hay un crimen escondido» señaló Balzac. ¿No es posible una fortuna limpia?

Hay muchas. Esta no es una novela contra los ricos, ni contra la riqueza, hay mucha gente que la utiliza para crear empresas, industrias, puestos de trabajo... Pero hubo y hay otras que se formaron de manera cruel y que siguen actuando de un modo parecido. No es un problema de España, toda Europa está construida sobre el colonialismo y la esclavitud. Y el neocolonialismo es un hecho. Esas inversiones en agronegocios o biocarburantes que tiene la familia de la novela en Tanzania o Brasil, son un buen ejemplo. La igualdad es la gran asignatura pendiente de nuestra civilización. Para demostrarlo, no hay más que reparar en que existen el primer y el tercer mundo, y que están tan a años luz uno del otro que el segundo ni existe.

«Juan Urbano cree más en las ideas que en las banderas, más en los hechos que en los discursos y más en los principios que en los fines»

¿«Los treinta apellidos» tiene algo de «roman à clef»?

Casi todo. La frase en la que se ampara todo el proyecto es también de Balzac: «Las novelas cuentan la historia privada de los países». Y ésa es la clave: no se trata de los acontecimientos en sí mismos, para eso ya están los historiadores, sino del efecto que tuvieron y tienen en determinadas personas de determinados países y en un tiempo concreto.

¿Una de las principales misiones de la literatura es sacar a la luz lo más turbio y oscuro de la realidad?

Una de ellas. Es lo que hacen, por ejemplo, las novelas negras, que tal vez debiera inquietarnos que estén tan de moda: será que hay mucho bajo fondo que denunciar... Pero la cultura sirve también justo para lo contrario, para resaltar lo más luminoso, lo más bello, lo más noble que hay en los seres humanos, en la naturaleza, en la vida en general.

Hoy colabora con algunos cantantes, como Joaquín Sabina. ¿Es cierto que usted en principio planeó dedicarse a la música, o esto es una leyenda urbana? Si esa fue su primera vocación, ¿qué le llevó a decantarse por la literatura?

¡No! Siempre quise ser escritor. La música me gusta, y también llevar la poesía donde quizá no era esperada, subirme a un escenario con estrellas de la música, escribir alguna canción... Pero ni un paso más. 

Usted escribió «A la sombra del ángel. 13 años con Alberti». El gran poeta de la Generación de 1927 ha sido una figura fundamental en su vida...

Mucho. Lo conocí cuando era muy joven, y su amor por la poesía y su respeto por la cultura, es una lección que no olvido. Tampoco sus consejos, como este: «Nunca seas sectario: te perderías, como mínimo, la mitad de cada cosa».

Además de narrador, en novelas y libros de relatos, usted es también poeta, columnista y ensayista. ¿Cuándo le ronda un asunto, sabe de antemano en qué género lo desarrollará?

Lo sé al mismo tiempo. Tengo una idea y, por motivos que desconozco, me viene con el género de fábrica, nada más tenerla ya sé que va a intentar dar lugar a un poema, un relato o una novela.