Azcona, nos explica la organización de su (no) estudio en la galería Serendipia - isabel permuy
de puertas adentro

Abel Azcona: Ventajas y más ventajas de no contar con estudio

Una maleta. Allí guarda Abel Azcona todo lo que necesita. Y ella va consigo donde haga falta. Hace las veces de su estudio. Como los aparatos electrónicos que lo conectan con el mundo. Así trabaja un artista que dice no necesitar taller en propiedad

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Cuando uno es un artista nómada,no tiene mucho sentido lo de tener estudio. Cuando uno es un artista nómada –y ese es el caso de Abel Azcona–, el taller del artista es su propia maleta. Es todos esos lugares en los que recala. Lo son los espacios con los que colabora y las habitaciones en las que termina refugiándose: «Yo he desarrollado proyectos en los hoteles en los que me he alojado», admite nuestro interlocutor. Y precisamente por eso, porque las obras de arte tienen que gestarse en algún lugar, porque en algún lugar el creador debe poner en marcha el trabajo (y hasta acumularlo), quedamos con Azcona, para que nos lo cuente, para que nos ilustre.

Él nos cita en Serendipia, uno de esos nuevos establecimientos multidisciplinares de Madrid, a medio camino entre la galería de arte y la tienda de objetos de artista, y con el que, desde su apertura, Abel ha estado vinculado (allí ha expuesto, ha comisariado a otros artistas y, en otoño, volverá con un nuevo proyecto): «La verdad es que no creo en la idea de tener estudio propio. Si bien es cierto que el estudio se identifica con el ego del artista, y que yo creo mucho en el ego, mi opinión es que este debe ser compartido y repartido por todas partes».

Jugar con algo de ventaja

Tal vez Azcona juega con ventaja, ya que, aunque es un artista que trabaja con todas las disciplinas, la performance ocupa un lugar destado en su producción: «La performance es un arte de procesos. No tiene sentido constreñirla a un estudio porque crece con los contextos. Esa es la razón por la que yo uso otros espacios como base de operaciones. Es el caso de Serendipia, que me sirve de almacén, o de Factoría de Arte y Desarrollo, que tiene un cuarto oscuro que me ha permitido desarrollar muchosestudios sobre confinamiento. Hasta puedo considerar al hotel Praktik-Metropol como otro de esos espacios en los que he trabajado y contra los que he trabajado, sobre todo cuando me he ocupado de cuestiones relacionadas con la prostitución».

«Nunca he tenido apego a un lugar, como nunca lo he tenido a una familia»

Nos negamos a creer que el artista no cuente con un metro cuadrado físico que reclame como propio. ¡Somos seres humanos!: «¿Te vale mi domicilio? Allí tengo mi oficina. Pero soy muy nómada, de forma que mi estudio es mi maleta. Nunca he tenido apego a un lugar, como nunca lo he tenido a una familia. Soy nómada desde que nací, una persona viajante y viajada, que ocupa el espacio donde está. Y me parece mucho más interesante la idea de no-estudio».

Azcona ha bajado desde Pamplona para charlar con nosotros, de forma que podemos ver muy cerca de él esa maleta de la que habla («aunque, reconozco que esta no es la habitual. Esa está viviendo ahora mismo su propia historia»). Lo que ha desplegado en Serendipia para crear un poco de ambiente para nuestro cámara de vídeo y nuestra fotógrafa sale en buena parte de ese contenedor: libros, fotos de The Shadow (el proyecto con el que ahora mismo denuncia los abusos a menores), folletos, revistas con algunos de los reportajes que se han publicado sobre su trabajo, y una carpeta: los documentos que conforman su expediente de adopción y la foto de ese día. El origen de todo.

Las respuestas que nadie da

«Para mí el arte es una experiencia personal exploratoria para conseguir respuestas que nadie me daba sobre preguntas complejas. Mi propia experiencia vital ha sido compleja y está bien resumida en ese expediente, del que sigo sacando temas y con el que sigo conociéndome a mí mismo. Si tengo alguna duda en torno a mi vida o en torno a una cuestión, lo ejerzo en primera persona y lo documento a nivel artístico. El mío es un proceso de aprendizaje, que aplico a cualquier cuestión (el abandono, los abusos, la prostitución...). Y de lo que se trata con estas apropiaciones no es solamente vivir una catarsis personal, sino también colectiva, que el espectador salga transformado de las exposiciones».

Con el tiempo, y de forma casual, Azcona ha ido concentrando su actividad endos centros geográficos muy distintos. Uno es Madrid, donde estamos ahora con él. El otro, Bogotá. Allí llegó en 2011, invitado por el Museo de Arte Contemporáneo de la capital colombiana para crear muy pronto una conexión especial con el lugar; él, una persona que no tiene apego por nada: «Creo que eso fue así porque Colombia es lo opuesto a España. España es un país desmemoraido, que se entierra en su desmemoria. Colombia es catártico, remueve sus recuerdos, lo que le ayuda a salir hacia arriba. Siempre digo que yo viajo a Europa para hacerme daño y, a América, para regenerarme».

«Yo viajo a Europa para hacerme daño y, a América, para regenerarme»

Este ir y venir contribuye a que los aparatos electrónicos también sean parte de esa maleta, y otra prolongación del estudio («como lo es mi cuerpo. Cada tatuaje, cada cicatriz, cada marca, remite a un proyecto»): Ahí están la tablet o el portatil. Pero no un teléfono. Él, por venir de donde viene e ir a donde va, lo denomina «celular». Azcona no lo soporta: «Hoy se ha convertido en un aparatito para mandar whatsapps, y para eso ya existen otras aplicaciones. Prefiero estar conectado con el mundo desde las redes sociales. Aunque tampoco soy un obseso de las mismas».

El hombre sin espacios es también un hombre sin tiempos. «Mi jornada de trabajo es complicada de relatar», explica: «Por cuestiones personales –sufre un transtorno de personalidad– hay días que no me encuentro bien para hacer nada. Y cuando lo consigo, no sigo pautas coherentes de organización. Todo depende mucho de la medicación, de los periodos de atención sanitaria, de los viajes... Todo esto ayuda también a no tener estudio», bromea.

La tumba como estudio

Aún así, su agenda rebosa de proyectos. El artista acaba de mostrar The Sadow en Bilbao, y la serie irá ampliándose con nuevos testimonios en Zaragoza, Valladolid, Tarragona... En septiembre, no solo Serendipia acogerá su trabajo. También prepara «una gorda» (en sus propias palabras) para Apertura en Doctor Fourquet. Y llegarán participaciones en la feria MARTE (Castellón), residencias en Roma, en Bolivia, en México... «Hasta 2017, voy a estar bien ocupado», admite.

Azcona ahora es joven, pero, ¿sentirá en algún momento la necesidad de parar, de tener un estudio? Responde tajante: No. El día que me pare será el día que me muera. Entonces, esa tumba será mi estudio fijo. Si uno se encierra en un taller, nadie viene a buscarte. Y, desde allí, no vas a cambiar nada. El arte ha de ser un virus que se propaga, y el artista, un ser voluble, viajable, en movimiento... A todo eso, a mí me ayuda lo de ser un poquito hiperactivo». Nada, que no le cambiamos de idea...