Jen Campbell, autora de «Cosas raras que se oyen en las librerías» (Malpaso)
Jen Campbell, autora de «Cosas raras que se oyen en las librerías» (Malpaso)
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Jen Campbell y esas «Cosas raras que se oyen en las librerías»

«¿Tienen libros que enseñen a respirar bajo el agua?». Es una de las muchas anécdotas que reúne Jen Campbell en «Cosas raras que se oyen en las librerías»

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En una ocasión, vi cómo un cliente, un hombre maduro de aspecto enérgico, entraba en una conocida librería madrileña y preguntaba a la chica de la caja: «¿Tienen libros de Henry Kennings?» (o cualquier otro nombre por el estilo). La chica le dijo con parsimoniosa seguridad: «No, no tenemos». ¿Es que acaso recordaba de memoria los nombres de todos los autores que había en aquella enorme librería? No, eso no es posible. ¿Entonces? Posiblemente la chica ya conocía al hombre y sabía que era un chiflado. O quizá lo había intuido nada más verle.

Tengo otras historias de cosas raras oídas en librerías. Por ejemplo, aquella empleada de otra importante librería madrileña que no sabía escribir «Baudelaire», aunque su ordenador era tan inteligente que al teclear ella «Bodelier», o algo parecido, reconoció el nombre al instante.

Hay lectores que buscan un libro de costura para aprender a coser heridas

Pero estas historias no son nada comparadas con las que reúne Jen Campbell en Cosas raras que se oyen en las librerías, una constelación de anécdotas, hemos de suponer que reales, recogidas a través de un período de tiempo indeterminado en dos librerías británicas, la Edinburgh Bookshop y una librería de viejo de Londres llamada Ripping Yarns. Se añade una pequeña sección de anécdotas de otras librerías y otra, cortesía de los editores españoles, de cosas raras oídas en librerías de nuestro país. En una de ellas un cliente pide un libro de Javier Marías «pero con vampiros».

El hedor de un pantano

Leyendo las divertidas páginas de este librito uno llega a varias conclusiones inquietantes. Primera: que hay un alarmante número de personas que parecen haber olvidado qué es exactamente una librería, para qué sirve, qué se hace (y no se hace) en ella y en qué consiste, en general, el negocio de editar y vender libros. Segunda: que los libros están comenzando a convertirse en objetos absolutamente incomprensibles para muchas personas. Tercera: que en Gran Bretaña hay, al parecer, una elevada proporción de personas fuera de sus cabales.

Son numerosos los clientes que entran en las librerías para pedir una taza de té

No es que yo crea que las tres cosas sean ciertas (excepto, tal vez, la tercera), pero la evidencia parece abrumadora. Un cliente quiere asegurarse de que Harry Potter no trata de «maricas», otros buscan... un libro de costura para aprender a coser heridas, un libro que enseñe a respirar bajo el agua, una «secuela» del Diario de Ana Frank, un libro comestible, libros verdes (es decir, de color verde), un libro cuyo autor se llame como el comprador (para fingir que es escritor), un libro firmado por Shakespeare... Son numerosos los clientes que entran en las librerías para pedir una taza de té, para preguntar si pueden cuidar un rato de sus niños o para proponer transacciones absurdas.

Con todo, muchas de las cosas que se cuentan en este curioso libro no me parecen tan raras. No es tan raro (aseguro que yo no lo he hecho jamás) que un autor se moleste en colocar bien sus libros en la mesa para que estén más visibles. Ni tampoco la idea, repetida varias veces, de que los libros son «malolientes». Por lo general los libros tienen un olor delicioso, pero en una librería de viejo en Lewes, en el sur de Inglaterra, descubrí que una acumulación de papel viejo en un clima húmedo puede llenar una librería del hedor de un pantano.