«Sin título (Ciencia ficción)», obra de Marina Núñez de la colectiva «Ballard Baluard»
«Sin título (Ciencia ficción)», obra de Marina Núñez de la colectiva «Ballard Baluard»
ARTE

Es Baluard, en el seno de la distopía

El museo mallorquín alberga tres propuestas interconectadas que se convierten en una reflexión múltiple sobre utopías y distopías, sobre presentes y futuros

Actualizado:

El ser humano lleva tiempo habitando el desbordamiento, sobrecogido ante la desmesura y completamente alienado por el exceso. El estremecimiento romántico provocado por la inconmensurabilidad de la Naturaleza ha mutado hacia el desasosiego por nuestra incapacidad para procesar la desproporción de estímulos e información que sufrimos, para gestionar la gran cantidad de falsas necesidades y expectativas impuestas cuya frustración nos provoca una constante infelicidad. Los montajes expositivos que realiza Aramburu, directora y comisaria habitual de Es Baluard, apelan a esta exuberancia turbadora, donde nos sobrepasa la exagerada profusión de piezas y su deliberada ubicación disruptiva que dejan en evidencia la alienación contemporánea que padecemos. El museo alberga ahora tres propuestas interconectadas que en realidad se convierten en una reflexión múltiple sobre utopías y distopías, sobre presentes y futuros.

Ese porvenir incierto es el que contienen las novelas de Ballard que tratan temas como la ofuscación tecnológica, el cambio climático, la violencia, el accidente, la obsesión y el sexo. Los comisarios de Ballard Baluard, Méndez y Nadal Suau, acompañan su selección con dos textos que se convierten a su vez en piezas. Desde una perspectiva críptica, crítica, retadora, estimulante y compleja, la propuesta despliega una sutil interrelación entre sus obras. Como si de un signo premonitorio y desasosegante se tratara, la Pluma negra de Viquez establece un eje que contiene un dibujo de Amparo Sard: una metáfora perfecta de ese ser traspasado, perforado, trepanado por una era de la información, de la globalización y la hipervinculación, que lo vacía de contenido y lo desposee de intimidad.

Una intimidad que se hace pública en las fotos de Diana Coca, donde la artista combate los estereotipos femeninos en un escenario abierto en el que aparece como una muñeca rota, un fetiche erótico y objetualizado que cosifica a la mujer mientras establece los elementos de control patriarcal contra los que lucha. Voy a esconder las pruebas..., de Ruiz de Infante, es la pieza que, con una mención expresa a la distopía especista y a la utopía animalista, conecta esta exposición con las otras propuestas del museo. Así, en el marco de Colección permanente 2018, se halla una pieza de Motorland, de Xisco Bonnín, un proyecto en el que el individuo se diluye entre esos «no lugares» del delirio del progreso compuestos por una desproporción de bloques de viviendas, autovías frenéticas y tendidos eléctricos; junto a ella, la maqueta del conocido Device to Root of Evil, de Oppenheim, con el que el artista desea exorcizar este mundo endemoniado.

Resultados previsibles

Porque si algo ha convertido en diabólico y distópico nuestro planeta es la acción humana. Ello queda patente en Ellos y nosotros, donde la confrontación entre nuestra especie y los animales produce el resultado previsible. De eso da cuenta la exquisita e inquietante instalación de Veru Iché sobre la violencia del hombre; el constante dedo en la llaga de Rosalía Banet, que evidencia los horrores y desmesuras de la sociedad que hemos construido entre todos; el análisis crítico, incisivo e irónico que Moraza desarrolla sobre la relación y proporción entre los medios de producción, de vida y su necesidad; o el sarcasmo político-artístico de Levi Orta sobre las ridículas estructuras de la realidad.