«Sin consumar» (1997-1999), acrílico de Manolo Quejido, de la colección del CAAC
«Sin consumar» (1997-1999), acrílico de Manolo Quejido, de la colección del CAAC
ARTE

Un arte ni tan figurativo, ni tan abstracto

El sevillano CAAC utiliza como excusa la tradicional clasificación de arte figurativo-arte abstracto para mostar con eficacia sus fondos

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No es la primera vez que el CAAC, al igual que otros muchos museos, orquesta una proposición curatorial para poner en valor sus fondos. En estos tiempos de carestías presupuestarías y soluciones imaginativas, ha sido común sumarse a tales estrategias para ahorrar costes, ocupar programación y espacios de exhibición y ofrecer visibilidad a las últimas adquisiciones. Sin embargo, este proyecto trasciende peculiares miradas curatoriales, habituales puntos de partida argumentales o las consabidas puestas en escena, y, si bien no podemos considerarlo como un encuentro original, si cabe reseñar el interés que despierta por su carácter híbrido, por la sencillez de planteamientos, por su ordenación conscientemente desestructurada, y por trasladar al espectador la responsabilidad de crear relaciones y nexos.

Unir obras de Bill Viola, Rebeca Horn, Moriyama, Ana Mendieta, Valcárcel Medina, Curro González o Elena Asins, entre otros, bien pudiera parecer una suerte de palimpsesto heterogéneo. Y lo sería si no se hubiese utilizado ese factor como virtud y no como rémora. Los marcos temáticos se benefician de las particularidades del Claustrón Norte del histórico edificio de la Cartuja, creando contenedores autónomos, dentro de los cuales las piezas dialogan. Pero en conjunto, las adhesiones integrales adquieren un carácter más lábil, como una especie de archipiélago que manifiesta similitudes sin esconder diferencias.

Unos límites difusos

Las premisas argumentales se cimentan en la probabilidad de que entre arte figurativo, abstracto o performativo los límites no sean tan evidentes como históricamente se ha querido evidenciar. Algo que nos lleva a plantearnos si lo trascendente en el proceso creativo contemporáneo, con independencia del lenguaje, cauce o técnica seleccionada, no queda circunscrito a los dos extremos del mismo: la intención (deseo) y el resultado (rendimiento).

Afinidades, correspondencias y antagonismos se van sucediendo bajo los distintos capítulos. «Geometría» abre la puerta de la exposición y nos muestra su talante: Palazuelo, Gordillo y Valie Export; acrílicos, impresiones offset y fotos comparten espacio y la sutil idea de que la estructuración geométrica puede articular desde expresiones de belleza hasta relaciones de poder. El segundo marco conceptual, «Repetición (y variación)», crea un nexo de unión pues se despliega a lo largo del pasillo central que es eje del itinerario. De facto, las 164 piezas de la serie «La esfinge», de Dora García, son una columna que vertebra todo el conjunto. Es en este ámbito donde más abiertamente se plantean las diferentes dicciones del arte de acción, desde la recuperación del género epistolar (Bestué/Vives) hasta la intervención política (Agustín Parejo School).

En «Blue (Klein)» se aprovechan las múltiples lecturas de la archiconocida performance del artista francés Anthropometries of the Blue Epoch, 9 March (1960) para enfrentar bajo un mismo crisol cromático las espirituales reflexiones sobre lienzo de Broto con el proyecto que las Guerrilla Girls realizaron para la 51ª edición de la Bienal de Venecia. Unas breves palabras merece «Feminismo (Autóctono)»: Agrupar creaciones de Cristina Lama, Ángeles Agrela, Pilar Albarracín, María Cañas, Mariajosé Gallardo o Pepa Rubio supone una reivindicación y un reconocimiento, no por esperados menos merecidos, que podrían augurar futuras revisiones necesarias. Otras líneas argumentales, como «Consumo» -donde destaca Stop TV. Holy World, de Jesús Palomino- o «Lo primigenio (o el Edén)» -con la magnífica Neutral Density B, de Tillmans-, se desvelan como marcos que merecen una visita implicada y abierta al descubrimiento.