«Instant City» (Ibiza, 1971), una de las obras de Prada Poole
«Instant City» (Ibiza, 1971), una de las obras de Prada Poole
ARQUITECTURA

La arquitectura se llena de aire

A Prada Poole, ahora en el CAAC de Sevilla, le debemos mucho de una arquitectura que nació utópica y se ha impuesto como realidad

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Prada Poole: la arquitectura perecedera de las pompas de jabón presenta una exhaustiva descripción de la capacidad creadora de este arquitecto a través de 1.400 objetos (planos, fotos, vídeos, maquetas, publicaciones…). Coproducida por el CAAC y el MUSAC y comisariada por el arquitecto Antonio Cobo, la muestra se centra en el segmento cronológico que va de 1968 a 1973, marcado por las consecuencias y profundos replanteamientos a los que inducen las revueltas sociales y la crisis del petróleo, y que coincide con el desarrollo de las principales obras de arquitectura neumática desarrolladas por este autor.

Fuertemente inmerso en las sinergias radicales y transformadoras de ese periodo, el futuro y la clara comprensión de la importancia de la computación no como mera herramienta de diseño, sino como un elemento arquitectónico más se convirtieron en los temas clave del trabajo de este arquitecto nacido en 1938. Prada Poole fue miembro del Seminario de Generación Automática de Formas Plásticas del Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid, foco pionero en el uso del ordenador como herramienta de creación.

Hielotrón», proyecto fundamental de este autor
Hielotrón», proyecto fundamental de este autor

La exposición, dividida en cuatro bloques, toma su título de un texto de Prada Poole publicado en El Urogallo en 1974 donde reivindicaba una arquitectura de corta duración, no planteada bajo el concepto de «efímera», sino de «perecedera»: algo que sucumbe cuando lo hace la materia que lo conforma. Sostenía en él que la configuración urbana es excesiva- mente rígida, ya que las estructuras sociales la obligan a «durar demasiado». Su propuesta, que anticipaba algunas de las visiones con las que dos décadas después especula la arquitectura digital, era la visión de una ciudad futura en la que las estructuras tenderían a inmaterializarse: los edificios sólidos serían remplazados por acumulaciones de espuma que «aparecerían y desaparecerían, agrupándose y separándose según las diferentes necesidades», y donde cada edificio sería una burbuja definida por las condiciones físicas y atmosféricas adecuadas a su uso. La ciudad devendría «una realidad inmaterial recorrida por olas estimulares».

Abrazar la tecnología

En el primer bloque, «Optimismo tecnológico (1968)» se ahonda en el posicionamiento de Prada Poole dentro del sector de arquitectos que, frente a quienes creían necesario un cambio que adaptase la disciplina a la revolución de los tiempos sin renunciar al pasado, abogaba por abrazar la tecnología para solucionar «los problemas de su encaje en la sociedad». En el segundo, «Revolución social (1971 y 1972)», están presentes varios de sus proyectos vinculados al espíritu del underground francés y estadounidense, en particular, de una arquitectura perecedera.

En «Crisis energética (1973)» se aborda la revisión que Prada Poole efectuó, en el contexto de la crisis causada por el precio del petróleo, de la relación entre arquitectura y medio ambiente. Su Hielotrón, una pista de hielo que lograba mantener un diferencial térmico considerable con el mínimo consumo de energía, es el proyecto fundamental de este periodo.

Aportación de Prada Poole para El Palenque de Expo'92
Aportación de Prada Poole para El Palenque de Expo'92

Clima controlado

A modo de epílogo, «Hacia el control microclimático» aborda el periodo de comienzos de los ochenta, cuando ejerce como profesor invitado en el MIT e inicia sus investigaciones con estructuras tensadas con el objetivo de crear recintos de clima controlado, como el Pabellón de El Palenque para la Expo'92, para continuar explorando cómo hibridar aún más fuertemente Naturaleza y ser humano.

De Prada Poole deben destacarse dos características clave: su interés por la investigación y el conocimiento de los materiales y el desarrollo de estructuras livianas, así como una visión irónica con la que relativiza sus propias ideas. Lejos de querer presentarse como un visionario, aparece como un experimentador entusiasta, como un arquitecto comprometido.

Cobo Arévalo lo rescata en esta exposición no como rara avis, sino como autor de un manifiesto poético formulado a través de su propia obra, «lanzado al futuro, desde donde hoy lo miramos». Así, con la perspectiva del tiempo, se ve a su obra ir más allá de aquel entusiasmo naif y pueril del hipismo y el happening -que alentaban proyectos como Instant City (1971)- y buscar un pragmatismo sin renunciar al idealismo.