Imagen del conjunto «Man Jayen», de la artista alicantina
Imagen del conjunto «Man Jayen», de la artista alicantina
FOTOGRAFÍA

El archivo inagotable de Cristina de Middel

Tabacalera acoge a la Premio Nacional de Fotografía, cuyo trabajo investiga la ambigua relación existente entre imagen y verdad

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Desde finales de los noventa, el concepto de «archivo» adquiere una inusitada importancia en las prácticas artísticas. En ocasiones, ha implicado propuestas capaces de recuperar información histórica perdida o silenciada; en otras, ha funcionado como maquillaje conceptual para justificar tediosos almacenamientos de datos. Para Cristina de Middel (1975) su interés en estos radica, en palabras de Didi-Huberman, en su «naturaleza agujereada», es decir, en sus censuras deliberadas o inconscientes. Formada como fotógrafa documental, De Middel alcanzó una gran repercusión internacional con Afronautas (2012), donde recreaba el fallido programa espacial de Zambia.

Claves propias

Desde entonces, ha compaginado su compromiso con la cámara con estrategias apropiacionistas de acumulación y reciclaje. La concesión del Premio Nacional de Foto y su incorporación a la agencia Magnum corroboran la pertinencia de un discurso que, aún dentro de la corriente que Fontcuberta denomina «postfotográfica», aporta claves propias. Entre ellas, el desmontaje de lo documental como herramienta de conocimiento y el empleo de la ficción para iluminar la realidad.

La cita en Tabacalera se estructura en tres capítulos que relatan sendos modos de aproximación al archivo. El primero, desarrollado en la espléndida serie Man Jayen, parte de la incorporación de lo falso a unos documentos que ya operan desde la mentira. El punto de partida es la historia de unos exploradores que en 1911 escenificaron y «registraron» un desembarco que nunca aconteció; un fracaso que de Middel reconstruye a partir de material propio y ajeno -el de la expedición- para redoblar el fake y poner en escena la capacidad de la imagen para manipular la memoria.

En Cucurrucú, analiza fotos de violencia que conformaron el archivo de la revista mexicana Alerta y las somete a un doble proceso de alteración: por un lado, las traduce a dibujos, lo que elimina su estatuto de veracidad en tanto registro de lo real; por otro, cambia su sentido original con la inclusión de frases extraídas de rancheras y boleros. Las cientos de imágenes se revelan como la repetición incesante de lo mismo, mientras que la intervención de la artista socava las convenciones que su mercado ha pactado como realidad.

El trabajo de De Middel nunca ha rehuido de lo lúdico. Esto se acentúa en el proyecto inédito Aleatoris Vulgaris, una puesta al límite del archivo como estructura de poder, y del azar como herramienta de conocimiento. Ahora, las narraciones no proceden de las fotos, sino de los mecanismos utilizados para intervenir en el archivo de la Universidad de Navarra. Los números extraídos de unos cartones de bingo, o de las consultas a un vidente o a un comisario de la Tate, sirven para decidir qué documentos seleccionar. Así, el archivo brinda lecturas inagotables basadas en choques que, sin posibilidad lógica de reconciliación, son traducidos por la artista en fotomontajes y dibujos. El espacio del archivo queda abierto a un proceso de transformación constante. Y aquí radica la clave conceptual de esta magnífica exposición: la necesidad de encontrar fórmulas de resistencia ante los discursos dominantes que seleccionan y repiten imágenes para producir un relato histórico homogéneo.