Beethoven
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MÚSICA

Beethoven y Mozart a pie de calle

Dos libros dirigidos al gran público fomentan el disfrute de la música clásica dejando al margen la erudición melómana

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Coinciden dos novedades bibliográficas de intención y estilo muy semejantes. En tono de divulgación, los dos libros van dirigidos al gran público y pretenden ayudarle para que disfrute con la música clásica, comentando un número redondo de composiciones. José Luis Comellas titula Cien obras musicales imprescindibles; Clemency Burton-Hill, Un año para maravillarse (Una dosis diaria de música clásica).

José Luis Comellas es un reputado catedrático de Historia de España. Es también un gran aficionado a la astronomía y a la música, autor de una biografía de Beethoven, Nueva historia de la música y de Historia sencilla de la música. Con 91 años, tiene indudable mérito que conserve la capacidad y la ilusión para haber escrito este nuevo libro.

La conveniencia editorial ha aconsejado el número redondo, cien, de las obras elegidas. Los capítulos, por orden cronológico, son breves, de dos a tres páginas. Eso supone que se dedique más de un capítulo a los grandes nombres: doce, a Beethoven; seis, a Haendel; cinco, a Brahms…

Onomatopeyas

Como se dirige a un lector no especializado, Comellas apenas utiliza términos técnicos, ofrece datos básicos y su tono es de gran llaneza. Hasta recurre -y me parece bien- a las onomatopeyas coloquiales: la Pequeña serenata nocturna, de Mozart, se cita como «pam pampám, parapapapampán»; los golpes del destino, al comienzo de la Quinta Sinfonía de Beethoven, como «pam-pam-pam-pam / pam-pam-pam-pam». Recuerda algunas anécdotas personales: dos sopranos gallegas, Elena y Salud, que dividieron a un pueblo, como si se trataran de la Callas y la Tebaldi…

Este tipo de libro exige elegir compositores y obras. Es difícil aceptar que no aparezcan Debussy, Strawinski ni Bela Bartok. Más aún, que sólo se comente a un español, Joaquín Rodrigo. Me parece muy fuerte olvidarse de Tomás Luis de Victoria, Cabezón, Soler, Albéniz, Granados, Falla, Mompou… y también de todo nuestro género lírico; más, cuando se dedican tres capítulos a Sibelius; dos, a Holst, Respighi y Grieg; uno, a Joly Braga Santos… En la segunda edición, debe repararse.

Este tipo de libro exige elegir obras y compositores. Es fácil que haya sonados olvidos

La inglesa Clemency Burton-Hill es violinista y comentarista musical de la BBC. Su intención coincide plenamente con la de Comellas pero la estructura de su libro es bastante diferente, con un corto comentario, para cada día del año: 366 (año bisiesto), de 240 músicos. No se sigue orden alguno: la frescura compensa el desorden pero eso parece más propio de un programa radiofónico independiente, cada día, que de las páginas de un libro. Como en los viejos calendarios, cada página -llena por completo o no- se reserva a una fecha. Salvo casos excepcionales (Navidad, 1 de enero, Día de la Hispanidad), no existe nexo de unión entre las dos cosas.

En algunos casos, el comentario es mínimo. Por ejemplo, el de las 6 Consolaciones, de Listz, se reduce a esto: «Estamos a mediados de febrero. Consolémonos con esta obra». Y el de Bach, el 31 de marzo: «J. S. Bach nació en un día como hoy. Repito: J. S. Bach nació en un día como hoy. Antes de que muera de gratitud por este motete que es luz de mi vida, oigámoslo hasta el final y brindemos por el hombre que, en lo referente a la música, nos lo ha dado todo». Por muy de acuerdo que yo esté con esa valoración, tal laconismo puede ser un recurso eficaz para promover el interés en la radio, cuando se va a escuchar esa música, pero el lector de un libro reclama más.

Buenismo frívolo

Además de los nombres «canónicos», recomienda la autora a muchos músicos recientes: Philip Glass, John Cage, Steve Reich… (No sé si son los más adecuados para atraer al oyente). Y muchos, para mí, desconocidos. El criterio buenista con que presume de ello es frívolo: «Además de escuchar a 40 mujeres, encontrarán compositores negros, gays y transgéneros, así como compositores con discapacitaciones varias». ¡Vaya por Dios!

Sí incluye música popular; otra cosa es el criterio para seleccionarla: se recomienda el rag, el danzón, la guaracha y a Frank Zappa, pero ni se menciona a los Beatles, Dylan, Jacques Brel…

No se olvida de la música española, desde Cristóbal de Morales a Falla (y cita a Los del Río). Más chocante es que cite dos veces a Tárrega, gracias al guitarrista montenegrino Milos Karadaglic, sin mencionar siquiera a Andrés Segovia.

En los dos casos, he echado de menos una mayor referencia a la música de cine: comentar, para un público amplio, la Quinta de Mahler sin citar Muerte en Venecia no resulta lógico. Conozco por experiencia la dificultad de escribir este tipo de libros. Todo lo que sea ayudar al gran público a disfrutar con la buena música me parece bien. Citando a Haendel, dice Comellas que la música ayuda a los hombres a ser mejores. Repito yo la palabra final del Mesías: «Amén».