Pedro Alarcón, a la izquierda, junto al artista Ignacio Estudillo, artista de la colectiva «Wunderkammer»
Pedro Alarcón, a la izquierda, junto al artista Ignacio Estudillo, artista de la colectiva «Wunderkammer» - Paco vallejo
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P. Alarcón (Casa Sostoa): «Aquí funciona el trueque doble de la generosidad»

Casa Sostoa, en Málaga, es el domicilio particular de Pedro Alarcón, que el cede a los artistas para que lo intervengan. Desayunar, ducharse o dormir entre obras de arte. La vivienda convertida en punto de encuentro y centro de producción

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En cierta forma, Casa Sostoa se encuentra en el mismo punto que cuando abrió sus puertas en 2013: enfrentándose a Javi Calleja. El joven artista malagueño inunda ahora sus estancias en la propuesta Long Way Home (cuyo título es justamente un guiño a este retorno del que les estoy hablando). Él fue el primero al que su propietario, Pedro Alarcón, le confió el secreto de poner en marcha un proyecto así. Una reunión en la intimidad de su hogar en el que salieron a colación iniciativas como las open house o los open studio que se desarrollaban en otras ciudades, pero nunca en Málaga...

Tras el éxito con el arte, Casa Sostoa se plantea incluso el salto al microteatro

Eso dio que pensar a Alarcón: ¿por qué no abrir las puertas de su domicilio a los artistas, ofrecerles un espacio en el que visibilizar su trabajo? ¿Por qué no cederles el estudio para que desarrollaran allí un proyecto? «Con esa mentalidad se montó una colectiva –la titulada Hasta que la muerte nos separe–, que, para mí, era toda una declaración de intenciones», explica. María Bueno, Guillermo Martín Bermejo, Emmanuel Lafont, Felipe Ortega Regalado y David Escalona hacían los honores de lo que era el germen de Casa Sostoa por su lenguaje personal, por trabajar fuera de modas, no haberse visto mucho su trabajo en Málaga y por su interés por el dibujo: «Yo me casaba con ellos y ellos convertían un evento en un proyecto que pronto vi que podía ir a más».

Más de una vocación

Desde ese 2013, muchos han sido los artistas que han pasado por lo que no deja de ser el domicilio particular de Pedro Alarcón en Málaga (situado en el número 142 de la calle Héroe de Sostoa, de ahí su nombre), y que poco a poco se ha convertido en un espacio para disfrutar con el arte, punto de reunión y de intercambio de ideas. «Yo soy docente, pero no es mi única vocación. Siempre he tenido alma de galerista y de gestor cultural». Las propuestas que se han ido deslizando por este genuino espacio malagueño (que no cuenta con ningún tipo de apoyo institucional, aunque ya es parada obligada en su circuito) han sido para su artífice, «diferentes ejercicios de comisariado»: Con Miguel Gómez Losada y Joaquín Peña-Toro aprendió a organizar diálogos a dos voces; la de Antonio R. Montesinos fue la primera individual («una instalación dentro de otra instalación que era la casa, de manera que toda ella pivotaba en torno a la maqueta de una ciudad»); Wunderkammer supuso ceder cada una de las estancias a un artista emergente para que en conjunto produjeran algo específico para ese entorno...

Aquí no hay cartelas. Tampoco audio-guías. Se oye hablar de arte todo el rato

Hasta este momento, la selección de los autores ha sido una apuesta personal del dueño de la casa. «Reconozco que hay en ellos una línea: son artistas no tanto locales, como de proximidad, es decir, que aunque no vivan en mi ciudad me siento cercanos a ellos. Por otro lado, hay una vinculación generacional, e interés por su voz propia». La popularidad de Casa Sostoa hace que ahora muchos creadores se acerquen personalmente a la casa o manden sus dossieres. No hace mucho, Alarcón abrió una convocatoria para un nuevo proyecto dentro del proyecto: «Quiero que la habitación de invitados se convierta en un sitio experimental. De hecho, es posible que esto dé pie a la entrada de iniciativas comisariadas». Los dos autores que se estrenarán en estas lides serán Antonio Blázquez en mayo (que recreará su alcoba de cuando era adolescente) y Victoria Maldonado, ya en junio.

