Un espectador contempla algunas de las obras expuestas en Lacolect
Un espectador contempla algunas de las obras expuestas en Lacolect - j. d.-g.
arte

Lacolect mete en un párking a 50 artistas emergentes para que vendan su obra

Hasta el sábado, el párking del Hotel One Shot 23, en Madrid, es la sede de la exposición colectiva Lacolect. Una iniciativa para artistas sin galería en busca de nuevos coleccionistas

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Hay que descender algunas rampas para poder acceder a las obras de arte. Durante algunos de los tramos, nos acompañan el melódico sonido de las bajantes de agua y el soniquete de algún aparato de refrigeración. La luz es la que proporcionan los fluorescentes de las diferentes plazas donde habitualmente se dejan los coches. Tal vez un párking no sea el lugar más adecuado para exponer los trabajos de los artistas, pero es el que ha elegido la empresa Hago Cosas para la primera edición de Lacolect, su exposición colectiva de arte joven con la que pretenden dar visibilidad y abrirles las puertas del mercado a unos aún noveles creadores que tienen dificultades para llegarle al gran público y al coleccionista.

Un triple objetivo

No es la primera vez que el estacionamiento de un hotel es utilizado para la exhibición de arte contemporáneo. La feria JustMad se sirvió durante algunas de sus ediciones de un emplazamiento similar. El ahora elegido es el del One Shot 23, en el madrileño Barrio de las Letras, cuyas tres plantas bajo tierra recogen las cincuenta obras (una por artista) de los creadores seleccionados que, antes de llegar aquí, debieron de pasar un proceso de selección y pagar una pequeña minuta para ser tenidos en cuenta.

Los precios van de los 35 euros de Elena García hasta los 300 de otros creadores

Según los organizadores (responsables también de las ferias Room Art Fair y JaalPhoto), Lacolect debe ser definida como una gran exposición de arte emergente que responde a tres objetivos: de un lado, acercar el arte contemporáneo a todos los públicos. De otro, apoyar el trabajo de los jóvenes artistas, que son los que lo tienen más difícil para hacerse un hueco en el mercado. Por último, fomentar un nuevo tipo de coleccionismo, basado en fórmulas más distendidas. Lacolect apuesta por el concepto take away, de forma que precios asequibles (la obra más barata son los 35 euros del dibujo de Lana del Rey de Elena García Navarrete; los más altos no superan los 300), y formatos no excesivamente grandes son las bazas para propiciar el acercamiento entre artistas y amantes del arte.

Durante tres días, desde hoy y hasta el sábado, los autores seleccionados tienen la posibilidad de vender su trabajo de primera mano a los nuevos coleccionistas y sin intermediarios. Lo cierto es que en la primera hora de apertura al público, sólo uno de ellos estaba allí presente. Era el mexicano Víctor Tenorio. «Algunos de los artistas convocados son de fuera de Madrid, por lo que nosotros no podemos obligarles a estar de forma física en la exposición –cuentan los organizadores–. Ahora bien: si aparecen, esta es una buena oportunidad para darse a conocer». De esta opinión es el propio Tenorio, que reconoce que esta es una ocasión única para «meter la cabeza» y conocer a algunos agentes del sector. Su fotografía de la serie «Me importa un pimiento» puede adquirirse por algo más de 150 euros: «Nosotros presentamos un dossier y es la organización la que seleccionó la obra que mejor le encajaba en su discurso», explica.

Más allá del aire «casual»

Porque aunque parezca que todo tiene un aire muy «casual», las obras y los artistas seleccionados se agrupan generando un atenuado discurso que muestra la pluralidad de voces del arte emergente actual. Abunda la fotografía (Cristina Gon, Hugo Makamura, Stella Sestelo, Santi Ruiz, Olaya Pazos...), con escasos ejemplos de tridimensionalidad (la «tostada» de Marta Bran, las construcciones de Toni Ferrer, la «matriz» de Bárbara Velasco...), mientras nos reencontramos con algunos viejos conocidos ( Federico Sposato, Nino Maza, Alba Pérez Mansilla...). En el caso de que los artistas no estén presentes y usted desee adquirir una obra suya, un pequeño grupo de voluntarios se encarga de las gestiones: «Nos han dado algunos datos de los artistas y los precios de sus obras para que podamos ayudar al posible comprador», nos confiesa uno de ellos. Entre esas indicaciones están las de hacerles saber que el pago debe ser siempre en efectivo y que pueden llevarse la obra al momento. Un éxito abrumador podría dejar el párking vacío de un golpe.

Se trata de buscar nuevos coleccionistas empleando fórmulas más distendidas

El concepto de Lacolect tampoco es nuevo. Lleva dos años desarrollándolo con éxito La New Fair en La New Gallery, coincidiendo con ARCO y bajo el comisariado de Semíramis González (que llegó a acusar de plagio a Lacolect). Quizás lo que aporta de novedosa esta nueva cita (cuya entrada general es de cinco euros) es un escenario que se aparta del habitual cubo blanco del arte, los recorridos guiados por Art Gallery Tour y la presencia de otras firmas participantes como la escuela Efti, la galería Mad is Mad (que ha traído hasta aquí algunos de sus proyectos editoriales, como los de Cabeza de Chorlito, Mincho o Caravanbook) o Veo Arte en Todas Partes, la plataforma que, gracias a Andreas Strobel, fomentará el diálogo en la muestra, así como generará su propia feria paralela al presentar 30 de las 120 imágenes seleccionadas en convocatoria abierta de una serie de fotógrafos improvisados, a los que se les interrogó por su idea de aquello que nos hace sentir bien. Quién sabe si Lacolect es una de ellas.