LIBROS
Dos años junto al Churchill más canalla
A través de una prosa vibrante, Erik Larson desvela cómo era en la intimidad el primer ministro durante los bombardeos nazis
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Iniciar sesiónLa ametralladora ligera Bren fue un portento de la ingeniería militar británica. Aunque no hacía honor a su nombre, pues sumaba más de diez kilogramos de michelines metálicos, se convirtió en un arma icónica de la Segunda Guerra Mundial . Un gigante cuyo sonido ... hacía estremecerse a los boches y les obligaba a replantearse decisiones como asomar la mollera por la trinchera. Winston Churchill , todo un 'premier' inglés, podría haber elegido cualquier revólver para actuar como una suerte de quitamiedos; algo pequeño que portar en el bolsillo de la levita por si algún enemigo avieso le tendía una trampa. Sin embargo, el primer ministro prefería guardar uno de estos mastodontes en el maletero de su coche.
No lo hacía porque estuviera convencido de que la Bren le fuera a salvar la vida. Lo que buscaba era llevarse a la tumba a tantos asaltantes como pudiera. «¡Nunca me cogerán vivo!» , repetía con sorna a su guardaespaldas, el inspector Walter Henry Thompson . Y no era un farol. Ofuscado como estaba en que el primer objetivo de Hitler sería acabar con su vida para negociar la paz con un nuevo gobierno, el premier también escondía con celo una cápsula de cianuro en el capuchón de su pluma.
Cara y cruz
'Esplendor y vileza', la nueva obra del periodista Erik Larson , está trufada de estas anécdotas. Y no porque supongan una bocanada de aire para el lector poco partidario del ensayo más canónico , sino porque atestiguan cual notario los claroscuros de su protagonista. Un hombre cuya historia huele a priori a naftalina y que podríamos repetir cual lista de reyes godos, pero que en realidad desconocemos más allá de los tópicos . Sí, a los libros han pasado su amor por la buena bebida, su grandeza política y sus -en terminología rapera- 'punchlines' arrojados contra sus contrarios; sin embargo, pocos nos hemos lanzado de cabeza al turbio mar que fue su vida.
Ligera en contenido, que no en extensión -pues cuenta con más de 700 páginas-, la obra recorre un período muy específico de la vida de Winston Churchill . El libro arranca con las últimas jornadas del gobierno de Neville Chamberlain y la decadencia de la llamada política de apaciguamiento. La fecha es muy concreta: el viernes 10 de mayo de 1940. Un día en el que 'Winnie', sesentón y primer lord del Almirantazgo, fue llamado por el rey Jorge VI para formar gobierno. No había sido la primera opción del monarca, pero era una figura querida que podía dirigir a la sociedad hacia el duro conflicto que se avecinaba.
Desde aquí, Larson narra el devenir del 'premiere' hasta la nochevieja de 1941. Entre medias queda un retrato vibrante y que, para bien y para mal, roza el tono novelesco , aunque sustentado siempre en pilares como la investigación y la documentación. El título del ensayo no puede ser más adecuado: 'Esplendor y vileza'. Dos mundos reunidos en una persona llena de contrastes.
El periodista nos define a Churchill como un animal único con varias obsesiones; entre ellas, bañarse dos veces al día . Pasaba tantas horas en el lavabo que solía trabajar desnudo desde la placidez del agua junto a su estado mayor y a su secretaria. Su segundo lugar predilecto era la cama , donde descansaba buena parte de la mañana y desde la cual dictó alguna de sus directivas más famosas.
Larson muestra a un winston Churchill alocado, excéntrico e infantil, aunque también estadista
Estas pequeñas manías, unidas al alcohol (que bebía desde primera hora) y los puros le permitían sobrellevar con buen talante la presión de dirigir el país . Aunque no siempre funcionaban… Así, no era extraño que Churchill sacara su cara más amarga con sus amigos. «A menudo se volvía contra cualquiera que tuviera a mano y se desahogaba. Dado que yo siempre estaba a mano, salí escaldado muchas veces», recordaba Thompson.
A cambio, Larson desvela también sus bondades. Muestra al trabajador incansable centrado en solventar los problemas del día a día; al orador que asombraba una y otra vez a su audiencia con discursos estremecedores; al padre de familia preocupado por el buen estado de su esposa y de sus hijos ; al político cercano que no dudaba en visitar a los ciudadanos ingleses mientras las bombas germanas caían sobre Londres; al líder cejado en resistir hasta la extenuación la barbarie del 'Blitz' y al mago de la política que, con sus tiras y aflojas, incitó a Estados Unidos a no dejar de enviarle ayuda.
Núcleo duro
Pero, aunque la columna vertebral de la narración se sustenta en Churchill, Larson también se adentra en la vida de una infinidad de figuras que oscilaban a su alrededor. Por las páginas de la obra desfilan -a veces de forma abrupta- desde Thompson, a su servicio durante casi dos décadas, hasta el general Hastings Lionel Ismay , uno de sus confidentes más cercanos. Tampoco obvia el periodista a su esposa, la ruda Clementine -la única capaz de llevarle la contraria-, o a su hija Mary , desobediente y valerosa a la par. Y todo ello aderezado con las vidas de decenas de británicos de a pie. Algunos, como una joven obsesionada con perder la virginidad antes de que una bomba cayera sobre su cabeza y que no pudo evitar desilusionarse después de mantener su primera relación sexual.
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