El artista Antonio Fernández Alvira posa en su estudio
El artista Antonio Fernández Alvira posa en su estudio - C. FALCÓN
ARCO'19

Antonio Fernández Alvira:«Siempre me ha gustado mucho engañar al espectador»

El artista oscense Antonio Fernández Alvira juega con el modo en el que miramos las cosas para hacernos reflexionar. El creador entrará en ARCO de la mano de la galería Espai Tactel

MadridActualizado:

Antonio Fernández Alvira, artista, nació en Huesca en 1977. Siendo un adolescente decidió perseguir su sueño y viajar al corazón del País Vasco para estudiar Bellas Artes. Afincado en Madrid en la actualidad, charla con ABC sobre su trayectoria y su futura participación en ARCO desde su céntrico estudio en Moncloa.

¿Quién es Antonio Fernández Alvira?

Una persona que intenta hacer lo que le gusta, que es dedicarse al arte e intentar vivir de ello.

Usted estudió Bellas Artes en el País Vasco. ¿Es necesario formarse para dedicarse al arte contemporáneo?

En la universidad te dan una formación técnica pero el contacto con gente que se va a dedicar a esto y con profesores en activo te puede abrir mucho los ojos a lo que es el arte. Cuando terminas la facultad tampoco tienes mucha idea de qué hacer o cómo trabajar, y es entonces cuando empieza una labor personal de investigación.

¿Cómo fueron sus primeros pasos en el mundo del arte?

Cuando salí de la facultad estuve muy perdido. Creo que es algo lógico porque, al menos en mi caso, di asignaturas muy diferentes y partí con muchas herramientas que debía poner a trabajar. Necesitaba experimentar y buscar mi camino de investigación. Para ello me ayudó el hecho de estar continuamente viendo y leyendo.

¿Cómo han sido todos estos años? ¿Ha logrado los objetivos esperados?

Estoy contento porque puedo estar trabajando en esto, aunque es muy duro. Es un mundo muy duro y complejo en el que tienes que luchar cada día para sobrevivir. Algunas de las expectativas que me marqué sí se han cumplido y el resto siguen en el pensamiento, trabajando para conseguirlas. Ahora he logrado centrarme en el camino que quiero investigar.

¿Qué obras, exposiciones o artistas han marcado su trayectoria?

Como estudié en el País Vasco, donde la escultura tiene gran peso, el entorno me influyó. Un profesor que me marcó mucho también fue Ángel Bados, Premio Nacional de Artes Plásticas 2018. Cuando llegué a Madrid todo cambió y algo que me ayudó fue el ver lo que se estaba haciendo en esos días en la capital y fuera de esta.

¿En qué proyecto está trabajando?

Se llama Elementos para un discurso y es el proyecto más escultórico de todos los que he hecho. Hasta ahora he trabajado siempre con materiales como el papel y en este he dado un salto de investigación matérico en el que he empezado a trabajar con resinas, escayolas y otros elementos. Pero siempre continuando con eso que me acompaña siempre que es el uso del fake como elemento discursivo y de las imágenes arquitectónicas vistas de una manera más arqueológica.

¿Podría considerar el uso del «fake» su seña de identidad?

Sí, sobre todo porque encaja dentro del discurso teórico de las piezas. Siempre me ha gustado mucho engañar al espectador para que se replantee lo que está viendo. En mis trabajos hablo de esa concepción de imágenes para proyectar y de cómo suelen ser falsas pero las percibimos como reales. Me gusta que el espectador se crea que lo que está viendo es una cosa cuando es otra y que, cuando descubra ese engaño, se replantee todo volviendo a ver esa pieza con su lectura real.

«En España no hay una educación en la cultura. Mucha gente no se acerca al arte por desconocimiento»

¿Es el mensaje que quiere mandar?

Sí. Intento trabajar sobre el modo en el que miramos, leemos e interpretamos las imágenes, y cómo muchas veces esas imágenes, asentadas en el imaginario colectivo, no son reales.

Otra cosa que también es importante, que usé en los últimos trabajos y que estoy usando en este nuevo proyecto, es el concepto de lo arquitectónico destruido. Esas construcciones que parecen haber tenido un pasado glorioso y cómo tú las ves destrozadas, por los suelos... Esa fragilidad de lo que podía ser y ya no es, de lo que creíamos que era indestructible y al final es destructible. Cómo nada es eterno.

En febrero se celebra ARCO, ¿cómo lo vive usted?

ARCO es un gran escaparate que proporciona una visibilidad enorme. Para mí es una de las fechas que marca el curso de lo artístico en España y una semana intensa en la que todo el mundillo artístico se reúne en Madrid y deposita parte de su energía e ilusión para mostrar un buen trabajo. Yo lo vivo con ganas y con la expectación de poder ofrecer algo. Esa cosa de cómo se verá, cómo reaccionará el público...

¿Qué va a presentar en esta ocasión en la feria?

Presento una instalación perteneciente al proyecto que vengo desarrollando llamado Elementos para un discurso. En este proyecto, como explicaba, tomo elementos que no son lo que son y a raíz de sacar moldes y de reproducirlos en diferentes materiales, les doy una presencia de ruina real. Son fragmentos que encuentro y que, al cambiar ciertos detalles, se convierten en otra cosa. El público lo va a leer en el modo en el que lo presento y cuando vea que no es lo que parece, todo se convertirá en algo frágil, en un engaño. Entonces se planteará: «¿hasta qué punto el modo en el que me presentan las cosas hace que me lo crea o no? ¿Hasta qué punto todo es real o no?».

¿Cuál ha sido la respuesta del público en años anteriores?

La he considerado siempre positiva. Nunca puedes gustar a todo el mundo pero, por norma general, pienso que mi trabajo ha gustado en esta cita.

¿Cuál es su opinión sobre el panorama artístico en España?

La calidad de lo que se hace en nuestro país es muy buena pero hay un problema de internacionalización, cuesta que nuestro arte cruce fronteras y se vea. Otro problema de España es que no hay una educación en la cultura. Mucha gente no se acerca al arte por desconocimiento, porque lo perciben como algo que no entiende y se alejan. También se cree que el arte es muy caro pero por el precio de un móvil te puedes comprar una pieza de arte. Lo que falta es que se entienda que adquirir arte es algo que también te aporta.

¿Y sobre la actual relación entre el arte y las nuevas tecnologías?

Creo que las nuevas tecnologías pueden ser muy útiles para los artistas. Yo las utilizo como una herramienta para conseguir información y empezar a crear. Y las redes sociales al final son buenas porque te ponen en contacto con gente, te permiten acceder a contenidos en un clic, y te hacen más visible, pero hay que tener claro que en ellas tampoco todo es lo que parece.