Venir a hablar de lo tuyo

En Casa Sotoa no hay cartelas. Uno se topa con las obras, como ahora las de Javi Calleja, escondidas por los rincones. Tampoco audio-guías. «Esto es así porque este es un espacio en el que se oye hablar de arte todo el rato». Un ámbito en el que, además se desarrollan actividades paralelas a las exposiciones, encuentros con los artistas, presentaciones de libros... («Tras la experiencia con Montesinos, me planteo incluso darle cabida al microteatro», cuenta Alarcón). De hecho, ese es uno de los requisitos que se le pide al artista: venir a hablar de su trabajo: «Yo no le ofrezco dinero. Pero a cambio le cedo mi casa, mi ayuda, mi apoyo en el montaje, difusión y visibilidad», explica su propietario. Aquí no hay presupuesto para seguros o transportes. El artista viene con las obras bajo el brazo. Funciona «el trueque doble de la generosidad». Tampoco es condición dejar obra en pago. A veces ha sucedido, pero se ha debido a esa misma generosidad de la que habla Alarcón.

Pocos saben que el director de Casa Sostoa fue uno de los responsable del proyecto editorial Lafresa.org junto a Sema D'Acosta, entre 2004 y 2008, y que en 2007 maquinó el proyecto Piel de Beatas, en el que se inventaba la historia y trayectoria de siete artistas internacionales ficticios que intervenían en la calle Beatas, en la capital andaluza. Alarcón ejercía ya de curator, de historiador del arte, de gestor... Ahora, con su nueva empresa sentimental renuncia a algunas cosas: «A mi intimidad, sobre todo –sonríe–. La primera muestra ocupó hasta mi cuarto. Luego me tuve que replantear cosas como esa. Aquí no hay horarios. Este es mi domicilio. Se tiene que venir con cita previa y viendo qué momento nos viene bien a ambas partes. Pero siempre he procurado ser un buen anfitrión, soy alguien a quien le gusta tener llena la casa. Lo aprendí de mi padre».

El coleccionista efímero

También renuncia a coleccionar. O tal vez, Alarcón es coleccionista de otra manera: «Soy un coleccionista efímero, que ve cómo las obras vienen y van. Pero yo tengo un pequeño conjunto, que es como el Guadiana y que reaparece en el verano, cuando acaba una temporada expositiva y hasta que empieza la siguiente. Entonces, me reencuentro con mis propias obras. Eso tiene su gracia y proporciona un placer especial».

Muy probablemente, Pedro Alarcón no es consciente de la que «ha liado» con Casa Sostoa. La crítica local tilda sus comisariados de «irreprochables»: «No se quedan en lo previsible y tiende lazos entre artistas que difícilmente se encontrarían aún compartiendo espacios vitales. Casa Sostoa se ha convertido en un hervidero por toda esa agenda paralela que conlleva», explica Juan Francisco Rueda. Precisamente este último, coincidiendo con la expo de Antonio R. Montesinos, participó en una de las mesas redondas paralelas: «Yo la moderaba. Trataba sobre la ciudad emergente, sobre la nueva Málaga que se está construyendo al margen de lo institucional y de la que participa este espacio».

En sus palabras, aquella cita desbordó el espacio de Casa Sostoa y generó hasta un documental cinematográfico: «Las inauguraciones son multitudinarias, superando en número a las de algunas instituciones», confirma. Según el crítico, Casa Sostoa supone un paso más en la intercentralidad de la capital andaluza. Málaga, que es una ciudad grande (700.000 habitantes y un área metropolitana de 1.100.000), no contaba con un espacio cultural en su distrito Este, «pese a ser uno de los barrios más densamente poblados de Europa, fruto del desarrollismo de los sesenta»: «Que la gente coja el metro o el bus y vaya a la populosa Carretera de Cádiz a ver arte me parece increíble», sentencia el crítico.

¿Pero quién es esa gente que coge el bus o el metro para desplazarse tan lejos? Un público muy fiel. También muy joven: «Se nota que aquí hay ya una facultad de Bellas Artes. Ellos vienen sobre todo a las actividades, les interesa el contacto directo con el creador». También ha conseguido atraerse a los artistas («para ellos este es un punto de encuentro»), pero Alarcón reconoce que le encanta el público anónimo, el que conforman personas que no conoce y que se dejan atrapar por esta tentación que él les propone: «Aquí funciona muy bien el boca a boca. Y ves cómo hay gente que llega sola, que la siguiente vez se trae a su familia, a sus amigos...». ¿Tiene fecha de caducidad el proyecto?: «Cuando puse en marcha Casa Sostoa siempre lo vi como algo efímero, como una aventura. Hoy por hoy es el proyecto más interesante que tengo entre manos, tal vez el proyecto de mi vida. Sin embargo, no he cerrado la segunda temporada expositiva y ya se me están ocurriendo cuestiones para la tercera. Quedan cosas todavía por hacer aquí». Arturo Comas, Alejandro Martín Parra o Joan Lara, los artistas que están por llegar, se lo agradecerán. Y con ellos, todos nosotros. En Casa Sostoa, como en casa.