Novia rural retratada por August Sander a comienzos de los años 20
Novia rural retratada por August Sander a comienzos de los años 20
ARTE

El «animalario» de August Sander

A través de los retratos del fotógrafo alemán, La Virreina, en Barcelona, invita a descubrir la «tipología» del hombre del siglo XX

BarcelonaActualizado:

August Sander (Herdorf, 1876 - Colonia 1964), es irrefutablemente uno de los padres del retrato documental, más allá de la documentación tipológica, con un valor universal. Mucho más que el reflejo de una época es lo que podemos disfrutar hasta el 23 de junio en La Virreina Centro de la Imagen, comisariada impecablemente por su director, Valentín Roma, junto a Gillermo Zuaznabar, bajo el título de « Fotografías de “Gente del siglo XX”».

Imágenes procedentes del August Sander Archiv, del Die Photographische Sammlung / SK Stiftung Kultur de Colonia, son sus protagonistas sin artificios. De forma honesta y sencilla se presentan ante el espectador copias modernas de gran calidad realizadas a partir de los negativos de cristal originales que atesora este archivo, junto a diversos materiales bibliográficos, cartas y carpetas que nos acercan a un autor tan marcado por el convulso momento que le tocó vivir.

Perdedores y perdidos

Momento que no truncó su proyecto vital y del que él supo reflejar las transformaciones económicas y políticas. Da voz así, con sus retratos, a los oficios, a las condiciones de una época y a los diferentes capítulos de la vida, inmortalizando a sus protagonistas en su entorno. Perseguidores y perseguidos pasan por delante de su cámara y su filtro con un mismo tratamiento.

«Gente del siglo XX» compone un amplio archivo de retratos que demuestran los cambios sociales y políticos que abarcan de 1892 a 1954 en la Alemania que iba a sufrir y sufrió uno de los periodos políticamente más terribles y marcados por el horror. Periodo sobre el que historiadores y teóricos han puesto el foco a través de sus ojos. Para todos ellos ha sido de vital importancia el trabajo de Sander, que también fue uno de sus protagonistas. Desde Benjamin a Berger, pasando por Sontag o Barthes, esta categorización sin sentimentalismos de la sociedad de su época ha sido clave para la Historia de la fotografía del siglo XX y su posterior devenir.

Sander no solo inmortalizó a la convulsa alemania de su tiempo, sino que la categorizó

Sus tipologías ordenadas en siete capítulos y 45 carpetas se alejan de la rigidez que se podría esperar de un trabajo vital taxonómico: va más allá. Esta inmovilidad que se buscaría en el retrato más formal se aleja de la realidad. Unos retratos que quieren ser objetivos y nítidos ocultan múltiples lecturas, detalles y miradas que el espectador debe interpretar y que le aportan una universalidad genial. Un trabajo por el que se puede sobrevolar rápidamente para llevarse una imagen panorámica, o con el que se posibilita crear un viaje detallado a la búsqueda de las actitudes y tensiones ocultas que los retratados pretendían que permaneciesen en su esfera privada. Con Sander se rompe la intimidad entre retratado y fotógrafo para crear un ordenamiento vital y social que marca una visión general que se disfruta desde las miradas y gestos detallados que ofrece.

Una de las grandes aportaciones de esta muestra recae en la breve selección de «Estudios: el ser humano», proyecto prácticamente inédito en el ámbito museográfico y que pone el foco en el detalle, el gesto y las posturas de los modelos. Esta sección aporta un Sander más subjetivo, alejado de sus objetivos tipológicos hieráticos y centra la tensión en las manos y las expresiones, de una forma además tan moderna como poco artificiosa, con una belleza rotunda.

En sesenta años

Más de seis décadas y dos guerras mundiales separan a la imagen más antigua de la más nueva de las 187 que se disponen en las salas de forma ligera y bien estructurada, solamente diferenciadas por la tipología que el propio Sander había creado para reflejar el tejido productivo de la sociedad alemana.

La mayor panorámica de Sander realizada en nuestro país nos deja, además de una gran experiencia en sala, un cuidado programa de mano con un texto y referencias bibliográficas tan interesantes que hacen que el visitante quede con ganas de conocer más de alguien que supo adaptarse y reflejar el latir de su tiempo.

Un Sander que se construye en las miradas de aquellos que lo miraron a los ojos para ser inmortalizados y categorizados, inconscientes de su devenir final, ejemplos de una época.