Una de las obras del colombiano Óscar Muñoz
Una de las obras del colombiano Óscar Muñoz
arco 2015

Colombia, un mapa cultural de diez

Desde el miércoles y hasta el domingo, ARCO, la feria de arte española por antonomasia, celebra una nueva edición. Y Colombia será su país invitado. Repasamos algunos de sus hitos culturales sobresalientes

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Treinta y cuatro son las ediciones que ARCO lleva en la mochila. Muchas cosas nuevas cada año y otras que nunca cambian, entre ellas, las del país invitado u homenajeado. Una tradición con los papeles en regla. No recuerdo si en todas y cada de las convocatorias se ha dado este guiño, a veces más turístico que artístico o mercantil. Es decir, que hayan sido treinta y cuatro las naciones que han hecho las maletas con destino ARCO. Este 2015 nos visita Colombia. Y después de unos cuantos fiascos, como los muy recientes de Finlandia o Turquía, viajamos de nuevo al continente americano, donde siempre hay muchas cosas que rascar y que contar. La creatividad en todos los sentidos no es una de sus asignaturas pendientes. Y empecemos con el cuento colombiano en el que la cultura viene entreverada por su historia «cotidiana» y popular más reciente.

1. Literatura de Nobel y de nobeles

Antes de que supiéramos del arte de este país, cuyos ecos empiezan a llegarnos con fuerza ahora, estaba su literatura. Por supuesto, Gabriel García Márquez, quien acaparaba, hasta hace bien poco, todas las atenciones. Antes de que el año pasado falleciera el «padrecito» entre las brumas de su memoria, ha habido y hay otros autores y títulos, de William Ospina a Juan Gabriel Vásquez, que narran entre sus líneas la historia reciente salpicada de conflictos varios o no tanto de su país. Pero no quería hablar sólo de escritores o «escribidores», sino también de lectores. En Colombia se constituyen en legión. Un amor a los libros real y no impostado. Soy testigo de cómo son capaces de llenar auditorios para ver a su ídolo literario cómo habla y habla delante de un micrófono o seguirle en avalancha por las calles cual groupies de un cantante pop. He visto en Cartagena de Indias cómo rodeaban y arropaban a García Máquez más seguidores que a Shakira. En Colombia, más que lectores, son «fans». Y esto no le he presenciado en ninguna otra parte del mundo.

2. El arte y sus muchas partes

Pese a que debería abrir este decálogo, lo dejamos en segunda posición porque la calidad no equivale a cantidad. Me explico: la creación colombiana se define por una calidad excelente de unas décadas a ahora, pero no se traduce en cantidad de fieles, como en literatura. El arte contemporáneo es mucho más restrictivo, en lo bueno y en lo malo. Su artista de referencia, Doris Salcedo, que lleva a cuestas su propia leyenda de amor y odio con su país de origen, ha puesto una pica en la Tate Modern de Londres. Y otros, como Óscar Múñoz, han trillado bienales y encuentros de postín. Pero no sólo ella. También las nuevas generaciones han vivido tan intensamente las últimas décadas colombianas, con su violencia de por medio, que han llegado a una manera de entender el arte en absoluto frívola e insustancial. Entre el barroco y la denuncia social. En una palabra: comprometidos. También tienen allí su feria de arte, ARTbo, que cumplirá este mismo año una década.

3. Español a la colombiana

No es una tontería este punto, a pesar de la aparente obviedad. En cualquier país iberoamericano, el castellano se parla de una manera distinta y a cual más distinta y enriquecedora. Colombia tiene en su haber que es el segundo país con más hablantes nativos después de México: el 99 por 100 de casi 50 millones de habitantes. Se manejan diez dialectos del español: paisa, bogotano, costeño, valluno, andino... Ahí les dejo con ratoneando peluche, aguantando cable y chiquifly.

4. Cartagena de Indias, capital de la lengua

Es esta la ciudad donde Gabriel García Márquez tenía casa, a cuyas puertas se agolpaban decenas de turistas para hacerse una foto con el no siempre simpático Premio Nobel. Sea por esta o por otras razones, la ciudad del Caribe, antaño uno de los puertos más importantes de América, acogió en el año 2007 el IV Congreso Internacional de la Lengua, para celebrar al ya citado autor y los cuarenta años de su obra cumbre, Cien años de soledad. Los fastos fueron de los que hacen época, con un Bill Clinton entrando por la puerta de atrás en plan sorpresa. Desde entonces, un famoso festival (de nombre Hay) que acoge esta ciudad, ha renovado sus bríos y sus votos con la literatura de los cinco continentes que se dan cita en este hermosísimo enclave arrebatado a la Historia por los turistas.

