El selfie que Margarita García Robayo dedica a ABC Cultural
El selfie que Margarita García Robayo dedica a ABC Cultural - M. G. R.
«Darán Que Hablar»

Margarita García Robayo: «La condición humana es un pantanal insondable»

Los referentes de esta colombiana afincada en Buenos Aires son «muchos y cambiantes». Su última novela, «Lo que no aprendí» (Malpaso), la sitúa en el mapa de la más potente y actual literatura latinoamericana

Actualizado:

- ¿Cuáles son sus intereses como escritora?

- Van cambiando. Cuando empecé a escribir había una búsqueda más técnica y, como lo veo ahora, menos desprejuiciada. Hoy me centro en darle sentido –y luego forma– a los temas que me vuelven todo el tiempo a la cabeza. Son temas que asocio con algún tipo de fractura generalizada en la sociedad contemporánea, a la que suelo mirar con fijación morbosa. Mi interés sería, entonces, dar cuenta de esa mirada.

- ¿Y como lectora?

- Como lectora cambio todavía más, pero podría decir que mantengo el gusto por las historias breves y contenidas (la novela corta es mi formato preferido), donde buena dosis de la materia narrativa surge del tránsito de lo cotidiano, de asuntos domésticos, de las miserias personales; este tipo de textos, cuando se hacen con maestría, disparan generosas reflexiones sobre la condición humana, que es un pantanal insondable.

(Y también me gusta mucho leer ensayos superargumentados de cosas que en general desconozco, o sea todo lo contrario de lo que acabo de decir arriba).

- ¿Sobre qué temas suele escribir?

- Sobre el constante quiebre de los vínculos, la familia desmembrada, los traslados crónicos, los tránsitos traumáticos, las migraciones y mudanzas, la enfermedad y la incomprensión patológica de lo que nos ocurre.

- ¿Dónde ha publicado hasta el momento?

- En Planeta (Destino, Emecé y Seix Barral), y ahora en España encontré una maravilla llamada Malpaso. En algunos países de Latinoamérica me publican sellos independientes muy cuidados, cuyo trabajo valoro muchísimo, algunos son: Laguna y Plumas de Mompox (Colombia), Montacerdos (Chile), Tamarisco y Nudista (Argentina) y Arlequín (México). En Italia me edita Marcos y Marcos y en Cuba salió el año pasado un libro de cuentos que ganó el Premio Casa de las Américas, en el Fondo Editorial Casa de las Américas –una edición muy bonita y, lo mejor de todo, gratuita.

- ¿Con cuáles de sus «criaturas» se queda?

- Mi última novela, «Lo que no aprendí», es la más cercana a mi historia personal, pero donde más reconozco mi «voz» es en «Hasta que pase un huracán», una novela corta que salió en el año 2012.

- Supo que se dedicaría a esto desde el momento en que…

- Renuncié y volví a renunciar a trabajos que me garantizaban un salario mensual. En este punto ya es irremediable, me dedico a esto, pero siempre tengo que recordarme que en alguna parte de la cadena alimenticia debo cobrar un dinero por ello.

- ¿Cómo se mueve en redes sociales?

- Como un reptil obeso: poco y lento.

- ¿Qué perfiles tiene?

- Una página en Facebook que se restringe a dar información sobre los libros y textos que publico.

- ¿Cuenta con un blog personal?

- No.

- ¿Qué otras actividades relacionadas con la literatura practica?

Escribo artículos, ensayos, crónicas en revistas de literatura que son, para mí, un monumento a la generosidad. Te permiten proponer tus temas y extenderte cuanto quieras y, encima, te pagan. Y ahora estoy por dar un taller en una librería lindísima de Buenos Aires, será mi incursión en ese oficio.

- ¿Forma parte de algún colectivo/asociación/club?

- No.

- ¿En qué está trabajando justamente ahora?

- En una novela. Estoy en la fase alta, la del entusiasmo, espero que duré...

- ¿Cuáles son sus referentes?

Muchísimos y cambiantes. Jose Emilio Pacheco, Rulfo, Josefina Vicens, Kafka, Nabokov, Coetze, Hebe Uhart, Anne Tyler, Carson Mcullers, Natalia Ginsburg, Carver, Cheever, Salinger, Richard Yates, Juan Goytisolo y una gran ensayista argentina llamada María Moreno, entre otros.

- ¿Y a qué otros colegas de su generación (o no) destacaría?

- Hay muchísimos para destacar. Me sumo a todos los que ya habrán mencionado anteriores entrevistados y agrego a Junot Díaz. Es el Mike Tyson de la literatura, en lugar de frases, escribe knockouts.

- ¿Qué es lo que aporta de nuevo a un ámbito tan saturado como el literario?

- La verdad, supongo que nada. Pero cada vez que escucho esa pregunta pienso que por suerte yo nunca me la hice. Ni como escritora ni como lectora: jamás abrí un libro con la expectativa de que me iba a sacudir un nuevo aporte a la literatura. Creo que los libros son experiencias, cuando me compro un libro es eso lo que me estoy comprando –a veces resultan ser experiencias movilizantes y otras veces inocuas–. Y cuando lo escribo, tengo la conciencia de que en un futuro no tan lejano, alguien más será partícipe de la experiencia que, sin conocerlo, le he querido compartir. Y la transitará y la modificará con sus propias herramientas y, finalmente, se la apropiará. Y ese será mi aporte.

- ¿Qué es lo más raro que ha tenido que hacer como escritora para sobrevivir?

- Sentarme cada día a teclear, sin estar nunca segura de que eso se verá traducido en monedas y, aún así, seguir tecleando.