«Alrededor de la línea» (1943), de Kandinsky
«Alrededor de la línea» (1943), de Kandinsky
ARTE

Aires artísticos de París en el Reina Sofía

Se equivoca el comisario Serge Guilbaut al vender París en el Museo Reina Sofía como capital del arte tras la II Guerra Mundial

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No siempre una buena idea acaba produciendo un buen resultado. La de reunir en una exposición un conjunto de obras artísticas y documentos que reflejaran la gran fuerza de atracción de París desde los años finales de la Segunda Guerra Mundial hasta ese 1968 que marcó una nueva situación, política y social, de la capital francesa es, sin duda, una propuesta de gran interés. El problema se sitúa después, en la concepción y planteamientos de la exposición, que -en mi opinión- resulta en buena medida fallida.

Fuera de registro

En la muestra se presentan más de doscientas obras de más de cien artistas, en un registro muy amplio de soportes: pintura, escultura, cine, música o fotografía. El recorrido se articula en doce espacios, de manera cronológica, situando en su inicio a Vasili Kandinsky, fallecido en Neuilly-sur-Seine, muy cerca de París, el 13 de diciembre de 1944, y a Pablo Picasso, de quien curiosamente se ha seleccionado El niño de las palomas, de 1943, una obra anterior a la fecha propuesta en el propio título de la exposición.

Aunque hay obras de gran calidad, el conjunto es muy desigual. Y el gran problema es que buena parte de las obras se presentan aisladas, agrupadas básicamente por fechas, y sin reconstruir el contexto y las trayectorias de sus creadores, lo que hace bastante difícil su encuadre y comprensión por parte de los públicos. De modo que lo que se nos da es una especie de «inventario abierto» de algunas líneas y situaciones del arte en París durante esas dos décadas. Casi diría que lo más destacado en la muestra es la presentación en ella de la maravillosa película Un americano en París (1951), dirigida por Vincente Minnelli, con el deslumbrante trabajo como actor, bailarín, y coreógrafo del gran Gene Kelly.

Una idea manida

El comisario, Serge Guilbaut, historiador del arte nacido en Francia en 1943, desarrolló su carrera académica en Estados Unidos, y desde 1990 es profesor en la University of British Columbia en Vancouver, Canadá. Su publicación más conocida es De cómo Nueva York robó la idea de arte moderno (1983, traducida al español por vez primera en 1990). Se entiende que Nueva York robó esa idea de París, y su estudio se centraba en el análisis del Expresionismo Abstracto, en relación con la libertad y la Guerra Fría. Una temática coincidente en fechas con la expo- sición que ahora se presenta en Madrid, aunque dándole la vuelta en el espejo: en esta ocasión, desde las fronteras abiertas del mundo a París.

Ausencia injustificada

En este punto, me parece importante señalar un aspecto que desde distintos medios artísticos se viene señalando desde hace tiempo. En el Museo Reina Sofía no se indica el nombre de los comisarios de las exposiciones temporales ni en los textos situados en los muros de información, ni en los pequeños folletos informativos disponibles para los públicos. Sí se comunica a la prensa, y también aparece en los catálogos. Pero que esa información no esté plenamente disponible para todos los públicos que visitan el museo y ven las exposiciones, y que en una gran parte no tienen información de prensa sobre las mismas, ni adquieren los catálogos, es evidentemente una mala práctica en la actividad artística de una institución pública.

Es obvio que la producción y presentación de las exposiciones temporales es un complejo trabajo colectivo, pero también lo es que el papel del comisario tiene una importancia central en esa tarea. Y sorprende que no se preste más atención a esta cuestión, precisamente en un museo que tiene especialmente en cuenta todo lo referente a la documentación, y no sólo a la presentación de las obras.

En todo caso, y a pesar de los problemas señalados, esta «muestra inventario», nos permite respirar un ambiente, los aires artísticos en el París de las décadas mencionadas. En esos aires se advierte una posición libre y abierta de los artistas, que hacen brotar las formas directamente de su mundo interior, rompiendo toda sujeción a normas externas, en una línea que podríamos considerar paralela a lo que significa la utilización del verso libre en la poesía.