5. Medellín, un lugar llamado milagro

De esta ciudad del departamento de Antioquía es el artista colombiano más internacional, aunque no el mejor, Fernando Botero. Pero no por eso llega este enclave hasta estas páginas, sino porque, hace años, su entonces alcalde Sergio Fajardo puso la cultura sobre la mesa de negociaciones contra la violencia del narcotráfico, que corría sin mayores tapujos por sus calles y se llevaba por delante la juventud y otros divinos tesoros. El resultado, mejor imposible. Medellín dejó de ser una de las urbes más peligrosas del planeta gracias a utilizar la cultura como arma en legítima defensa y regeneradora. También puedo dar fe de que la actividad cultural allí puede llegar a extremos frenéticos.

6. Bolívar y la fundación de Colombia

Aunque Simón Bolívar nació en Venezuela –Caracas, para ser más exactos–, de su cabeza salió la idea de crear Colombia, una nación. Por eso llega hasta este mapa orillado. La literatura reciente cuenta alguna de estas hazañas. Por ejemplo, William Ospina. No obstante, la idea de nación y su desarollo no se vería completada si no acompañamos su nombre con el de Francisco de Miranda. Bolívar sigue siendo más venezolano que colombiano. Para mayor gloria de unos y otros, que se manifiestan como sus herederos legítimos. Los bolivarismos y bolivarianos varios campan a sus anchas por todas partes.

7. Violencia, seña de identidad

Colombia será barroca o no será, como tantas otras naciones del cono sur

Resulta evidente que a los colombianos no les gustará reconocerse en este punto, ni ser reconocidos en el mismo punto un año sí y otro, también. Las cosas han cambiado para bien, y mucho. No obstante, no he visto cuerpo policial más protegido de la cabeza a los pies con prótesis varias, cual robocops, como en Bogotá. Sería por algo: del narcotráfico a la guerrilla. En aquellos días, ni siquiera se había liberado a Ingrid Betancourt. Un antes y un después. Los hechos han sido tozudamante sangrientos por aquellas latitudes y por eso puede que no haya arte más influido (entre la poética y lo explícito) por los discursos de la violencia (sin contar el mexicano), como el de Colombia.

8. Barroco en las venas

Colombia será barroca o no será, como tantas otras naciones del cono sur americano. En el siglo XVI se consolida allí este estilo que deja catedrales, casas y conventos aún en pie. Pero no viene hasta aquí tan sólo como legado histórico; también como huella contemporánea, porque del barroquismo y sus derivaciones proceden muchas de las estéticas que se visualizan en las trabajos de los nuevos artistas que veremos estos días por ARCO y eventos aledaños. Más que realismo mágico, como en literatura, se podría hablar de realismo barroco.

9. Fútbol, épico y trágico

Un hincha le pegó un tiro en plena calle. Lo contó Ricardo Silva en «Autogol»

El deporte rey, sin duda, aquí y en la Conchinchina; pero en Colombia su Historia reciente va unida a otras muchas historias. Épicas, como cuando su selección llegó a ser la favorita del Mundial de EE.UU. en el año 1994 sin antes haber aspirado a nada como no fueran las tristes lágrimas de la consolación y la derrota continuada. Y trágicas, cuando el futbolista colombiano Andrés Escobar (nombre igualito al del capo de mafia, pero nada que ver) falló un penalti crucial en aquel mundial que les apartó de la gloria. En represalia, por venganza o frustración, un hincha le pegó un tiro en plena calle. La historia la contó Ricardo Silva Romero en su novela Autogol. También se rodó un reportaje-documental en cuyo metraje además se contaban las implicaciones del narcotráfico, sus jerifaltes, con el fútbol y otras muertes sangrientas en este deporte.

10. Shakira y más ritmos del pop

Aunque peque de frivolidad, lo siento, pero no se puede pespuntear el mapa de Colombia sin hablar de sus ídolos de masas. «Llenaestadios» como la de Barranquilla, Shakira, y el de Medellín, Juanes. También está el director de orquesta Andrés Orozco. ¿Y qué decir de los ritmos del vallenato, que espero se escuchen estos días en toda fiesta colomniana que se precie?