Lev Shestov se exilió en Francia huyendo de la Revolución bolchevique
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LIBROS

«Atenas y Jerusalén», el conflicto entre la razón y la fe

En una obra de gran calado, el pensador ruso de raigambre existencialista Lev Shestov se pregunta y estudia si es posible conciliar la verdad bíblica revelada con la verdad helénica

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Para algunos grandes pensadores, entre ellos el ruso Lev Shestov (Kiev, 1866-París, 1938), la metafísica es trágica. Y ella encierra la tragedia de Europa, que no consiste sino en una doble fidelidad a dos ideales irrenunciables e incompatibles: Atenas, o la razón, y Jerusalén, o la fe. Tertuliano se preguntó: ¿Qué tienen en común Atenas y Jerusalén?

Esto acaso explique la existencia de dos grandes tradiciones filosóficas. De un lado, Aristóteles, Tomás de Aquino, René Descartes, Baruch Spinoza, Hegel. Del otro, Platón, Plotino, Duns Scoto, Blaise Pascal, Soren Kierkegaard, y Friedrich Nietzsche. En esta segunda se inscribe Shestov. Influyó mucho en Miguel de Unamuno (también en Berdiaev, Heidegger, Buber, Camus, Cioran, entre otros), y José Ortega y Gasset lo conoció en París a través de Hermann von Keyserling. En su libro «Las revelaciones de la muerte» escribió: «La razón mata el misterio, mata la verdad». Luego el misterio, y no la razón, es la verdad. Dios está más allá de la razón, no se somete a ella.

El don más valioso

El pensamiento profundo nace de la desesperación. La condición humana es esencialmente trágica pues consiste en una lucha incesante entre Atenas y Jerusalén, la cabeza y el corazón, la razón y la fe. La sabiduría sería el pensamiento de lo imposible. «Si Dios existe, todo es posible. Dios es la posibilidad de lo imposible» (Kierkegaard). «El hombre se acuerda de Dios cuando desea lo imposible. Para lo posible recurre a los hombres».

El cristianismo absorbe en unidad trascendente la metafísica griega y la religión de Israel

El objeto del libro es poner a prueba la pretensión de verdad de la razón humana. Y la razón no pasa la prueba. El árbol del conocimiento no es el árbol de la vida. En la primera parte concluye que los grandes filósofos, en la búsqueda del conocimiento, han perdido el don más valioso del Creador: la libertad. La segunda revela el indisoluble vínculo entre el conocimiento y el horror de la existencia. La tercera narra los malogrados intentos de la Edad Media de conciliar la verdad bíblica revelada con la verdad helénica. La cuarta parte analiza cómo las verdades de la razón nos constriñen, pero no siempre nos persuaden.

El combate de Europa

La filosofía es una gran lucha. En términos de Pascal, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob no es el Dios de los filósofos.

Para encontrar a Dios es necesario romper con el sortilegio de la razón. La fe, no la razón, irradia las últimas verdades. Las raíces del ser residen en lo que permanece oculto, en el «Deus absconditus».

¿Por qué habría de ser la verdad más asunto de la razón que de la fe? ¿Solo es verdad lo que el hombre puede alcanzar por sí mismo? ¿Y por qué no lo que puede #creer o querer? Y, sin embargo, el poderío de Sócrates es inmortal. No es posible destruir a Sócrates mediante la razón, precisamente porque él es la razón. Atenas vence. Pero Jerusalén se venga. Y la lucha no termina. Y ese combate es Europa. Juan Scoto Erígena expresó lo que acaso es la cima del intelectualismo: nadie se salva sino por la filosofía. Pero los verdaderos sabios no son esclavos de la razón, no se someten a ella, no le piden permiso.

En términos de Pascal, el Dios de Abraham y de Isaac no es el de los filósofos

«Atenas y Jerusalén» (1937) es un libro profundo, inmensamente profundo. El siglo XX produjo algunos libros filosóficos mejores, pocos, pero casi ninguno más hondo. Martin Buber afirmó que la filosofía de Shestov empieza donde termina la de Heidegger. En el fondo, bien podría ser entendido este libro genial como una exégesis de una afirmación de san Pablo en la Carta a los romanos (14, 23): «Todo lo que no procede de la fe es pecado». Su subtítulo es Ensayo de filosofía religiosa.

Sin embargo, cabe preguntarse: ¿son razón y fe absolutamente incompatibles? ¿No puede existir un armisticio entre Atenas y Jerusalén? ¿No lo ha habido de hecho? Si hay una filosofía religiosa, ¿no podrá haber acaso una religión filosófica, una religión del logos? ¿No puede haber una fe que comprende y una razón que cree? ¿Hacen las Escrituras innecesaria la filosofía?

Es posible la paz

Leo Strauss comparte la visión de Lev Shestov de la incompatibilidad entre las dos tradiciones. Pero no olvidemos que ambos son judíos. Quizás se trate más de un problema judío que de uno religioso en general, o del cristianismo en particular. Al comienzo de su ensayo Naturaleza. Historia. Dios señala Xavier Zubiri: «La metafísica griega, el derecho romano y la religión de Israel (dejando de lado su origen y destino divinos) son los tres productos más gigantescos del espíritu humano. El haberlos absorbido en una unidad radical y trascendente constituye una de las manifestaciones históricas más espléndidas de las posibilidades internas del cristianismo».

Puede que aquí resida la respuesta: el cristianismo ha absorbido en una unidad radical y trascendente la metafísica griega y la religión de Israel. Es posible la paz entre Atenas y Jerusalén.