ÁngelaBoix en un momento de la función
ÁngelaBoix en un momento de la función - abc
teatro

«La señorita Elsa» en la intimidad de Sexto Derecha

Una adaptación de la novela «La señorita Elsa», de Arthur Schnitzler, se instala en Sexto Derecha, el salón de un piso particular de Madrid convertido en espacio teatral

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Hace un par de años, harto de las dificultades que encontraba para trabajar, el actor y director José Luis Sáiz decidió convertir el salón de su casa en una sala teatral. Así nació Sexto Derecha, un espacio escénico no convencional situado, como es lógico, en el piso sexto derecha del número 107 de la calle de Toledo, en el barrio de La Latina, cerca del Rastro y de la denominada Fuentecilla, en pleno corazón castizo de los Madriles. «La situación social y profesional era entonces tan terrible –evoca Sáiz– que por pura dignidad decidí abrir mi casa y hacer teatro en el salón, por encima del concepto de seguridad burguesa y del miedo a quién vendrá y qué pueden hacerme. Yo entiendo la prudencia de los productores en estas circunstancia, pero ya estaba cansado de que los proyectos se dilataran indefinidamente a causa de las dificultades económicas; así que como no quiero que nadie decida cuándo tengo que trabajar, algo que para mí es una necesidad, me embarqué en esta experiencia extraña de abrir la puerta a gente que no conozco, que se sienta en mi sofá y utiliza mi baño…».

Flaquezas morales

«Una experiencia –prosigue– que ha resultado muy gratificante, porque la gente es mucho más civilizada de lo que muestran los telediarios, y acude a disfrutar de un espectáculo de una manera muy próxima y relajada».

El título que inauguró el nuevo espacio, que tiene un aforo máximo de veinticinco espectadores, fue El lector de Romeo y Julieta, un texto de atmósfera shakespeariana escrito e interpretado por el propio Sáiz, con dramaturgia y dirección de Marga Labarca. Sexto Derecha ha acogido también, entre otras propuestas, actuaciones musicales, un festival de cuentos, un ciclo de grandes actores en el que intervino Charo Soriano… Ahora se ha instalado en el acogedor salón La señorita Elsa, versión teatral de la novela de Arthur Schnitzler (1862-1931) realizada por Lola Blasco, dirigida por José Luis Sáiz e interpretada por Ángela Boix.

El escritor austriaco fue un gran fustigador de la pacata sociedad de su tiempo

El austriaco Schnitzler, médico de profesión, novelista y dramaturgo, admirado por Freud, uno de los primeros cultivadores del monólogo interior como fórmula narrativa y figura capital de la Viena de entreguerras, obtuvo gran éxito con esta obra publicada en 1924. Fustigador de la pacata sociedad de su tiempo y sus farisaicos convencionalismos sociales, el escritor vivió buena parte de su carrera literaria instalado en la controversia y envuelto en sucesivos escándalos por su empeño en poner de manifiesto en sus textos las flaquezas morales de sus conciudadanos. La señorita Elsa, por ejemplo, es el monólogo de una joven de clase acomodada que pasa unas vacaciones, invitada por una tía, en una localidad turística italiana, San Martino di Castrozza, donde la buena sociedad vienesa veraneaba a comienzos del siglo XX. Unas deudas de juego de su padre le ponen en la tesitura de solicitar ayuda económica a un rico conocido de la familia que, a cambio del préstamo, exige poder contemplarla desnuda. Elsa se debate entre la humillación, el orgullo y la necesidad de un dinero que salvaría a su padre.

Tono fatalista

«He tenido la suerte –explica José Luis Sáiz– de que la versión la hiciera Lola Blasco, una dramaturga joven que ha realizado un gran trabajo. Desde el arranque se percibe un tono fatalista que nos hace intuir que va a ocurrir algo terrible. En un momento de la obra, la protagonista se pregunta: ‘¿Para qué sirve una mujer’, y lo hace en el sentido más prosaico. Elsa pertenece a la clase alta y no sabe qué papel debe adoptar en la vida: el de joven casadera, el de futura esposa para el que ha sido diseñada, el de puta de lujo… Ninguno le gusta, no encuentra su papel. Podría trabajar tal vez de institutriz o telefonista, lo que le supondría un descenso de clase social, tener que vivir en un barrio vulgar, y eso es algo que se niega a aceptar, lo que la conduce al suicidio. Es un personaje muy moderno que, al percibir que quieren utilizarla sus padres, su tía, un primo... decide dar la vuelta a la humillación a la que pretenden que se someta y convierte la desnudez en un acto de valentía y dignidad».

Todo esto transcurre en ese ambiente de intimidad de la vivienda del director, quien asegura que en ningún momento ha intentado disfrazar el salón para que parezca un teatro. El núcleo esencial del equipo de Sexto Derecha lo forman cinco personas. «Todos –subraya su impulsor– trabajamos con ilusión de primerizos pero la factura de lo que hacemos es muy profesional, porque acumulamos muchísima experiencia en nuestro trabajo».